Política e inteligencia

8540903657_56f862d8a8_hPor Javier ARISTU

El pasado fin de semana se ha celebrado el XIX Congreso del PCE. Pocos medios han publicado el evento y poca gente sabe lo que ha discutido el colectivo comunista. Y parece que debe importarnos cuando ese partido sigue siendo clave para la existencia de IU, formación política que puede ser la aspiradora de cierto voto de descontento socialista y de otras sensibilidades. No es que sea una fuerza decisiva, el PCE, para el futuro de este país, pero es evidente que forma parte y da fuerza a la alternativa electoral que, entre otras cosas, gobierna en Andalucía en coalición con el PSOE. Que casi nadie se haya enterado de este congreso nos indica cómo están las cosas, en el PCE y en la sociedad española.

Este próximo fin de semana se va a celebrar el congreso regional extraordinario del PSOE de Andalucía. Dicho acto culmina, de momento,  el proceso por el cual se renueva la dirección política de ese partido y del propio gobierno regional de la Junta de Andalucía. Recordemos que todo comenzó en julio de este año, hace cuatro meses, cuando José Griñán anunció su dimisión de sus cargos, primero en el gobierno —presidente de la Junta— y luego en el partido —secretario general. El primer acto se resolvió en dos semanas, con la celebración de unas primarias peculiares, donde Susana Díaz hizo el copo llevándose la inmensa mayoría de las preferencias de los militantes de cara a la candidatura a la Presidencia de la Junta, frente al ex consejero de Agricultura Luis Planas. Hoy la tenemos investida como Presidenta de la Junta de Andalucía, el domingo la veremos pronunciar el discurso como nueva secretaría general del PSOE-A y mañana… dios dirá.

En un proceso de seis meses hemos asistido al nacimiento de una supernova. Desde el propio partido socialista se detecta la aparición de esta explosión estelar como algo notable. Según Mario Jiménez, actual vicesecretario general y futuro portavoz parlamentario, el congreso de Granada del próximo fin de semana «será “histórico” por el “cambio generacional y de género” en el PSOE de Andalucía con Susana Díaz a la Secretaría General, “un cambio que significa también que las políticas de los y las socialistas durante los años de autonomía dan su fruto y que la hija de un trabajador es hoy la presidenta de la Junta y será la secretaria general del PSOE andaluz». Ya tenemos, pues, las líneas mediáticas sobre las que se levantará el logo simbólico de la nueva estrella: renovación generacional, mujer y trabajadora. Hasta ahora los emblemas de este partido socialista andaluz habían sido el ser hombres, licenciados en derecho y provenientes de la sociedad burguesa sevillana, de las capas medias universitarias.

 Merece la pena hacer alguna reflexión a partir de estos hechos y de estas declaraciones, todo sea con la voluntad de reflexionar de forma abierta acerca de aquellos procesos que están afectando a los partidos que representan las opciones de una sociedad de izquierda.

Primera reflexión: la relación entre dirigentes y activo social de izquierda se viene estableciendo no a través de una comunicación de ideas, de proyectos, de la inteligencia orgánica —como diría Gramsci—, sino mediante vínculos mediáticos, simbólicos, propios de una sociedad de la imagen. Susana Díaz es la dirigente principal porque es mujer, joven e hija de trabajador. No lo digo yo, lo proclama Mario Jiménez en declaraciones a la prensa. Nada sabemos de sus ideas, de sus propuestas, de sus proyectos, de su utillaje ideológico. La dirigente de  izquierda lo es, por tanto,  porque participa de ciertos códigos, algunos genéticos y por tanto involuntarios, y de ciertas marcas simbólicas: género femenino, edad menor de cuarenta años, procedencia de familia trabajadora aunque la hija no haya trabajado nunca en la sociedad civil. En cierto modo, y salvando las distancias, en la izquierda se ha impuesto el modelo de liderazgo carismático frente al liderazgo racional, entendiendo en esta época histórica carisma por lo que alguien es capaz de transmitirnos a través de los mensajes en los medios, en internet, en televisión. Algo de esto viene ocurriendo también en Italia, donde el proceso puesto en marcha para la renovación de la dirección del Partido democrático (PD) trae consigo un masivo encuentro de iconos, imágenes simbólicas y eslóganes publicitarios a propósito de la juventud y capacidad innovadora del tal Renzi, alcalde de Florencia y posible secretario general de ese partido. Que este personaje no diga nada medianamente de izquierdas en el terreno de las ideas no importa: es joven, apuesto y con buena labia.

Esta gente gobierna ya en muchas partes del mundo. Y lo hacen representando formalmente las opciones progresistas. No hace falta llamarse Berlusconi para utilizar los mecanismos de la iconografía y simbología mediática y convencer al público de lo bien que se gobierna. Uno se puede llamar Tony Blair, Renzi, o Valls, y formar parte de unas siglas con el puño y la rosa… o con la hoz y el martillo o el sol brillante , que de todo hay en la viña de la izquierda y de las opciones verdes. Y a propósito del puño y la rosa, recomiendo la lectura del artículo de Eduardo Mangada sobre la iconografía del PSOE. Muy ilustrativo.

Segunda reflexión: «la política, entendida como acción de sujetos organizativos, encaminada a participar de distintas maneras en el ejercicio de la soberanía, tiene, entre otras, la finalidad de difundir conciencia y de producir subjetividad a través de la construcción participada del discurso analítico y crítico» [Alberto Burgio]. La política no es un programa de televisión, aunque hay programas de televisión que hacen más política que muchos partidos de izquierda. Pongo por caso a Jordi Evole y sus Salvados, un verdadero acto heroico de conciencia de masas. La política, desde que nace encarnada en partidos políticos de masas a lo largo de los siglos XIX y XX, ha sido un ejercicio de alfabetización política de masas y constitución de éstas, las masas, en sujetos conscientes que aspiran a dirigir al conjunto de la sociedad. Antes a través de la revolución, después mediante el ejercicio del voto democrático y universal.

En estos años de crisis de tantas cosas, la política está en la peor de sus depresiones. Poca gente la valora de forma positiva, la sociedad la considera un ejercicio de extracción negativa de las plusvalías que genera la sociedad, muchos la ven como un campo de negocio y de supervivencia personal. Sin embargo, la política tiene que ser el medio de cambiar las cosas. Y para ello hay que transformar la política y hay que cambiar de política. Frente a la política marketing y puramente icónica hay que recuperar la política de contenidos, la que se construye a través de la discusión con argumentos, la que se elabora a partir de los instrumentos de la crítica. En definitiva, hay que provocar que la política sea invadida por la inteligencia, única arma que es capaz de ganar a la irracionalidad.