La mano oculta de la Lomce

wert_01

Por José María PÉREZ JIMÉNEZ y PedroE. GARCÍA BALLESTEROS

ENTRE reforma y reforma se manifiesta, sobre todo por la oposición política de turno, la necesidad de un pacto que dé estabilidad a la educación. Pero una vez en el poder los dos partidos mayoritarios van proponiendo reformas que se alternan en el panorama educativo, creando una sensación de desconcierto además de impedirnos tener unos referentes claros para valorar avances o retrocesos.

Se dice que las sucesivas reformas obedecen a los cambios sociales de las últimas décadas. Lo más lamentable es que con esas excusas se trazan cambios que tienen poco que ver con los elementos sustanciales del sistema educativo. Generalizada la escolarización, lo que, sin duda, fue un avance sustancial consecuencia de la Logse y, en parte, de su antecesora Ley de 1970, no se han abordado, por parte de los sucesivos gobiernos, los cambios que podrían llevar a una mejora sustancial de la formación de los alumnos, fin esencial de toda reforma.

Las reformas que no van al fondo de las cuestiones fundamentales no sólo no sirven para mejorar, sino que por un efecto perverso, derivado de los fines inconfesables que subyacen a los cambios, dan lugar a una agudización de los males de nuestra educación. Este es el caso de la discutida Lomce. Esta propuesta de ley plantea cambios en la fontanería interna del sistema que pervierten el principio de educación universal, de manera que se mantiene formalmente la educación para todos, pero no la misma educación. Ello llevará a una mayor segregación educativa y social.

Nos referiremos, por su relevancia, a dos medidas. En primer lugar, las llamadas “reválidas”, perversas bombas de relojería de la Lomce. Las pruebas externas en 4º de ESO y 2º de Bachillerato son auténticos cortafuegos que darán lugar a que una parte de la población escolar sea encauzada por itinerarios paralelos, que conducirán a situaciones académicas y laborales distintas. Una vez despejados los caminos principales del sistema, no tengan duda de que habrá aumentado la calidad, pero no para todos, ya que la determinación socioeconómica habrá aumentado todavía más su ya de por sí notable influencia. Por otro lado, esas reválidas suponen algo sorprendentemente poco subrayado por los sindicatos de enseñantes, ya que se le arrebata a los profesores y centros educativos su capacidad para otorgar los títulos de Graduado y Bachiller. A esa desconfianza hay que sumar un efecto conocido de toda prueba externa: acaba por determinar lo que se enseña en las etapas evaluadas y los centros tienden a convertirse en academias preparatorias de las mismas.

Por otra parte, la futura ley potencia el papel de la enseñanza privada. Teniendo en cuenta que ésta se asienta mayoritariamente en las zonas más favorecidas económicamente, podemos deducir que los beneficios serán para los que se encuentran en mejor posición social y en consecuencia, los perjudicados, los de siempre. ¿Alguien puede explicar qué efectos van a tener estas medidas sobre la Mejora de la Calidad del sistema, aparente finalidad fundamental de la ley?

Es cierto que cualquiera que trabaje a pie de aula conoce sobradamente la poca incidencia que tiene cualquier reforma sobre las prácticas cotidianas que se desarrollan en esa caja negra del sistema. La historia nos ha enseñado que la gramática escolar es tan rocosa y tan poco dada a cambios, que se asemeja a los fondos marinos cuyo silencio y quietud no es alterado por el oleaje, por muy aparatoso que sea éste. Afortunada o desgraciadamente, poco modifican las prácticas educativas las numerosas reformas; ni las cambió la Logse, probablemente la ley con mayor hambre de cambios y quizás ahí estuvo su talón de Aquiles, ni las va a cambiar la Lomce porque ni siquiera lo pretende, ya que sus fines reales son modificar algo mucho más profundo y de peores consecuencias sociales.

Todo indica que la pretensión es cambiar elementos estructurales del sistema, obedeciendo a grupos de poder con intereses en el mismo, pero no afrontar aquellas modificaciones que, por otra parte, continuamente recomiendan diversos organismos internacionales, además de expertos y profesores: la potenciación de la enseñanza pública en una sola red escolar, la formación y el reconocimiento del profesorado, el acceso de los mejores a la función docente, un buen sistema de dirección de los centros, serían algunos de los elementos que se deberían abordar y sobre éstos no se atisba ni una medida en la Lomce.

Pero, no nos engañemos, esta propuesta de ley no debe retrotraernos a tiempos pasados. Al contrario, es la de los ultraconservadores del siglo XXI, por lo que no debemos mirar hacia atrás, sino crear las condiciones sociales que alumbren una nueva alternativa educativa.

Anuncios