La izquierda en Andalucía

Foto  por Landahlauts
Foto por Landahlauts
Por Javier ARISTU

Amigos y compañeros con los que compartí historias de partido y de política me han invitado a participar el día 4 de diciembre en una jornada de debate y reflexión con este título: ¿Es posible la confluencia política y orgánica de la izquierda andaluza? Desde la movilización y la renovación ¿podemos conseguir la unidad de la izquierda transformadora andaluza? Como me instruyeron  en la buena educación de decir que sí a los amigos y, además, como creo que ese debate, ya con muchos años, es imprescindible, les contesté que contaran conmigo. La noticia, sin embargo, de volver a ser abuelete  de una preciosa niña (tercer ejemplar de la estirpe) me impidió estar corpore presente en el acto. Así que envié estas líneas que, sin modificar ni enmendar, las publico a continuación para general conocimiento y contestación.

Queridos amigos y amigas:

Por razones familiares me es imposible estar presente en este acto pero no quiero dejarlo pasar, ya que he sido invitado al mismo, sin deciros por escrito lo que modestamente pienso acerca de ese proyecto de reunificar y agrupar a los exponentes y sectores de la izquierda, que es la razón por la que os habéis reunido en esta sala. Aunque hace ya bastantes años que dejé la actividad política y partidaria, los acontecimientos y los extraordinarios procesos sociales, económicos y geopolíticos que están sucediéndose delante de nosotros creo que nos obligan a todos a reflexionar y actuar.

El otro día, en una tertulia de amigos, cuando discutíamos sobre la actualidad política y lo que estaba ocurriendo en Andalucía —ya sabéis, lo de Susana Díaz y todo eso— alguien nos dijo que no podíamos tener “mentalidad de ex combatiente”. Aquello nos cabreó a algunos porque no por criticar o discrepar de alguien que es joven —aunque esa joven lleve más de tres cuartos de su vida moviéndose como pez en el agua en comités y asambleas de partido— tiene por qué provenir de la típica actitud del vejete que pone verde todo lo nuevo y reciente.

Sin embargo, es verdad que seguramente hace falta ya en la izquierda una nueva generación que tome las riendas del proceso. Muchos de nosotros tenemos ya un extenso tiempo para trabajar la memoria y uno más corto para proyectar el futuro. Me parece, por tanto, importante abandonar cualquier mentalidad de ex combatiente y dejar que los jóvenes sean los que protagonicen este nuevo momento político. Creo que sí, que hace falta que sea la generación nueva la que protagonice el nuevo tiempo. Y nosotros, los ancianos del lugar, a ayudar, a colaborar, a participar con nuestra opinión, nuestra experiencia y nuestra memoria.

Pienso que para hablar de ese objetivo —reunificar fuerzas para este nuevo tiempo— es imprescindible saber qué está pasando en este cambio de época como asimismo es importante afrontar con cierto descaro nuevos derroteros.

No corren buenos tiempos para las ideas de izquierda.

Lo primero de todo: se trata de no engañarnos ni dejarnos engañar por discursos voluntaristas. La situación actual de las ideas de la izquierda en Europa, y en el mundo, es francamente muy mala. Se nos han venido abajo paradigmas que dieron sentido a la vida de millones de personas. El edificio que algunos pensaban eterno del modelo socialdemócrata y su instrumento de estado del bienestar se viene derrumbando debido a las acciones del neoliberalismo dominante pero también por las propias actuaciones de la socialdemocracia cuando gobernaba y también por las  resistencias a cambiar, a adaptarse a nuevos procesos tecnológicos y culturales por parte de lo que podemos llamar “la sociedad de izquierda”. Las dos grandes referencias que dieron sentido a las luchas y combates sociales del siglo XX están en este momento o derrotadas o en retirada. Por tanto, partamos de este ejercicio de pesimismo voluntario a fin de encontrar las raíces del fracaso y las posibilidades de salida.

