Nos vamos todos

Foto por joseppc
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Por Carlos ARENAS POSADAS

2014 está a la vuelta de la esquina. Hasta entonces, se darán mil vueltas sobre el derecho a decidir del pueblo catalán y, en concreto, sobre las preguntas a incluir en la consulta que de buen grado o por las bravas quieren celebrar el año próximo. Se barajan distintas  opciones. Los independentistas proponen una pregunta sencilla tal que así: ¿quiere usted que Cataluña sea un estado independiente de España? ¿Sí o no? Otros prefieren incluir diversas  opciones que eviten la fractura de los catalanes en dos partes irreconciliables. De otra parte, están los que niegan toda posibilidad a la consulta por ser ajena a la Constitución de 1978 y los que, a lo sumo, creen que tratándose de un referéndum en lo que se dirime es fragmentar España, sean todos los españoles los convocados para aprobar o no el desguace.

Antes de proceder, tendríamos que tener nítidamente claro qué es aquello que llamamos España, porque me parece que catalanes y españoles no lo tienen. Para un nacionalista catalán, España es la parte del territorio peninsular (salvo Portugal) que no es Cataluña; para uno vasco, España es el resto del territorio que queda fuera de los límites de Euskadi y Navarra, incluido en ese resto a Cataluña. Lo mismo ocurriría si le preguntamos a nacionalistas gallegos, canarios, cántabros, asturianos, aragoneses, valencianos o andaluces. Todo lo que no sea la tierruca es España.  Los “nacionalistas españoles” son siempre los demás; uno es decente.

Dado que no nos ponemos de acuerdo sobre qué es España, yo propondría, siempre en aras del derecho a decidir, una consulta al pueblo español en forma de cuestionario abierto: ¿de cuántas regiones quiere usted separarse? ¿De cuáles en concreto? (puede señalar un máximo de tres) ¿Considera usted que su región es lo suficientemente rica como para formar parte de la Gran Padania ibérica? ¿Reducimos España al triángulo comprendido entre Madrid, Valladolid y Toledo? ¿Aprueba usted que España se independice de España?

Con los nacionalismos me pasa lo mismo que con las religiones; profese la que profese serán unos o serán otros los clérigos que me condenen al fuego eterno por no rezar en la iglesia verdadera.

En mi esfuerzo por comprender algo de lo que sucede me hago la siguiente pregunta ¿qué ha sido y es la nación española? Lo que fue y es la nación francesa es conocido: un pueblo orgulloso (les enfants de la patrie) de haberse levantado y triunfado contra la monarquía absoluta y la casta nobiliaria en 1789; en cambio, los luchadores por la libertad, la igualdad y la fraternidad desde 1812 hasta 2013 fueron pocos y siempre terminaron derrotados; de hecho, las castas aristocráticas o plutocráticas, los curas y los carlistas siguen medrando en cualquier rincón del país.

El nacionalismo español siempre ha sido un fantasma de opereta utilizado a conveniencia de los poderosos locales. Carlos Marx escribía en 1854 en el New York Daily Tribune que España “sigue siendo un conglomerado de repúblicas mal regidas por un soberano nominal al frente”. Incluso la España (pronúnciese con pe triple) de Franco con toda su parafernalia de brazos en alto, columnas vertebrales y gruñidos guturales no fue sino un queso de gruyere por donde se colaron los intereses de las más poderosas familias del país enquistadas en la propiedad de la tierra, en la banca y en las industrias monopolísticas; un queso de gruyere protegido por una trampa mortal contra todo el que, de cualquier parte, se acercara a catarlo. No se olvide, por ejemplo, que la mayor parte de las grandes empresas familiares catalanas de hoy nacieron bajo el paraguas protector del caudillo.

Definida España como propiedad privada de quinientas familias que dominan la banca, la gran empresa, adheridas a los gobiernos desde el siglo XIX hasta la actualidad, independizarse de España debe ser entendido de una vez por todas como una ruptura social y cultural antes que  territorial, como construcción de un nuevo Estado nacional basado en personas libres, iguales y racionales porque renuncian a pensar con las vísceras.

Ante el derecho del ser humano a tener una vida digna con independencia de donde haya nacido, el debate territorial no deja de ser un debate entre chamanes. Puestos a decidir, propongo una consulta en estos términos: ¿quiere usted acabar con los privilegios sociales de una minoría de plutócratas, con la supremacía abusiva del capital sobre el trabajo?; ¿se pronuncia usted a favor de un Estado que respete las singularidades culturales sin enmascarar en ellas las ambiciones políticas, un Estado que tenga como único fin el bienestar de todos sin exclusiones ni fronteras? Yo voto sí, y de salir el no, sería el primero en irme.

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