Una mayoría cívica

convocivica

Por Javier ARISTU

El pasado miércoles asistí, como cientos de personas, a la presentación en Sevilla de Convocatoria Cívica, el proyecto iniciado por Luis García Montero, Baltasar Garzón, Antonio Gutiérrez, Almudena Grandes, Juan Torres y otros más [puede verse en el sitio web los firmantes y los principales aspectos de su plataforma]. El salón de actos de la Facultad de derecho estaba a rebosar, literalmente su aforo se desbordó por la cantidad de gente que asistió deseosa de escuchar lo que nos ofrecían sus convocantes. Reconocí a muchos compañeros, colegas y camaradas de anteriores batallas, de precedentes convocatorias, jubilados ya bastantes, activistas todavía de diversas iniciativas sociales, preocupados la totalidad por lo que está ocurriendo en España y en Europa desde unos años acá. De otra forma no es posible que tanta gente hubiera condensado el salón y aplaudido con tanta intensidad la mayoría de las intervenciones. La gente está expectante y quiere propuestas a las que pueda engancharse, de eso no hay duda. Un elemento discordante de todo lo anterior: no vi mayoría de jóvenes, no percibí que allí estuviera esa generación de menos de 30 años que hoy día es, junto con otros segmentos y capas sociales,  protagonista de la crisis social más importante de las últimas décadas. Lo constato, lo cual no hace sino confirmar algo que es lo que me ha hecho escribir este artículo. Vayamos por partes.

Días pasados leía el artículo que Manuel Rico publicaba en Nueva Tribuna. En él hacía un análisis rápido del activismo social que desde 2011 ha recorrido las calles de la mayoría de las ciudades españolas, haciendo hincapié en el 15M y procesos similares posteriores. Su balance era concreto y directo: “…se desarrollaron sin un referente político, con una potente carga nihilista, con un altísimo grado de candidez y buena voluntad y con cierto nivel de demagogia: se instalaron en la antipolítica, pusieron en el primer plano de su ofensiva a los políticos sin distinción y en el punto de mira al Parlamento, dejando de lado al poder financiero, al capital especulativo, a una iglesia insaciable en su decisión de condicionar y determinar la política en materia de derechos individuales y de educación.” Nada positivo, según su firmante.

Rico, al contrario, apuesta por la revalorización y renovación de los partidos actualmente existentes. Cito de nuevo: “en el plano político, es la izquierda, compuesta por PSOE e Izquierda Unida, con todas las contradicciones y debilidades que se quiera, quien canaliza las iniciativas sociales y económicas de la ciudadanía.” Por ello, apuesta por que la próxima Conferencia política del PSOE, cito de nuevo, “debería ser un revulsivo para el conjunto de la izquierda. Un punto de no retorno para trazar una estrategia inserta en el siglo XXI y en el nuevo horizonte tecnológico”. Más claro, agua. La actual estructura político-electoral de la izquierda española, PSOE y el conglomerado Izquierda Unida —con todas sus variantes regionales y nacionales— es la única capaz de derrumbar el muro y el fortín de la derecha española. Por eso, votemos en las próximas elecciones al PSOE o, con letra pequeña, a IU y dejémonos de otras monsergas sociales.

Por esos mismos días hemos publicado en este nuestro —y vuestro—  blog una serie de tres artículos de Javier Terriente donde analiza la actual situación española, el plan de la derecha y la inexistencia de un proyecto solvente desde la izquierda. Al contrario que Manuel Rico, Terriente piensa que “hoy, no parece que el centro de las nuevas alternativas  pase por esa izquierda, ni se dirima en sus ámbitos particulares. Son ahora los grandes movimientos del 15M, las Mareas, las plataformas, los sindicatos y organizaciones sociales de donde emergen las nuevas respuestas democráticas al neoliberalismo  y de donde surgirán los jóvenes protagonistas de los futuros cambios”. Es decir, del movimiento espontáneo, generado a partir de la simple reivindicación o respuesta espontánea surgirá el nuevo sujeto político, el nuevo príncipe de la política que venga a sustituir al clásico partido. Dice Javier Terriente: “Estos nuevos sujetos ni caben ni se sienten identificados con el actual sistema de partidos en general ni con esta izquierda oficial en particular. Buscan nuevos instrumentos de mediación y representación que los superen y desearían transitar por caminos inéditos abiertos por ellos mismos: Construir Otra cosa distinta, supra y a partidaria”

La Cosa, el nuevo Sujeto político. Un debate que ya se arrastra desde hace tiempo pero que al calor de las movilizaciones del 11M, del Occupy Wall Street, del movimiento de Beppo Grillo en Italia y de otras muchas más ha inundado la prensa de la izquierda alternativa y de otros medios de difusión. Este modesto blog intentó intervenir y participar en este debate a partir de una serie de debates que organizamos este año bajo el título de ¿Tiene la izquierda respuestas para la crisis? y que pueden seguirse a través de los videos que se grabaron.