A la vez hay que manifestar que en diversas partes del mundo las cosas van mejor que antes. En América latina la democracia avanza y se consolida. La democracia en Europa, a pesar de los recortes y ataques que sufre desde poderes transnacionales, mantiene su opción como el mejor sistema para el bienestar y calidad de vida de la gente.  Las instituciones europeas, a pesar de todo lo que podamos criticarles, han logrado levantar un edificio institucional y político llamado Europa que en buena medida ha sido capaz de dejar atrás los enfrentamientos y las guerras nacionales. Es verdad que hay intentos de regresiones ultranacionalistas, xenófobas, autoritarias… y que el andamiaje democrático europeo, construido desde la postguerra del 45, no mantiene en estos momentos aquellas expectativas populares de años pasados. La dirección del proceso europeo la llevan las ideas neoliberales en lo económico y conservadoras en lo político e institucional. Es preciso reorientar el proceso y dotarlo de contenidos progresistas y democratizadores.

Y en Andalucía ya sabéis cómo están las cosas. Existe un gobierno de coalición de las dos izquierdas realmente existentes. Pudo ser por poco uno de mayoría absoluta del PP pero parece que la gente se dio cuenta de lo que hubiera significado un hegemonismo absoluto del PP en toda España, de ahí que ofreciera a la izquierda, esta vez a toda la izquierda, una nueva oportunidad. ¿Quiere decir que la existencia de este gobierno de izquierda responde a una realidad de progreso? Creo que no, y no por la voluntad de sus protagonistas sino porque la situación social y económica de Andalucía no ofrece otra cosa que depresión, recesión y falta de expectativas. A la crisis general de la economía española se suma la nuestra aumentada por el colapso de aquel modelo que desde 1982 se ha ido gestionando en nuestra comunidad. Este modelo se ha basado en un protagonismo excesivo de lo institucional —que no tiene por qué ser de predominio de lo público— que se ha dedicado a favorecer procesos de acumulación de capital no rentables a la sociedad andaluza en su conjunto, procesos extractivos de sus recursos naturales desviando las plusvalías hacia otros derroteros e intereses, procesos que han beneficiado al capitalismo andaluz de toda la vida. En estos treinta años se ha producido, en mi opinión una inflación de los instrumentos institucionales dependientes de la Junta pero sin un desarrollo de las instituciones sociales y económicas que son las que de verdad podrán cambiar el modelo andaluz de desarrollo desequilibrado. Y en estos últimos años estamos pagando, a través de los diversos asuntos hoy en sede judicial y a través de la crisis de expectativas,  la quiebra de ese modelo. Es preciso salir con un nuevo modelo más democrático, más social, más dependiente de la iniciativa de la gente y menos del representante público, más dinámico y menos clientelar.

Una izquierda de geometría variable

La llamada a esta reunión nos plantea si es posible la confluencia política y orgánica de la izquierda andaluza. Os dejo mi opinión clara desde el principio: es necesaria la primera —la confluencia política—; no es conveniente la segunda —la confluencia orgánica. No creo que la reconstrucción de un proyecto y la configuración de un nuevo instrumento organizador (o sujeto político)  de izquierda tenga que repetir los ejemplos y moldes del pasado.

Ni casa común ni proliferación de chiringuitos ideológicos independientes unos de los otros.

Recogiendo el acervo y la terminología europeísta  creo que la izquierda tiene  que levantar un proyecto y una organización de “geometría variable”, donde existiría un “núcleo duro” (los partidos políticos socialistas,  los de la izquierda unitaria y aquellos otros que haya o puedan surgir, por ejemplo) Junto a ellos, otras organizaciones que irían “a distintas velocidades” (pienso en sindicatos y organizaciones sociales sectoriales) y, además, otras instituciones y organizaciones que se sienten de izquierda “a la carta”, es decir, que colaboran y participan en el proyecto sin tener que estar comprometidos al mismo nivel político (pienso, por ejemplo, en otras entidades de asociacionismo más difuso, focos de actividad cultural, centros de pensamiento y análisis, etc.) Todo eso constituiría lo que podemos llamar “una constelación de las izquierdas” cuya energía cristaliza en un día electoral concreto, votando diversas  candidaturas de izquierda, pero que el resto del tiempo sigue actuando y desarrollando su trabajo de organización, educación y reivindicación social.

