Rayuela es un juego

Busto de Julio Cortázar, Ixelles-Bruselas
Busto de Julio Cortázar, Ixelles-Bruselas

Por Juan JORGANES DÍEZ

Nuesto querido colaborador, profesor  y blogguero Juan Jorganes tiene una pasión oculta: Julio Cortázar. Con motivo del cincuentenario de la publicación de este señero título ha escrito este acercamiento a la emblemática obra del escritor argentino. 

La rayuela es un juego, también escribir es un juego. Dos ritos que pertenecen a nuestras vidas, desde la infancia hasta la muerte. Con un dibujo de líneas más o menos firmes en el suelo, quizás una acera, y una piedra se puede llegar de la Tierra al Cielo. Con las letras desordenadas de un teclado igual para todas las manos, se recorren las calles de París o de Buenos Aires; se va a la parte de acá y a la de allá, y a ninguna parte. Con un lápiz o un bic se sobrevive en algún lugar de la ciudad trazando letras, que forman palabras, que se continúan en un juego que va de página en página, de libro en libro. La cosa se complica con el análisis estructural o la morfología del juego, quiero decir del relato, o con los arquetipos de la literatura o la poética de la obra abierta… Pero sin despreciar la teoría de la deconstrucción, ni la hermenéutica literaria, ni la ética de la lectura, prestemos atención a la rayuela.

Juegos, reglas y trampas

Julio Cortázar nos explica el juego de la rayuela, que, como sus instrucciones para subir una escalera, nos facilita la comprensión de la realidad, aunque nos resulten perfectamente inútiles porque, ahora, esa realidad ya es literatura. De un juego (rayuela) a otro (novela) se llega en unas pocas líneas, brevemente, como se acaba la infancia:

La Rayuela se juega con una piedrita que hay que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera, una piedrita, un zapato, y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores. En lo alto está el Cielo, abajo está la Tierra, es muy difícil llegar con la piedrita al Cielo, casi siempre se calcula mal y la piedra sale del dibujo. Poco a poco, sin embargo, se va adquiriendo la habilidad necesaria para salvar las diferentes casillas […], lo malo es que justamente a esa altura, cuando casi nadie ha aprendido a remontar la piedrita hasta el Cielo, se acaba de golpe la infancia y se cae en las novelas

Cortázar nos explica también el juego de Rayuela. Sus breves instrucciones para leer este libro comienzan con un Tablero de dirección que anuncia que el libro es muchos libros, a su manera, pero sobre todo dos libros. Como en los juegos, se nos proponen varias posibilidades: comenzar en el capítulo 1 (o casilla 1 para continuar con el símil) y terminar en la casilla 56 (o capítulo 56 para citar textualmente). Se prescindirá sin remordimientos del recorrido hasta el capítulo (o casilla) 155. Esta opción es un libro. El segundo libro comienza en el capítulo (casilla) 73 y se continúa según el orden que se indica al final de cada casilla (capítulo). Se facilita la ubicación de capítulos (casillas) con una lista y marcando en cada página del libro la numeración de los capítulos (casillas).

¿Cuáles son las trampas del juego? ¿O del libro? Tres que se puedan contar, una de ellas irrelevante:

1)      Anden buscando, a su manera, todos los libros de ese libro y ya me cuentan.

2)      El autor no avisa de que la primera casilla que dibujó fue el capítulo 41 (esta, aunque irrelevante, es irresistible como nota erudita).

3)      Tampoco advierte de que el libro (el juego) no tiene final, aunque se observará que la lista con el orden de capítulos (casillas) de ese segundo libro sugerido nos lleva de la casilla 131 a la 58 y de la 58 a la 131, que nos lleva a la 58 que nos lleva al 131 que nos lleva al 58…

Jugar con la lengua

Novela, juego, un tablero de dirección, un libro, dos libros, muchos libros, un final que no tiene fin. ¿Rayuela o Royuela? La novela tuvo gran éxito. Se convirtió en una referencia de ruptura, de rebeldía; identificaba a unos lectores que entraron a ciegas en un club literario y personal: Los Libros de Cortázar. ¿Los amores literarios de la juventud perviven? Puede que no, pero ¿cómo renegar de ellos? Llegues por primera vez a la casilla primera de la rayuela o vuelvas a ella de nuevo con la espalda cargada (de libros), ¿por qué renunciar a los juegos con la lengua?

