Y volver, volver, volver…

Conectamos_06Por Javier ARISTU

Terminó la Conferencia política del PSOE. Se clausuró la que estaba considerada como ocasión decisiva para diseñar el proyecto de salida de la crisis… del PSOE. Entre escenarios de alto diseño, uso intensivo de las tecnologías de comunicación y discursos pensados y expresados en clave televisiva, pasó el acontecimiento. ¿Qué ha supuesto para la sociedad española? ¿Qué significa la misma para el interior orgánico socialista? Los meses que vienen darán cumplida respuesta a estas dos preguntas. Hoy aquí apuntamos algunas urgentes reflexiones tras este fin de semana

Una información previa. Esta conferencia es un medio de encuentro y debate entre socialistas sin duda muy importante. Las imágenes nos han mostrado un auditorio repleto cuando se pronunciaban los discursos de sus dirigentes. Nos dicen que han asistido expertos y científicos con profundos saberes de lo que está pasando. No lo dudamos… pero sería importante saber la procedencia de los asistentes: ¿Cuántos cargos públicos? ¿Cuántos profesionales de la política? ¿Cuántos líderes de opinión y personas de la cultura? ¿Cuántos dirigentes sociales, sindicalistas, empresarios? ¿Cuántos de aquellos asistentes participaron en las mareas verde o blanca, en las huelgas de la sanidad madrileña o de la enseñanza andaluza? En definitiva, esta conferencia ¿refleja algo más que al activo orgánico del partido socialista? La sociedad española progresista y maltratada por el PP ¿se ha sentido representada  en ese escenario del  IFEMA madrileño?

El documento base de esta Conferencia significa una aportación sin duda importante para el conocimiento de lo que está pasando y la apertura de aquellas vías que desde la izquierda deben ser exploradas en el próximo futuro. Sabemos ya lo que piensa el PSOE sobre esta crisis y su porvenir. Las casi 400 páginas de este documento teórico, elaborado a lo largo de casi un año, no deben ser despreciadas, ni mucho menos, aunque algunos aspectos nos parezcan insuficientes, tímidos o sencillamente huecos y en otros apartados siga existiendo la tentación de contentar a todo el mundo. Los partidos de izquierda, y el PSOE mal que les pese a algunos representa a una parte significativa y además mayoritaria de la sociedad de izquierda española, o se dedican al arte del debate y la discusión pública o no son nada. Otra cosa es que no guste o no se comparta su estrategia o sus fundamentos políticos o de estilo de gobierno (y de oposición). Dicho en pocas palabras, a todo el mundo progresista le interesa que el PSOE rectifique su dirección estratégica y se resitúe ante la sociedad española. Dicen que han vuelto: sinceramente no sabemos a dónde pero confiemos en que no sea a las viejas andadas. La vuelta al pasado no sería una buena señal para el ciudadano progresista  pero es que, además, es y será ya imposible regresar a los tiempos míticos de 1982 o de 2002. Los datos sociológicos de estas semanas indican que la recuperación electoral —y por tanto social— no se está produciendo. El PSOE sigue estancado a pesar del descenso impresionante del PP en la intención de voto (véase el análisis de Ignacio Urquizu en El diario.es). Por eso, más que volver, lo que este partido necesita es avanzar, caminar, tirar hacia adelante sin mirar atrás y si así lo hace, que sea para no repetir los errores del pasado.

Las conclusiones de la conferencia reflejan lo que el activo socialista ha considerado más importante de esta meditación colectiva. Resumamos algunas y principales: apertura del partido a la sociedad a través del mecanismo de primarias para elegir su candidato a la presidencia del Gobierno; reforma fiscal a fin de eliminar el pago del IRPF por parados y rentas más bajas y unificación de este impuesto y el de patrimonio; igual tratamiento de rentas de trabajo y de capital; derogación de la reforma laboral del PP restableciendo el marco de derechos laborales previos; reforma de la ley electoral reforzando la proporcionalidad, representatividad y participación mediante la obligación de primarias por ley, listas cerradas pero desbloqueadas y otras medidas; denuncia de los acuerdos con el Vaticano y tendencia a eliminar la financiación estatal de las iglesias; diversas medidas de reforzamiento del estado de bienestar y de la igualdad, etc.

