Reflexiones al hilo de un discurso (II)

Foto por Landahlauts
Foto por Landahlauts

Por Carlos ARENAS POSADAS

En la segunda parte de su discurso, la candidata Díaz abordó asuntos económicos.

 “Así, en España, por primera vez en la historia, en este año, los beneficios del capital tienen más participación que los salarios en la renta nacional generada. Esto se traduce, sencillamente, en un empobrecimiento de las clases medias trabajadoras”. Dicho así  parece que la pobreza relativa del trabajo frente al capital sea cosa de ayer cuando el deterioro de las rentas salariales cumple ya tres decenios.  La economía andaluza está sostenida por la demanda interna y malamente aquella va a prosperar con bajos salarios. Insistir en el ataque contra las rentas del trabajo y las pensiones es como pegarse un tiro en el pie. En cuanto a lo de las “clases medias trabajadoras” me parece una cursilería. Si Pablo Iglesias o Largo Caballero levantaran la cabeza…

“Por su parte, la reforma laboral ha contribuido decisivamente a desequilibrar las relaciones laborales en perjuicio de la parte más débil, los trabajadores”. Cierto, y de ello se han aprovechado muchos empresarios andaluces en los últimos años. Mientras siga esta espiral suicida de flexplotación no solo no mejorará, como he dicho, los niveles de la demanda agregada, sino tampoco de capital humano y, lo peor, será imposible cambiar el modelo productivo porque, como antes ocurrió con el latifundio, los sectores más rentables para los inversores serán los intensivos en mano de obra poco cualificada, precaria y barata. Cambiar el modelo de relaciones laborales y acabar con las elevadas tasas de desempleo que presionan los salarios hacia abajo es imprescindible.

“Es evidente que las llamadas “políticas de austeridad”, por definición, no promueven el crecimiento económico, no sirven para relanzar la actividad productiva y el empleo” (…). “Yo les digo, señorías, que otra política es posible. Que otra política es necesaria”. Correcto; el problema es cómo hacerlo. Las dificultades van a ser enormes dado que no todas sus señorías “trabajan para salir de la crisis”; no aquellas que están al servicio de quienes se aprovechan de la crisis para enriquecerse a base de privatizaciones, fabulosas transferencias de rentas desde los servicios públicos a los “servicios” financieros, cupones de deuda pública y estrategias inversoras de casino. No valen las componendas ni sirve el to er mundo é güeno; si se apuesta por una economía productiva que cree empleo hay que hacer políticas que desincentiven manejos depredadores y especulativos.

 “Mi Gobierno hará, pues, una política económica de revaluación de nuestros activos, de nuestras posibilidades y de nuestras capacidades”. Bueno; como declaración de intenciones no está mal. De nuevo parece que la política toma el mando de las operaciones en materia económica. Las dos décadas en las que Chaves y Griñán han abandonado la economía andaluza en manos de las empresas sin que ello se haya traducido en convergencia de nuestra economía con las regiones más ricas de España. Si se trata de aprovechar los recursos endógenos sería interesante, porque en el discurso no se concreta  nada al respecto, hacer políticas que potencien la articulación del mercado interno andaluz, la creación de externalidades entre productores, la potenciación de marcas y cadenas comerciales andaluzas, la creación de una cultura de autodefensa en la población, de una economía crecientemente inclusiva en la comunidad.