Rayuela es un idioma (castellano) y a la vez es varios idiomas (casi nada en Rayuela es único, sólo Rayuela es única, aunque sea muchos libros o dos): francés, inglés y glíglico. El francés forma parte de un lugar, París, las canciones, la literatura, la pintura francesas. El inglés llega con su pintura, su literatura, las canciones, y un elenco de cantantes e instrumentistas de jazz con el que se organizarían varias sesiones de la música del siglo XX:

 la única música universal del siglo, algo que acercaba a los hombres más y mejor que el esperanto, la UNESCO o la aerolíneas, una música bastante primitiva para alcanzar universalidad y bastante buena para hacer su propia historia

Y el glíglico. El glíglico lo inventó la Maga -asegura ella-, que lo habla con Horacio Oliveira. Otro juego infantil: utilizar un lenguaje que los demás no entienden. Y otro juego más en el juego de Rayuela: jugar con las palabras, con la lengua, con las lenguas. Formas de subversión, antítesis de la norma, de la pureza:

Pureza. Horrible palabra. Puré, y después za.

A es A, a rose is a rose is a rose, April is the cruellest month, cada cosa en su lugar y una lugar para cada rosa es una rosa es una rosa…

Armar y desarmar

Ninguna estructura se salva de la diversión de armar y desarmar. Nada más empezar lo comprobamos con la construcción de la novela. Lo acabamos de ver con las palabras y las frases. También las líneas del capítulo 34 hay que armarlas, lo que nos obliga, por lo tanto, a armar el capítulo, porque Cortázar ha encontrado la solución imposible para esa vieja aspiración de cualquier narración: contar simultáneamente hechos simultáneos.

En 1963 ya nos habíamos hecho a la idea de que la palabra y el discurso lingüístico necesitaban un espacio para desarrollarse y que colocando una letra encima de otra solo se conseguía no entender nada. Lo mismo ocurría al escribir una palabra encima de otra, una oración encima de otra, y, así, sucesivamente. Pero Cortázar se propuso expresar al mismo tiempo la lectura de un libro y el pensamiento del lector. La primera línea del capítulo 34 continuará en la tercera, en la quinta, etc. Sólo un lector avisado o una lectora prevenida sabrán que en las líneas impares leemos las primeras páginas de Lo prohibido de Pérez Galdós. Por las líneas pares nos llega el pensamiento de Oliveira. ¿Boludeces? ¿Ganas de joder? No. El autor es coherente con sus propias reglas del juego.

Personajes

La Maga nos fascinó. Nadie que pasó por el París de Rayuela se olvida de la Maga (ni siquiera los críticos que hacen ediciones críticas ni los estudiosos académicos ni los académicos estudiosos ni los articulistas envidiosos).  Queremos a Horacio Oliveira cuando nos cuenta de su relación con la Maga que

Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos

Y ya a Oliveira casi no lo volvemos a querer nunca más.

Y nos suena muy lindo si leemos que

Se citaban por ahí y casi siempre se encontraban

Rayuela se entrega al romanticismo cuando la Maga vive el mundo de las calles de París y nos atrapa el mundo Maga

un mundo donde te movías como un caballo de ajedrez que se moviera como una torre que se moviera como un alfil

A Oliveira lo miramos mal desde que empezó a hablar y lo llenó todo de palabras (amontonas palabras inútiles, le reprocha su amigo Traveler).  Oliveira, clase media, porteño, no está en el mundo, según la Maga, mira el mundo, es un testigo permanente de la vida, de sí mismo, de quienes lo rodean:

A fuerza de temer la excesiva localización de los puntos de vista, había terminado por pesar y hasta aceptar demasiado el sí y el no de todo, a mirar desde el fiel los platillos de la balanza

Comenzamos a romper con Oliveira y con los demás amigos de París, miembros del Club de la Serpiente, cuando nos enteramos de que se irritaban porque a la Maga había que explicarle casi todo lo que estaban hablando o porque

ella hacía volar un cuarto kilo de papas fritas por el aire simplemente porque era incapaz de manejar decentemente un tenedor y la papas fritas acababan casi siempre en el pelo de los tipos de la otra mesa

A los tipos del Club les leemos oír discadas (así llamaban a sus reuniones para escuchar jazz), siempre mucho jazz, fumar mucho y beber mucho y hablar, mucho hablar.