El PSOE se sitúa con timidez dentro de  la ola de cabreo de la sociedad española contra los privilegios. En algunos casos confirma la orientación radical como en el de la denuncia del concordato con el Vaticano y la apuesta por una sociedad laica. ¡No le quedaba más remedio! Después de lo que ha hecho y dicho la conferencia episcopal española mientras gobernaba Zapatero, y después de lo pactado entre el PP y los obispos, era imposible negarse a esa medida que una sociedad moderna reclama. Tras la llegada al Vaticano del Papa Francisco ya no es posible pensar que España pueda seguir manteniendo con la Iglesia católica una relación como la que, prácticamente, se ha venido manteniendo desde 1939 (y mucho, mucho antes).  En otros asuntos de profundo sentido ideológico y de concepción social flaquea y amaga, como ocurre en la cuestión educativa: hablar de educación y no citar para nada el problema de la desigualdad estructural que significa el modelo de escuela pública y escuela concertada al mismo nivel de financiación es ceder y renunciar al cambio. Si algo han demostrado estos últimos dos decenios es que este modelo es profundamente desigual y discriminatorio. Si los socialistas quieren una escuela laica, preñada de valores públicos para construir ciudadanía, una escuela para la igualdad entre mujeres y hombres, que apueste por la coeducación y no por la segregación —como así dice el documento de conclusiones— es imprescindible acometer la reforma estructural de las dos redes escolares.

Tras el documento de propuestas y objetivos que desarrollará en el futuro un Programa electoral viene el asunto de quién va a personalizar este camino de vuelta, este regreso a la tierra prometida. El debate sobre las personas va a ocupar desde este preciso instante todo el debate político en ese partido. No podía ser de otra manera. Acostumbrados como están a líderes fuertes y absorbentes necesitan ya al que va a dirigirlos en el paso del mar Rojo. Dado que Rubalcaba ha demostrado que a pesar de ser la cabeza más preparada de la política española —dijo Felipe González sin rubor— no es un líder de masas necesitan crear a este. El baile de nombres ya ha comenzado y ellos decidirán quién tendrá la responsabilidad de dirigir al partido hacia adelante. Sólo confío en que acierten y encuentren al más adecuado. Y aunque estoy utilizando el masculino gramatical es evidente que me refiero también a la posibilidad de que una mujer pueda dirigir los destinos del partido.

Para ello las primarias se convierten en el instrumento de dinamización social más importante creado por este partido para reencontrarse con sus bases sociales. Siguiendo la estela del Partido Socialista francés y del Partido Democrático italiano han aprobado la elección de su candidato o candidata a la presidencia del Gobierno de España mediante primarias abiertas donde podrán votar los mayores de 16 años. Se sienten orgullosos de ser “el único partido en España que tiene el coraje de dar un paso de tan gran calado” y no podemos sino estar de acuerdo. Las primarias son hoy el medio de dinamización social electoral más importante que puede ayudar a conectar de nuevo a los partidos de izquierda con el pueblo progresista. No pienso que sean la panacea (a las pruebas de Hollande y de Bersani me remito) pero también afirmo que sin primarias no hay prueba de sinceridad democratizadora y participativa. El PSOE las va a realizar en los próximos meses. ¿Para cuándo las primarias en Izquierda Unida?

Ahora, bien, en este balance agridulce de la Conferencia socialista hay algo que me transmite un gran escepticismo sobre lo que va a ocurrir y es la relación del PSOE con la sociedad española, con sus sectores más dinámicos. En algunos discursos de sus principales portavoces —Rubalcaba, Susana Díaz, Elena Valenciano entre otros— se percibe la vieja idea del partido como papel absorbente de la dinámica social. Lo expuso nítidamente Susana Díaz al afirmar que “hay mareas y 15 M porque no había partido socialista”; por eso —nos dice la Presidenta de la Junta—  tiene que volver el PSOE para que desaparezcan estos movimientos sociales. Las agrupaciones socialistas —deduzco yo— tienen que suplantar a las manifestaciones y concentraciones de enseñantes, médicos, jóvenes precarios, parados, desahuciados, etc.  De nuevo la anulación de la autonomía y protagonismo directo de la sociedad y su suplantación por “el partido-todo que desde el gobierno va a cambiarnos la vida”. No. O el PSOE se entera de que sin activar una profunda movilización social no es posible ya ganar las elecciones para a partir de ahí aplicar el programa o está condenado al fracaso. La sociedad moderna progresista quiere ser una sociedad activa, que participa en su propia gestión, que interviene en los asuntos públicos, delegando en los políticos lo que tiene que delegar pero que actúa también de forma autónoma en otras parcelas de la práctica social. La vida política moderna no puede condensarse y reducirse a la parte de los representantes políticos, a sus cargos públicos, a los miembros activos de un partido. La vida política es sin distinción vida social, es decir, somos todos, y todo cuanto se haga por romper la brecha, enorme brecha, entre representantes y ciudadanos siempre beneficiará a la parte más débil de la cadena, aquellos a los que un partido que se reclame de izquierda tiene que representar y favorecer.

Anuncios