Aves rapaces

Foto por levilo - Leandre
Foto por levilo – Leandre

Por Pablo del BARCO

Pajarillo inofensivos nos quieren a todos los que no estamos en su nido. Con la nueva ley que nos amenaza de “agacha la cabeza o te la agacho de un porrazo” vamos camino de ser una sociedad sin quiebra ni desorden. Porque ¿para que sirven las huelgas? ¿Para ensuciar las calles y aturdir con los gritos de los manifestantes? ¿Para qué protestar por una educación digna si después nos tenemos que comer los títulos con papas y alejarnos del embrutecido suelo patrio? ¿Para qué una sanidad pública, deficitaria, que no permite que unos cuantos se enriquezcan para certificar de muerte un país catastrófico? ¿Para qué preocuparse de los viejos, que ya hicieron su vida y sufrieron bastante desde nuestro señor victorioso general Franco? ¿Para qué van a sufrir más los jubilados comprando medicinas y dando la coña cuando el país necesita gente joven desocupada y sin futuro de los que echar mano en tiempo de elecciones con contratos basura que den buenas cifras de descenso del paro? ¿Para qué una justicia justa, igual para todos en palabra de rey, que no permitiría que unos desvergonzados sin ética tengan ricas propiedades para que las admire el mundo pregonando la riqueza de los españoles? ¿Para qué unos políticos que digan la verdad, pues siempre se ha dicho que la verdad ofende? ¿Para qué una vida pública transparente si transparente es la vida pública de las mujeres públicas y quieren los políticos llamados (por ellos mismos) decentes erradicarlas, quizás para no tener una fuerte competencia en sus actos sociales? ¿Para qué implicar a infantas, maridos de infantas y otros subgéneros, en imputaciones legales, que pondría en un brete a ciertos fiscales y jueces, desestabilizando el aparato de la justicia, que tiene un camino marcado y bien marcado, atado y bien atado, con un ministro que desestabiliza para luego estabilizarnos con sus apremiantes disposiciones de carácter protohistórico, que monta el corcel de la “vendetta” permanente? ¿Para qué molestar a la realeza, que tan bien luce en actos oficiales, tan guapa ella, y prestigia un país que quieren que sea de palurdos súbditos ignorantes para que la familia real destaque entre tanta basurilla? ¿Por qué quitar la asignatura de religión de las escuelas cuando es esta tan efectiva con su máximo decreto de creer lo que no vemos, para que no se dañen nuestros espíritus con dudas y oscuridades del comportamiento de nuestros mayores en los gobiernos oficial e inútilmente aconfesionales? ¿Por qué atacar a los bancos, que son los depositarios de nuestros presuntos ahorros, que tan bien cuidan y hacen producir en “beneficio propio”? ¿Para qué actuar contra los impunes pues si todos fueran defenestrados de tal categoría no habría sitio en las calles para andar con la tranquilidad de creer en nuestros políticos? ¿Para qué criticar a don Mariano el Incumplidor si llegarán las elecciones y será votado por una masa que no olvida tiempos pasados ni pasados privilegios, haciéndose cómplices de las engañosas promesas del señor Registrador, que si registra lo mismo que miente pronto tendremos un monumental caos geográfico de lindes confusos, propiedades duplicadas o desaparecidas? ¿Para qué penar por los imputados si algunos gobiernos los defienden y hacen una piña para que sean des-imputados por aquello de la barba del vecino y los afeites, no siendo que la navaja se les ponga al cuello? ¿Para qué dolerse de la formación universitaria en el país si luego el señor WÉRTigo nos va a dejar pelados de becas, y va a crear si no lo hiciera un país con juventud pensante, formada, a la que crearía la responsabilidad de irse del país quiera o no quiera? ¿Por qué no admitir que somos pajarillos engañados e indefensos a tiro de pico de rapaces disfrazadas de maliciosas lagarteranas del lujo en beneficio propio, radiantes de mentiras que triunfan, con orejeras de oro, que nunca pisan el pobre cielo de los pobres mortales? ¿Para qué enfadarse con la ppolitizada Agencia Tributaria, hoy un loquerío de dimisiones y suspensiones –más de 300 en 18 meses- si al final seguiremos pagando los pobres en aras de los ricos y los ricos salvando sus riquezas allende nuestras fronteras?

¿Para qué tanta mentira eufórica si cada día el pueblo es más pobre, el rico más rico, los bancos más usureros, la justicia más discutible y cara, las promesas un chiste cada vez de peor gusto, la cultura enterrada como víctima de la guerra civil, los mayores con andadores oxidados y la sanidad más insana? Y, en definitiva, ¿dónde encontrará el gobierno y a qué precio jaulas de alambre para que tantos pajarillos que somos quedemos a merced de las rapaces?

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