Surrealismo y humor

Perdemos a la Maga cuando la pierde Oliveira. Dejamos entonces París para llegar a Buenos Aires. Buenos Aires no es París y, aunque sospechemos que ya para siempre París será la capital de Buenos Aires, las dos ciudades pertenecen al mismo mundo surreal, mundo Cortázar. Todo juego infantil va cargado de la ilógica y la fantasía del surrealismo, pero siempre con reglas estrictas, es decir, estructurado, como una novela. Por ejemplo, la rayuela: cómo pasar siguiendo las normas de la Tierra al Cielo por un camino de casillas sucesivas pintado en una acera.

Recorreremos las calles de París, con un plano en la mano si queremos, e iremos en Buenos Aires de la casa de Oliveira a la de su amigo Traveler, tan cercanas que las unirán por un tablón, y del circo en el que trabaja Traveler a un manicomio. En ningún momento vendrá en nuestro auxilio un guía narrador de cada lugar que nos describa por donde vamos, sus costumbres o cafés más recomendables, ni nos enseñarán el circo. El manicomio solo se comprende (tanto en el sentido de entender como en el de contener, incluir en sí algo) con los liberados ojos del surrealismo, como todo el recorrido por Rayuela.

El humor utiliza elementos reales, pero la relación entre esos elementos nos sorprende  y, por eso, nos provoca la risa. En esa relación sorprendente vive el surrealismo y también en esos elementos reales que se rebelan porque no responden o actúan lógicamente, y con los cuales se construye un mundo fantástico. Por ejemplo, el mundo Cortázar. Lo crea Cortázar con sus conocidas Instrucciones para subir una escalera y Tip y Coll con sus instrucciones para llenar un vaso de agua. El surrealismo y el humor de Les Luthiers no es ajeno al capítulo 23 de Rayuela cuando Oliveira se refugia de la lluvia metiéndose en un concierto de piano de madame Berthe Trépat.

El juego de los dobles

No falta en Rayuela el juego de los dobles. Otro juego. París y Buenos Aires son el lado de allá y el lado de acá (así se dividen las dos partes imprescindibles). En Buenos Aires, Oliveira se reencuentra con un amigo de la juventud, Traveler, que llevaba muy mal llamarse así porque nunca se había movido de la Argentina como no fuera para cruzar a Montevideo o a Asunción del Paraguay. En Traveler encuentra Oliveira su yo manejable, marioneta sin la cual no puede vivir:

Nada me extrañaría que vos y yo fuéramos el mismo, uno de cada lado. Como decís que soy un vanidoso, parece que me he elegido el lado más favorable

Para este juego de dobles es imprescindible la ficha doble del amor-odio. Traveler exclamará que la vida es una pura joda cuando sepa que su amigo regresa, pero irá a esperarlo al puerto. Oliveira, al reconocer a Traveler en el puerto, levanta las cejas sorprendido y fastidiado. En Talita, la mujer de Traveler, hallará Oliveira una doble de la Maga:

Horacio vio a la Maga esta noche –dijo Talita-. […] La Maga era yo

Traveler le conseguirá a Oliveira un trabajo en el circo y formará parte del nuevo negocio que el dueño del circo comienza: el manicomio. Dejamos a Oliveira asomado a una de sus ventanas, mirando hacia el patio en el que veía una rayuela. Final de las dos partes imprescindibles. Si hemos recorrido ordenadamente las 56 primeras casillas (capítulos), comenzaremos los capítulos agrupados bajo el título general de De otros lados. Estos son, según el Tablero de dirección, los capítulos prescindibles, y ya sobrepasamos el límite de las dos mil palabras exigido a este artículo.