Heterodoxos y ortodoxos

Por Javier ARISTU

image002Acaba de salir a la luz el número 42 de la revista Andalucía en la historia, dirigida por Manuel Peña Díaz y que edita el Centro de Estudios Andaluces. En el mismo se incluye un dossier coordinado por Carlos Arenas Posadas, colaborador destacado de este blog,  titulado Heterodoxos. Recomiendo vivamente su lectura porque en sus páginas hay claves que podrían explicar claramente bastantes cosas que nos están ocurriendo en este principio de siglo. Dicho dossier recoge solo un breve ramillete de señeras figuras de la denominada heterodoxia religiosa, ideológica, cultural, política y social que a lo largo de los siglos se ha venido produciendo en Andalucía y afectando a toda España. Gentes como Antonio del Corro, el Abate Marchena, María del Carmen Silva, Blanco White, Álvarez Mendizábal, clásicos nombres de una antología de la heterodoxia que arranca de los erasmistas y conversos del XVI hasta comienzos del siglo XIX, son de nuevo vistas a la luz de las últimas noticias y estudios sobre aquellos debates de religión que no han sido sino manifestaciones de la oficial intolerancia de la iglesia española. A estos nombres se unen nuevos disidentes que durante los siglos XIX y XX conformaron una manera de enfrentarse con la “oficialidad” o, como dice Carlos Arenas en su presentación, “el automatismo ambiente”, representado  una vez más por la iglesia católica y el pensamiento establecido en los círculos intelectuales y sociales del poder: hablamos de Fermín Salvochea, Blas Infante, Luis Cernuda, Helios Gómez, Luisa Isabel Álvarez de Toledo —la duquesa roja— para culminar con un acercamiento al Movimiento del 15M realizado por Cristina Cabrera y Lorenzo Cabrera. Como he dicho antes son solo un ramillete de una amplia, extensa y continua gavilla de heterodoxos españoles.

Marcelino Menéndez y Pelayo construyó con su Historia de los heterodoxos españoles un  compendio de ideas y prejuicios  acerca de las corrientes de pensamiento  que en diversos momentos de la historia de su país no estuvieron de acuerdo con el pensamiento de la Iglesia o de las minorías de mando. De aquel libro y de otros muchos que se van gestando a lo largo de estos siglos así como a través de acontecimientos decisivos de nuestra historia, surgen los montajes intelectuales acerca de la nación española, la catolicidad de nuestra sociedad, la unión del llamado nacional-catolicismo, nuestra pretendida idiosincrasia  y constante desconfianza del extranjero, del francés, del europeo. En el libro de José Álvarez Junco Mater dolorosa. La idea de España en el siglo XIX se puede rastrear perfectamente cómo se va construyendo ese andamiaje de prejuicios y deformaciones que la mayor parte de las  veces atenta a la inteligencia y a la decencia pero que ha conformado queramos o no parte de la naturaleza de nuestra sociedad. El heterodoxo, el librepensador, el independiente de ideas, ha sido no un bicho raro sino, lo que es más grave y peligroso, un enemigo y por tanto elemento a destruir. La censura, la emigración, el exilio, la hoguera y la muerte son términos que están relacionados en nuestro diccionario con el díscolo, con el disonante.

Vivimos de nuevo tiempos de ortodoxia. Ortodoxia económica (no hay alternativa a los planes establecidos); ortodoxia política (Rajoy nos habla de un “sentido común”  para gobernar la nación, sentido que al parecer sólo él manifiesta); ortodoxia religiosa (la religión vuelve a la escuela como materia obligatoria); ortodoxia social (el que piensa de forma diferente es un raro). Sin embargo, tras esa ortodoxia residen dos prácticas usuales de estos poderes y que son las que le han dado sentido  a lo largo de los siglos: mantenimiento cueste lo que cueste de ese poder y máxima extracción económica de la sociedad. Poder y dinero, voilà.

El heterodoxo actuó contra esa opinión que intentaba convencer de que sólo era posible una forma de pensamiento, una manera de resolver los conflictos humanos. Y se enfrentó con decisión contra el pensamiento dominante.

Hoy tenemos que rescatar ese impulso heterodoxo, esa necesidad de rebeldía frente a lo establecido. No podemos permanecer callados ante la manipulación descarada que se está haciendo de la sentencia del tribunal de Estrasburgo que desvela y desautoriza la perversión jurídica que el poder judicial español realizó años atrás en relación con el cumplimiento de condenas. No se puede permanecer en silencio ante declaraciones como las del santurrón y cínico ministro de ¿Justicia? Gallardón que acusa al magistrado español Luis López Guerra, miembro del más alto tribunal europeo, de manipular los procesos y conspirar contra las víctimas del terrorismo. ¿Sería posible acaso que el fiscal general de los Estados Unidos criticase en esos términos a un magistrado del Tribunal Supremo de ese país? Hay que denunciar que personajes que han ostentado representaciones institucionales máximas, como Esperanza Aguirre, hablen de “infamia” de la sentencia del tribunal de Estrasburgo.

Álvarez Junco, en su libro citado, nos ilustra acerca de cómo el concepto de “nación española” fue una aportación que dio el liberalismo español de principios del siglo XIX en el maremágnum de aquellos años tumultuosos de cambios históricos en Europa y en España. Era la nación española frente al invasor francés pero también era nación soberana frente a los dos grandes poderes que habían dominado desde siglos antes: la monarquía y la iglesia. El historiador nos enseña que la iglesia católica nunca fue nacionalista española; veía esto como algo que ponía en peligro su dominio. Sólo las guerras carlistas y la evolución posterior harían posible que aquel nacionalismo liberal se hiciera conservador y, de ese modo, la iglesia adoptase el nuevo contenido de un nacionalismo de derechas y reaccionario. Acaba de publicarse otra magna obra: Historia de la nación y del nacionalismo español (Galaxia Gutemberg), obra colectiva donde  en más de 1.500 páginas se estudia el surgimiento y desarrollo de este proceso.

En esas estamos: de nuevo el nacional catolicismo avanza. Ante la sentencia del Tribunal europeo de Derechos Humanos —máxima autoridad de interpretación legal y de justicia en Europa— esta derecha reaccionaria y ultraconservadora es capaz de todo con tal de mantener su dominio. Capaz de engañar, de mentir, de manipular incluso a las víctimas de terrorismo.

Ser heterodoxo en estos momentos es precisamente ser español y demócrata de la mejor manera.

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Nota: La revista Andalucía en la Historia y el dossier Heterodoxos se presentan el próximo día 7 de noviembre en la librería La Extravagante,  Alameda de Hércules 33. Sevilla, a las 20:00.