Una pensión

Margin_Call-193045991-largePor Javier ARISTU

A mis amigos y conocidos (ya jubilados) del comité de empresa de Fasa-Renault Sevilla

El modelo de capitalismo que funciona actualmente tiene poco que ver con el que estudiaron los autores clásicos. Siguen teniendo validez sus fines —la ganancia sin límites, como la llamada de la selva para los leones— pero su morfología y su manera de actuar han cambiado de manera extraordinaria. Aunque haya todavía “grandes capitalistas” con nombres y apellidos el sistema se viene desarrollando a través de dos mecanismos: por un lado, el anonimato de los accionistas, en gran medida sociedades diversificadas y oscuras que funcionan a través de las redes informáticas y otros mecanismos muy complejos; por el otro, la importancia cada vez mayor de los “gerentes a sueldo” que son los que llevan el día a día de las inversiones, se responsabilizan de la gestión empresarial y, por ello, toman parte de los grandes beneficios o, cuando ello ocurre, no se responsabilizan de las pérdidas. En la película “Margin call” se visualiza perfectamente esta nueva especie depredadora. Cuando el fracaso ocurre, son despedidos de la mejor manera, se embolsan una buena cantidad en indemnizaciones y se marchan a otro grupo empresarial a ganar más dinero. Se ha perdido lo que leíamos en aquellos manuales de hace un siglo o menos, la implicación entre proyecto empresarial y vida personal de su patrón. El apellido y la saga familiar han dado nombre a aquellas grandes iniciativas empresariales que marcaron la economía americana o europea: Rockefeller, Carnegie, Ford, Krupp, Rotschild, Thyssen, Agnelli, Dassault, etc eran los dueños casi totales del tinglado. Había otros accionistas pero ellos eran los decisivos y por eso su nombre estaba en el frontispicio de la entrada de la fábrica. Aquí, en España, sólo podemos hablar en estos años de Amancio Ortega (Zara) o de Emilio Botín (Santander) como principales exponentes de este modelo de propiedad empresarial.  En esta etapa del desarrollo del capitalismo éste ha dejado de tener apellidos para identificarse a través del anonimato del inversionista que hoy pone su dinero aquí y mañana en otro lado. Y para que esto ocurra, que ganen mucho dinero los grandes accionistas, necesitan al “nuevo intelectual orgánico del capitalismo”, el consejero-delegado, el presidente, el director general que, teóricamente a sueldo, desarrolla sus conocimientos a fin de generar cada vez más beneficios para su patrón… y para él.

Ayer aparecía la asombrosa noticia de que el saliente PDG, o consejero-delegado en nuestro argot castellano, del grupo automovilístico francés PSA va a renunciar a la cantidad de 21 millones de euros que era la jubilación complementaria que había pactado con su Consejo de accionistas. El señor Philippe Varin manifiesta que “teniendo en cuenta la polémica, la emotividad existente en Francia, país que hoy día necesita unirse y no dividirse, teniendo en cuenta también el inmenso respeto que tengo por el grupo de colaboradores y las consecuencias que para ellos tienen las decisiones difíciles pero necesarias que me he visto obligado a adoptar, he decidido renunciar a mis derechos de jubilación”. No nos dice si le queda o no la pensión media del estado francés cifrada en torno a 1.200€/mensual.

Aclaremos que el acuerdo firmado entre el consejo y su PDG aceptaba que desde su jubilación, a los 61 años, el señor Varin cobraría 300.000 euros anuales, tras impuestos, durante 25 años. Hay que decir también que el grupo industrial PSA (Peugeot-Citroen) sufrió en 2012 pérdidas de  5.010 millones de euros, muy lejos de los 588 millones de beneficio logrados en 2011. El salario anual del señor Varin estaba estipulado en 1.302.172 euros.

La renuncia a esos milloncitos por parte de Philippe Varin ha sido alabada por el presidente Hollande (“sabia decisión” ha dicho) y por la patronal francesa (“valerosa y responsable” son los adjetivos que le dedica). Los sindicatos de la empresa, como se puede uno imaginar, se asombran de que en una empresa sometida a duros ajustes y recortes, su máximo órgano de control hubiera firmado tamaña indemnización con el principal gerente. Sin llegar a esas cifras hay además más de media docena de directivos con salarios anuales superiores a 100.000 euros más la docena de “vigilantes de su consejo” que reciben salarios superiores a 50.000 euros/año. Es decir que un bloque de no más de 20 personas se beneficia de una enorme cantidad de dinero a través de diversos conceptos y opciones.

Así están las cosas en el mundo de las grandes empresas. Una pequeña tropa de directivos y mercenarios gerenciales va girando de una firma a otra. Cuando sale de una se lleva sus buenas indemnizaciones, haya pérdidas o ganancias en la empresa, y a esperar que le llamen de otra empresa “en crisis” que este directivo irá a salvar.

En España no tenemos todavía un Philippe Varin. No sabemos si alguno de los grandes directivos de los bancos quebrados ha renunciado a su indemnización. Me temo que no, si nos fijamos en las noticias relacionadas con CaixaBank, Banco de Valencia y otras entidades afectadas por la crisis financiera. No sabemos si alguno de estos príncipes de las finanzas en algún momento de su existencia ha pensado en no recibir esa cantidad expropiada a los demás. No estamos acostumbrados a este tipo de gestos en nuestro país pero si alguno de ellos lo hiciera creo que la gente hasta lo comprendería.