Ya no son posibles los partidos de masas del pasado, que eran a su vez escuela formativa, preparación de gobierno y plataforma social reivindicativa.. Los partidos de izquierda en esta fase ya no tienen casi militancia activa más allá de sus cargos institucionales y orgánicos. Sólo hay que fijarse en las cifras de afiliación y militancia que nos dan —cuando las dan— las organizaciones de la izquierda española. Los niveles de afiliación han descendido a cotas muy bajas, lo cual no quita para que llegada la campaña electoral sean capaces de movilizar a un sector más o menos importante de votantes.

Pero la política en su amplio sentido ya no es sólo cosa de los partidos ni de un voto delegado. Son importantes ambos pero no son exclusivos. La gente más consciente no acepta que su papel como ciudadano sea sólo depositar su voto cada cuatro años. Otras modalidades de actividad política y social están surgiendo y cada vez serán más dinámicas.

El problema de la unidad de la izquierda, por tanto, no pasa ya por la exclusividad ni del PSOE (o la socialdemocracia) ni de IU (u otras variantes similares). No creo que ni uno vuelva a ser lo que fue (ni en Andalucía, sospecho) ni pienso que IU vaya a efectuar el sorpasso. Ambos deben asumir que su existencia o protagonismo, si queremos que gane el conjunto del pueblo de izquierda, es tomar conciencia de que forman parte de un proyecto social unitario más amplio, donde los protagonismos y las mediaciones políticas serán a partir de ahora más complejas y difusas, más líquidas y fluctuantes. Ellos continuarán con su personalidad y su identidad… pero su clásica mediación no será a partir de ahora ni exclusiva ni total.

Foto Odysseas Gp
Foto Odysseas Gp

De la identidad a la pluralidad

Muchos de los aquí presentes elaboramos nuestra “experiencia política” a partir de una “identidad” determinada, identidad que, además, nos diferenciaba del otro. Cada uno de los presentes nos hemos reclamado bien de la socialdemocracia, del socialismo democrático, bien del comunismo, o de la izquierda verde, o de la izquierda nacionalista… nuestras identidades estaban formadas por “nuestra manera de ver el mundo”, y eso se traducía luego en nuestras banderas, nuestros emblemas, nuestros himnos. ¡Hasta el canto de la Internacional tenía letras distintas según la cantase un socialista o un comunista!

Creo que esto de las identidades, que no son ni más ni menos que expresiones de territorios cerrados al otro, herméticos a las influencias del exterior, debe acabar. La izquierda haría muy bien si recogiera la lección que nos están dando los millones de emigrantes que traspasan el mundo, en el Pacífico, en el desierto mejicano,  en Lampedusa, aquí mismo en Ceuta o Melilla. Estas personas no temen dejar casa, familia o territorio ancestral por encontrar una mejor condición de vida. Los vemos por las calles y barrios de toda Europa, dispersos y a la vez agrupados entre ellos, intentando integrarse en nuestra sociedad, sobreviviendo en el peor de los casos junto a nuestras casas. Lo único que no abandonan es su lengua, que es su verdadera naturaleza.  La izquierda debe dejar de tener miedo a perder su casa, su bandera, su territorio, y debe arriesgarse a emigrar, a entrar en terrenos extraños, a “colonizar” nuevos barrios, nuevas sociedades,  y no tener miedo a casi nada. Su lengua, la que conjuga el verbo emancipar, la que usa los términos  libertad, solidaridad y democracia, es su mejor instrumento de comunicación. La izquierda debe ser como el joven que dejas la casa paterna para encontrar su futuro por sí mismo. Nunca va a olvidar la memoria de sus padres pero a lo mejor sabe que su supervivencia depende de esa emigración. Es duro tener que dejar la tierra conocida y por eso entiendo y comprendo que para bastantes de los militantes de la actual izquierda lo mejor sea permanecer en las ideas seguras de los mayores. Lo entiendo pero no estoy seguro de que sea la vía de salida de esta crisis.

