De Marca Hispánica

Foto por Trepax
Foto por Trepax

Por Antonio SÁNCHEZ NIETO

Fecha nefasta el 11S. Efemérides de un cambio de época en que el miedo se impuso, cuando cayeron las Torres. En 1973, en ese día, lo hizo Allende. Ahora, en el 2.013, una impresionante Diada anuncia la disolución de España. El mismo día el Parlamento español se tuvo que disolver…por una gotera. No es metáfora.

  Desde hace tiempo se veía venir. Políticos estúpidos han estado jugando con la catalonofobia y la hispanofobia, tan aplaudidas en nuestro país, hasta llegar al actual punto de no retorno. El rechazo del Estatut y la crisis económica han acelerado un proceso que viene de lejos.

Y lo siento, porque me siento patriota con naturalidad, como quiero a la familia, sin sentirme diferente ni emocionado. Pero cuando a este sentimiento empiezan a ponerle música, colores y mayúsculas me sonrojo. Reconozco que estoy poco dotado para lo sublime.

 Por ser educado como nacionalista me conozco el paño. Orgullo de pertenencia a una nación que se pierde en el origen de los tiempos; espíritu  indomable frente a unos vecinos que nos envidian o desprecian; fidelidad debida a nuestros ancestros; el idioma mas bello; la gastronomía mas rica; los paisajes mas excelsos y variados; la historia mas grande y desgraciada… El mismo discurso que los  catalanes, vascos, franceses, marroquíes… mentiras compartidas. La misma mierda.

  ¿Y ahora qué?

 Ahora toca negociar lo que sea antes de que el ruido de los himnos, el flamear de las banderas y la peste de los prejuicios ofusquen las mentes de los fervorosos patriotas. Aunque sospecho que ya no es tiempo de gente tibia, como yo, dispuesta a traicionar principios irrenunciables con tal de mantener la convivencia con catalanes templados; estamos ya en tiempos de ver quien mea más lejos. Como la provecta próstata me impide participar en juegos mingitorios, hago uso de mis decadentes meninges para opinar.

 -No pongo en duda que el nacionalismo tiene esencialmente una naturaleza sentimental sincera para la mayoría de patriotas de uno y otro bando. Pero la economía mancha los sentimientos más puros e introduce en muchos el cálculo. Y así,  no es sorprendente que cuando la marca España ya no vende resurja la Marca Hispànica carolingia. En la vieja Europa durante el último siglo en todos los casos de separatismo, son los países ricos los que se liberan de los pobres. El Norte separa al Sur.

Nada nuevo. Siempre se ha sabido que el capitalismo disuelve los vínculos sociales tradicionales, incluidas las naciones. Y es un proceso creciente. Así, hasta el siglo XX burgueses y pueblo compartían la ciudad y, a veces, el edificio. Desde entonces, los primeros se separan de la ciudad en urbanizaciones periféricas, emulados por clases medias emergentes que buscan la compañía de gentes apropiadas a su estado y condición. ¿Por qué extrañarse de que “los pueblos” hagan lo mismo? Por otra parte el Gobierno español invita a sus ciudadanos mejor formados a que emigren (movilidad exterior). Pues eso tratan de hacer, sin moverse, algunos catalanes.

Evidencia: no es la solidaridad lo que mueve al separatismo.

 -Aunque no dudo de la naturaleza democrática actualmente mayoritaria en el nacionalismo catalán -del de aquí no hay dudas- el hecho de las identidades colectivas está sujeto a tendencias peligrosas. Primero se busca qué nos hace diferentes de los demás. Irremediablemente todo lo que es diferente se puede clasificar. Toda clasificación establece un orden de mayor a menor, de mejor a peor. La clasificación la establece quien regula, según sus intereses o buen criterio…y clasifica a todos. Una clasificación no se puede basar en el principio de todos son iguales. Se clasifica para poder identificar a quienes son incluibles y a quienes son excluibles en el colectivo. Y, al final, se localiza al Otro.

Ya sé, es un discurso mecanicista incompatible con el irreversible-marco- democrático-europeo. ¡Fíate de la Virgen y no corras!

 -Es costumbre en los partidos políticos acudir hambrientos a los nuevos caladeros de votos: el nacionalismo lo es en estos momentos. Me temo la aparición del eslogan “ser nacionalista también es de izquierdas” a este lado del Ebro – al otro lado lleva tiempo vigente.

Sospecha: Nacionalismo e izquierda son elementos antitéticos que suelen provocar explosión cuando se unen.

 -Parece que retornamos a aquello de “lo pequeño es bello”.

Aplicado a las naciones, las de menor tamaño son más manejables…sobre todo por las  elites autóctonas y el capital financiero transnacional. Será por mi estatus social, pero echo de menos un estado lo suficientemente fuerte para controlar a “los mercados”.

 Sin embargo, aunque no comparto el proyecto ilusionante de mis amigos independentistas, confieso mi envidia por su capacidad movilizadora que remarca las carencias de la izquierda. Ellos con una sola palabra, independencia, han sacado millones de personas a la calle. ¿Para cuando la izquierda será capaz de ofrecer un proyecto, una idea esperanzadora, emotiva, capaz de aunar la voluntad del 99% de la población objetivamente agredida por los intereses económicos de una “insignificante”  minoría?

 Y nos han mostrado una obviedad que se estaba nublando últimamente: que la calle arropada por las instituciones – ¿o es al revés?- multiplica su eficacia. En una sola manifestación, encabezada por sus dirigentes políticos, han convertido la independencia catalana en el punto principal de la agenda política española.

Mientras, la izquierda sociológica, que en gran parte repugna las instituciones, es incapaz de encauzar la indignación popular para modificar el rumbo de la crisis. Calle o instituciones es un falso dilema. Las dos son complementarias. Aunque haya que cambiar las instituciones y no la calle. Todos los ámbitos en que se manifiesta el poder son necesarios para transformar esta realidad.

 El papel de la izquierda institucional en este debate nacionalista es amable, trasversal, variopinto, localista y discreto. Cosa que agradezco sinceramente pues si no tiene las ideas claras, o  simplemente no tiene ni idea, mas vale que permanezca callada y no contagie su confusión (es decir, que no me imite).

¿Y que dice la clase trabajadora? Estoooo…

 ¿Vendrán tiempos mejores? Pues tampoco. Según un panel científico de prestigio incuestionable, en 2100 el clima en España se calentará una media de 8 grados, con lo que al sur del Ebro habrá un desierto-que propongo se llame Al Andalus- con capital en Madrid-Las Vegas, cuyos famélicos habitantes huirán en estampida hacia el Norte, residencia de la Civilización propiamente dicha, del que la Marca Hispánica será el primer baluarte frente a la invasión de los nuevos bárbaros.

  Perdonad el desvarío, pero no es fácil permanecer sano en un mundo en el que el Papa dice que nunca fue de derechas, el partido socialdemócrata holandés gobernante anuncia el fin del Estado del Bienestar, el socialista francés predica la expulsión de los gitanos,  la Aguirre plantea catalanizar España y Rajoy apela a la Alianza de Civilizaciones.