Piedras y nación

Por Javier ARISTU

En estos días de vacaciones y reencuentros familiares tiene uno todavía tiempo de hacer algo más que comer, beber (poco), charlar de viejas historias familiares y disfrutar del tiempo con las personas que a uno más le interesan. En ese tiempo extra de ocio me estoy dedicando a volver a repasar episodios de la serie televisiva los Sopranos, para mi gusto una obra de arte. Creo que sus episodios constituyen una antología de obras maestras, una detrás de otra, del cine y de la psicología humana. La temporada cuarta me tiene atrapado de nuevo: las ilusiones amorosas de Carmela con Furio, el juicio del tío Junior, las nostalgias y recuerdos de las amantes de Tony, la adolescencia y relaciones familiares de Tony Jr, el hijo, las intervenciones de Ralphie, ese histriónico gánster, uno de los grandes “malos” de la serie, y la inevitable caída en la dependencia heroinómana de Christopher Moltisanti. Todo en la serie funciona según un código humano muy peculiar y censurable pero que, si nos fijamos en el conjunto, se acompasa bastante bien con gran parte de nuestro mundo de sentimientos y acciones humanas.

Christopher es el título del capítulo tercero de esta cuarta temporada. En esta pieza narrativa se cuenta las vicisitudes en torno a la celebración el 12 de octubre del Columbus Day, el día de Cristóbal Colón en Nueva York o lo que en nuestra cultura histórica y folclórica es nuestro Descubrimiento de América. Los cortesanos gánsteres de Tony Soprano están cabreados porque la comunidad indígena americana, los descendientes de los primitivos pobladores del continentes  —los indios, para entendernos — andan molestos con esa celebración intentando boicotearla, dado que la misma es para ellos símbolo de la conquista violenta del territorio y el genocidio de aquellas genuinas  comunidades. Ralphie, uno de los mafiosos, llega a entrevistarse con el líder indígena para proponerle que no boicotee su manifestación por las calles de NY… si no quiere verse sometido a tensiones y dificultades en su vida personal. Mafia style. Lo mejor, de todos modos, es el diálogo entre estos mafiosos con orígenes calabreses, napolitanos, sicilianos  donde a la par que se sienten herederos de Colón en esa América de New Jersey manifiestan también cierta contradicción a partir del origen  norteño de Colón (genovés) y las incomprensiones que el norte siempre ha tenido con el sur en la península italiana. La carcajada no puede dejar de saltar: los hijos de la tercera o cuarta generación de italoamericanos en Nueva York, sin conocer ya la lengua de Dante salvo cuando brindan con una copa de grappa (¡Salute, Tony!) o piden unos zitti al pomodoro, hablan de orígenes e identidades en una de las comunidades más multiétnicas y diversas del mundo como es la neoyorkina. La contradicción de un grupo hermético y compacto, como el que puede ser una mafia, sintiéndose heredero de Cristóbal Colón, un navegante y aventurero al que el sentimiento de pertenencia a la comunidad de Génova en el siglo XV sería como se puede sentir Cristiano Rolando en de un club de fútbol de ahora.

2013-12-28 17.30.30 (1)Entre capítulo y capítulo de los Soprano encuentro hueco en esta semana navideña para visitar el renovado Mercat del Born en Barcelona, llamado hoy en este siglo de siglas BCC (Born Centre Cultural). El edificio es una pieza extraordinaria de arquitectura industrial urbana, la arquitectura del hierro que ha dado sentido a tantas y tantas ciudades europeas.  Tras la demolición de la ciudadela y de las instalaciones militares, acogió desde 1876 las actividades del mercado de verdura y carnes de Barcelona hasta el traslado en 1971 de estas actividades al Mercabarna. El diseño de esta conjunto de hierro se debe a Josep Fontserè i Mestre. Desde principios de los años setenta del pasado siglo ha sido un continente sin contenido, un espacio vacío en medio de uno de los más característicos y populares barrios de Barcelona, hoy precisamente reconvertido en zoco de comercio para el turista europeo y americano de clase media que da sustento a esta Barcelona de principios de siglo. Se quiso reconvertir en espacio de biblioteca para uso del barrio y de la ciudad pero el descubrimiento de unas ruinas transformó radicalmente el proyecto original y lo reorientó hacia el fastuoso aniversario de 2014, el tercer centenario de la derrota de 1714. Las ruinas de la antigua Barcelona, los restos originales de una Cataluña profunda, más allá de 1714, fueron la oportunidad para reconvertir una obra de remodelación arquitectónica y urbana en un instrumento de pedagogía cívica al servicio de la causa nacionalista o independentista.

Lo primero que te llama la atención ya antes de entrar es la presencia delante de la fachada principal de un inmenso mástil con una gran senyera, la bandera de Cataluña. Ya somos todos iguales, el Madrid pepero tiene su mástil y enseña en la plaza de los Descubrimientos, junto a la Biblioteca nacional, y la Barcelona convergente y nacionalista tiene su mástil y senyera enfrente del Mediterráneo. ¡Quién dijo menos! Luego, al entrar en su interior, captas el gran vano que dio cobertura a toda la actividad comercial y urbana que tuvo que desarrollarse en aquellas naves no hace mucho tiempo. Con un poco de ejercicio mental oirás los gritos de los botiguers reclamando sus productos, los carniceros ofreciendo los suyos, los mozos transportando las cestas de verduras… toda una multitud urbana desplegando la actividad que ha dado sentido a la ciudad, a cualquier ciudad desde tiempos inmemoriales. El mercado y la ciudad, todo un prodigio humano.

Hoy se nos exponen las ruinas de la ciudad del siglo XVII y XVIII. Más de 8.000m2 destinados a mostrar las huellas arqueológicas de aquella ciudad que ya era decisiva en su territorio y que lo iba ser mucho más décadas después, con la revolución industrial. A la vez, se ofrecen en el interior de sus naves diversas exposiciones sobre la historia de Cataluña, especialmente la del asedio de la ciudad que culmina en 1714 con la derrota de los partidarios de los Habsburgo. Un título significativo: De les pedres a les persones, de las piedras a las personas. La identidad ciudadana a través de la arqueología; nada que ver con la industria, el comercio, el trabajo, las actividades que ha dado auténtico sentido a las ciudades y a las sociedades, nacionales o no. Piedras y personas, identidades de un proyecto independentista en construcción y que no desmerece de otros territorios a la hora de gastar el dinero público (las obras y acondicionamiento del Born han alcanzado los 80 millones euros). Permitidme que os recomiende un artículo que Jordi Llovet publicó en El Pais de Cataluña sobre lo que significaba la rehabilitación del Born como Biblioteca Provincial y lo que simboliza su nuevo uso como museo del independentismo y de las “historias nacionales”.

Las identidades herméticas en un mundo complejo, diverso y múltiple son una quimera, un  imposible. Es curioso ver cómo Silvio Dante, el principal consejero de Tony Soprano, está obsesionado con que Cristóbal (Cristoforo) Colón (Colombo) dio sentido e identidad a la comunidad italoamericana, aunque en aquel tiempo ni existía Nueva York ni existía Italia como estado nacional. Por no existir no existía la mafia aunque sí el robo y el crimen. Lo mismo de curioso que ver a un independentista catalán  agarrarse a las piedras para solidificar un relato imaginativo.

(Escrito en Barcelona, ciudad y gente a la que aprecio y en la que he pasado momentos de inmenso placer)

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