Un nuevo contrato social

Al superar nuestras históricas identidades estamos superando también las fronteras nacionales. Tenemos que frenar la deriva neoliberal que está haciendo de Europa una fortaleza de los ricos, una frustración para los trabajadores  y un templo de los autoritarismos sociales,  pero lo debemos conseguir haciendo una Europa cada vez más integrada. No podemos volver a las naciones, creyendo que son los  refugios ante una economía descontrolada. A pesar de todo lo que venimos criticando —y con razón— al actual sistema de gobierno europeo os digo que la izquierda española o es europeísta o no será. Tenemos que reforzar los lazos entre todos los partidos, sindicatos y movimientos sociales europeos. Para ello, las elecciones del año próximo son muy importantes. Para frenar al neoliberalismo y conservadurismo social; para parar la xenofobia y a los partidos que la representan; para coordinar más y mejor a los exponentes de izquierda.

La izquierda política debe ofrecer un nuevo programa renovado, debe actualizar las viejas proclamas y debe poner al día los contenidos del modelo de bienestar.  Entre paréntesis: éste fue un modelo basado en un estado democrático y de pacto social así como en un desarrollo industrial determinado tras las 2ª guerra. Hay que ver si en el actual estadio de desarrollo tecnológico y económico es posible ese modelo concreto de estado de bienestar. Bienestar social, por supuesto; pero serán necesarios cambios en los sistemas de intervención estatal, y cuanto antes la izquierda halle una respuesta más armas tendrá contra el neoliberalismo rampante.

Para ello es necesario un nuevo contrato social europeo y la izquierda social y política es la que debe coger esta reivindicación y hacerla posible. Como botón de muestra, recojo algunas de las anotaciones que cita el sociólogo Ulrich Beck como decisivas para este nuevo contrato social europeo:

Dicho contrato significa desarrollar la libertad en Europa frente al autoritarismo y los modelos de represión de derechos y libertades.

Significa ampliar y desarrollar la seguridad social de los europeos. Contra el desempleo, el recorte de derechos sociales, de pensiones y salarios, de marginación sanitaria y social. Frente al capitalismo de riesgo hay que reconstruir la sociedad de las solidaridades.

Significa profundizar y ampliar el marco de las instituciones democráticas europeas y del estado social de derecho. Significa dotar de más política a las instituciones reduciendo la influencia tecnocrática que está arruinando el proceso. Más poderes al Parlamento europeo, por la elección democrática universal del presidente de la UE que podría coincidir en un futuro con el de la Comisión. Desarrollo de formas democráticas de participación y referéndum. Ruptura del aislamiento de los poderes institucionales y mayor participación social.

En definitiva, podemos decir que ese nuevo programa de reconstrucción de Europa necesita una alianza ampliada de partidos progresistas, sindicatos, organizaciones  sociales y ciudadanas capaz de coincidir con “la generación sin empleo” (de millones de jóvenes europeos), con los marginados y afectados por el actual proceso y, asimismo, con ese cada vez mayor  sector de técnicos, profesionales y expertos europeos, del sector público y del privado (lo que Gramsci denominaría “intelectuales orgánicos” del actual proyecto europeo) que son los que cada día “hacen Europa” con normas y con acciones en la economía y en la sociedad. Necesitamos conquistarlos para el proyecto de defender la Europa de las libertades y la cohesión social.

¿Y en Andalucía? Me cuesta también ser  optimista para reconocer que se estén abriendo vías para la renovación social, la creación de nuevas formas de intervención en la economía, la resituación de lo institucional-público en una sociedad andaluza más dinámica y menos clientelar… pero hay que decirlo diariamente al gobierno actual: sólo dotando de más protagonismo a los sectores dinámicos y progresivos se podrá salir del bache. Hay que recomponer una nueva alianza social andaluza que rompa la hegemonía de los grandes poderes y recomponga nuevas mediaciones. Tengo mis dudas de que el PSOE de Susana Díaz quiera ir por ahí; pero también las tengo acerca de que IU quiera dejar de ser un pepitogrillo de los más menesterosos para comenzar a ser un exponente de una nueva mayoría social.

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p style=”text-align:justify;”>Como veis, no ando muy optimista. No son tiempos para el optimismo intelectual pero sí creo que lo es para desplegar la voluntad de cambio. Por eso creo que deben ser bien venidas estas iniciativas que pretenden unir, agrupar, potenciar fuerzas, sin sectarismos ni hegemonismos.

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