La izquierda oficial actualmente constituida, con representación electoral, procede de la historia española y europea del siglo XX; arranca del movimiento social obrero del siglo XIX que se constituye en partido socialdemócrata a finales de ese siglo y que, a partir de la guerra de 1914-1917 y posterior revolución bolchevique, da lugar a las dos corrientes que germinan y producen el tan citado imaginario del siglo XX: socialismo democrático y comunismo leninista. La constitución del modelo del bienestar a partir de 1945, la configuración del bloque soviético tras la 2ª guerra, con sus modelos contradictorios y competitivos, llega a dar sentido a toda una generación hasta 1989. Tras la caída del Muro y la implosión del estado y de  la sociedad soviética se abre un terreno abierto al triunfo de las ideas y del proyecto del neoliberalismo. Hoy estamos en eso. Se han agotado el modelo soviético y el modelo del socialismo democrático del bienestar, si no como proyecto sí como experiencia histórica concreta. Los resultados del SPD en Alemania — no llegan al 25% precisamente en este momento de crisis—  es una prueba más de la posible extinción de ese modelo de concepción social y de estilo de partido. (Véase un artículo de Zygmund Baumann en la conmemoración de la figura de Ferdinand Lassalle que esperamos publicar en español en los próximos días).

Sin embargo, en el otro lado, los movimientos sociales de calle no demuestran tener una alternativa global, general, integradora. Son movimientos particulares, que expresan quizá una protesta generalizada y difusa —en otros casos son protestas muy particulares y concretas contra los desahucios, las becas, aspectos ecológicos, etc.— pero sin ser capaces de proyectar una alternativa capaz de ofrecer salida global al conjunto social.

El reto por tanto es cómo y quién puede ofrecer hoy un paradigma globalizador alternativo, un programa unificado más allá de la particular demanda del momento. Y en ese sentido, al final del debate, permanece la necesidad de generar un programa político creíble, solvente, serio y protagonizado por aquellos grupos y personas capaces de simbolizar una alternativa al actual modelo de la derecha del PP. Solvencia del programa y Credibilidad de las personas, este sería el binomio que hoy necesitamos.

Por solvencia entiendo seriedad, capacidad de que la letra del programa responda a la realidad económica y social del momento, capacidad de arrastrar tras sus análisis y alternativas a una gran mayoría social del país.

Por credibilidad entiendo coherencia entre las trayectorias del pasado y las ofertas del porvenir. Y en ese sentido, sí es evidente que hay un profundo desgaste y falta de credibilidad en los representantes de la actual izquierda. No son todos los políticos iguales, evidentemente, pero sí expresan todos los actuales políticos un cansancio de ideas y de propuestas renovadoras. No creo que la trayectoria y la praxis histórica del PSOE permita aventurar que en su Conferencia de noviembre vaya a dar un giro —necesario si quiere reconquistar base social— a su actual dinámica de ir a la contra. El PSOE está cansado en ideas y agotado en líderes; necesita una inmensa campana de oxigenación que le abra las ventanas y le reconcilie con nuevos segmentos sociales. IU, por el otro lado de la marea, tiene también grandes  dificultades para proponer ideas frescas y plantearse como un proyecto mayoritario, para una sociedad muy compleja, muy diversa y muy dinámica, como lo son  las actuales sociedades de esta era digital y líquida (de nuevo, Baumann). Pero, démosles a ambos su oportunidad.

Mayorías, esta debe ser la meta de cualquier programa de cambio. O la izquierda es capaz de construir en estos próximos meses y años —con paciencia pero con determinación— un conjunto de ejes vertebradores de un programa de cambio para la mayoría de la sociedad o se quedará recluida al 25-30% de los votos. Seguirán existiendo un partido socialista y una izquierda alternativa… pero subordinadas al proyecto conservador, con dificultades para poder constituirse en proyecto de gobierno alternativo y mayoritario.

Por eso me parece que la iniciativa de Convocatoria Cívica es muy positiva. Trata de atraer a la calle para llevarla hacia la política. Es muy posible que los ciudadanos que antes se afiliaban a los partidos para volcar su afán de cambio hoy sean incapaces de dar ese paso porque los partidos no le ofrecen ese ámbito atractivo de trabajo social; pero ese mismo ciudadano sí es capaz de comprometerse con una o varias plataformas cívicas o sociales que sin ser partidarias tampoco son antagónicas de los partidos.

Por tanto, ni antipartidismo ni patriotismo de partido. Hoy es una fase de resistencia y de reagrupamiento de fuerzas. Reagrupemos, por tanto, a la gran mayoría y trabajemos por definir el programa que conduzca a esa mayoría social a la dirección del país.