¿Y la izquierda, tiene un Plan? (y III)

15M en las Setas, Sevilla. Foto por ale arillo (Flickr)
15M en las Setas, Sevilla. Foto por ale arillo (Flickr)

Por Javier TERRIENTE

Si es claro que la derecha tiene un Plan, no lo es tanto en el caso de la izquierda. El Plan de la derecha incluye una ruta precisa que persigue la implantación duradera de un modelo de maltusianismo social, garantizado por un Estado de excepción permanente, bajo los auspicios de una Europa neoliberal que camina en la misma dirección autodestructiva: Tratado de Lisboa dixit, Merkel interpreta. Con las bendiciones de la Conferencia Episcopal, esa estrategia no admite contemporizar con los más desfavorecidos ni con sus representantes, tampoco se permite la debilidad de la compasión ni el consuelo a las víctimas. Ni una sola lágrima. Los dirigentes conservadores de cualquier escala, han sido aleccionados sobre  el castigo merecido a que se han hecho acreedores las clases trabajadoras por su desordenado e irrefrenable apetito de consumir por encima de sus posibilidades (sic). El didactismo calvinista de Merkel, sobre la inevitable condena y expiación por sus pecados capitales de los países del Sur, es definitivo. No les importa los ingentes sufrimientos de millones de ciudadanos masacrados por sus decisiones, los suicidios, las depresiones, la vergüenza y la ira que sienten quienes ahora, después de años de duro trabajo, ven recortadas sus pensiones, están en el pozo del paro, acuden al banco de alimentos, pierden la vivienda o están amenazados de desahucio. Mientras disfrutan de generosas indemnizaciones, sueldos y pensiones, fruto del latrocinio a que han sometido a este país, entran a saco en las arcas del estado, de los municipios y comunidades autónomas, venden sospechosamente a precio de saldo el patrimonio público y viven felizmente entre risas en urbanizaciones cerradas, miles de jóvenes profesionales y científicos de dispersan en diáspora por el mundo en busca de trabajo, se suprimen becas, plazas de profesores, aulas, servicios hospitalarios y centros de salud, laboratorios de investigación, ayudas a la Dependencia; centenares de miles de niños padecen desnutrición y  millones y millones de personas deambulan por las calles, derrotados, porque se les ha arrebatado sus sueños. Quién les reparará su dolor, quién les aliviará sus duelos, quién les compensará las noches de insomnio, quién la rabia y las humillaciones, quién los días, los meses y los años de infinita vergüenza y soledad? ¿Quién les restituirá su antigua condición de ciudadanos?

Ante tales calamidades, ¿cuál es el plan de la izquierda política para salir del atolladero?

La percepción popular es que no existe. No se trata de proponer modelos declarativos (hay toneladas de documentos en los archivos y hemerotecas) sino de organizar y movilizar acciones, propuestas y medidas estructuradas en torno a un proyecto alternativo de salida a la crisis y, en coherencia, avanzar en la construcción de los instrumentos políticos necesarios para ello.

Y no existe porque en su estado actual, los partidos, incluidos los de la izquierda oficial, se han transformado en voraces maquinarias electorales cuya finalidad es la obtención de cuotas de poder al servicio de sus respectivos equipos dirigentes. Este poder no es solo político; también se extiende a los consejos de administración de las cajas, fundaciones, empresas públicas, participadas, privatizadas o entidades privadas, que facilitan la transferencia de activos políticos, activos amortizados o la recolocación de pasivos en caso de jubilación. La reconversión de los partidos en estructuras verticalizadas, anti democráticas, impermeables, dedicadas a costosísimas campañas que les permitan garantizar sus organigramas ante cualquier circunstancia, los ha llevado a ser organizaciones subalternas de otros poderes corporativos, marcadas bajo la influencia de todo tipo de operaciones oscuras.

Así que, hoy, no parece que el centro de las nuevas alternativas  pase por esa izquierda, ni se dirima en sus ámbitos particulares. Son ahora los grandes movimientos del 15M, las Mareas, las plataformas, los sindicatos y organizaciones sociales de donde emergen las nuevas respuestas democráticas al neoliberalismo  y de donde surgirán los jóvenes protagonistas de los futuros cambios.

Necesariamente, la derrota de la derecha en el frente electoral es absolutamente prioritaria. Pasa por la concreción de nuevos instrumentos que superen los enfoques sectarios de que los partidos son el centro del universo político, la madre de las soluciones de todas las batallas. Por más que aspiren a lograrlo y la inercia les haga creer en el don de la exclusividad,  ya no disfrutan de una posición de dominio de la actividad la política. Hay vida antes y después de ellos, sin que eso signifique su inanidad, hecho que será inevitable, por otra parte, si no surgen corrientes internas democratizadoras y programáticamente unitarias y reformistas en el corto plazo, que aspiren a gobernarlos.

Han surgido nuevos sujetos sociales que reclaman un giro radical en el concepto, los métodos y en las formas de abordar las dinámicas políticas, pero también en los proyectos y la manera de elaborarlos y defenderlos. Estos nuevos sujetos ni caben ni se sienten identificados con el actual sistema de partidos en general ni con esta izquierda oficial en particular. Buscan nuevos instrumentos de mediación y representación que los superen y desearían transitar por caminos inéditos abiertos por ellos mismos: Construir Otra cosa distinta, supra y a partidaria, que sea el producto de la suma de muchos en una amplísima convergencia de largo aliento, en defensa de un programa común y democrático de mínimos al que estarían convocados, sin jerarquía ni cuotas de poder alguna, cuantas fuerzas políticas, sindicales, sociales, profesionales, culturales…lo desearan…. Defensa de lo público, democracia, derechos e igualdad, reforma de las instituciones del estado y de la constitución, sostenibilidad, empleo, I+D…. Probablemente vale la pena intentarlo.

Primera Parte

Segunda Parte

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