“Por ello, debo decirles a los empresarios andaluces, a esos que invierten e innovan, que en el gobierno andaluz van a encontrar un aliado, que no tengan ninguna duda en ese sentido. Mi objetivo es ayudarles a crecer con una política económica que propicie que puedan ganar tamaño, innovar, internacionalizarse, invertir y, en consecuencia, crear empleo”. Está bien; en vez de practicar un capitalismo de amiguetes como hasta ahora, parece que podrían ponerse en marcha políticas conductistas destinadas a premiar a los empresarios inmersos en el cambio del modelo productivo, que innovan en el sentido más amplio de la palabra y crean empleo (de calidad). Efectivamente, el problema de Andalucía es que no existen apenas empresas de mediano tamaño; existen unos pocos enclaves industriales, grandes cadenas de distribución de capital foráneo y una miríada de minúsculas empresas sin capacidad de acumular capital y de invertir. Ayudar a las microempresas a “ganar tamaño” no consiste en conceder subvenciones selectivas o indiscriminadas; se consigue incentivando la concentración empresarial, la formación de franquicias o clusters, la revitalización o reconversión de los distritos existentes; con políticas sectoriales donde participen activa y directamente los afectados dirigidas a crear valores añadidos; políticas conducentes a arraigar un espíritu de cooperación, en el campo de la agricultura y de agroindustria por ejemplo, que sirva para olvidar el tradicional “sálvese el que pueda” y para liberar a los productores de las garras de grandes distribuidores e intermediarios. Basta de poner el acento en enclaves aeronáuticos, químicos o portuarios intermodales; póngase el acento en lo verdaderamente importante: acabar con la tradicional discriminación de las pymes y estimular en ellas sinergias de colaboración. No hace falta inventar mucho: el progreso almeriense de las últimas décadas está basado en parte en eso.

 “Una política económica que debe contemplar una redefinición de nuestro modelo productivo y, en consecuencia, de nuestra estrategia de crecimiento y desarrollo económico. Andalucía tiene que encontrar su mejor lugar en el escenario de la globalización”. Hay dos maneras convencionales de encajar en la globalización: o ir por el camino de arriba invirtiendo en I+D+I en mayor medida que lo están haciendo las primeras potencias mundiales (y para ello hace falta bastante más que Otris universitarias, parques tecnológicos y por supuesto otro tipo de empresas), o ir por el camino de abajo vendiendo naturaleza a bajo precio y abaratando el trabajo al punto de la esclavitud para que lleguen multinacionales que no precisen de mano de obra cualificada. Hay una tercera manera no convencional y más fructífera: defender un modelo propio de hacer y organizar la actividad económica, más inclusiva y autosuficiente en el abastecimiento de productos básicos, más productora de bienes y servicios intangibles, culturales, comunitarios, asistenciales, medioambientales,  más atenta a la calidad de vida que a la cantidad de mercancías consumidas, más a la distribución del producto social que a la acumulación de capital.

 “Una nueva economía requiere unos nuevos instrumentos. Hay que pasar de la subvención al incentivo. Una estrategia que contemple no sólo los fines y objetivos sino las diversas políticas instrumentales. Una profunda revisión que no dé por sentado nada, que analice la validez y eficacia de los distintos instrumentos, desde las titulaciones universitarias o la FP hasta la reorientación integral de toda la política de incentivos, subvenciones y ayudas públicas”. ¡Ay, las titulaciones universitarias y la frustración de los egresados universitarios! ¡Ay, las subvenciones y las estrategias buscadoras de rentas!

“Es tiempo de encontrar soluciones y no perder más tiempo buscando responsables”. Para nada. Todo lo contrario. Las soluciones no se encuentran si antes no se analiza el origen de los problemas. El principal problema de la economía andaluza es que históricamente se ha fundamentado en un capitalismo excluyente donde los recursos de todo tipo han estado muy desigualmente distribuidos. Hasta que esto no quede claro y se ponga remedio, no habrá cambio ni tiempo nuevo para Andalucía.

“Por ello, me comprometo a crear un instrumento público que facilite financiación a los proyectos empresariales y que aplique las recomendaciones del Grupo de Trabajo sobre creación de un instituto público de crédito andaluz, que se está desarrollando en este Parlamento”. ¡Qué circunloquios y vaguedades para no decir nada de lo que realmente se necesita!: un sistema financiero andaluz con participación pública gestionado por gente capaz y decente que sirva para salir de la colonización parcial en el actualmente se encuentra y hacer del ahorro de los andaluces, hoy disperso y camino de Madrid, Bilbao o Barcelona, fuente de proyectos y políticas económicas.

 “Andalucía cuenta con una enorme propiedad de tierras de titularidad pública agraria y forestal que puede movilizarse en favor del desarrollo económico de los ciudadanos que habitan los municipios rurales”. No solo de titularidad pública. Andalucía debería contar con cientos de miles de hectáreas muchas de ellas improductivas en manos de “reconquistadores” que han pasado y pasan por la historia de renta en renta. Si no se quiere volver a la época de las reformas agrarias, si se prefiere seguir conviviendo con la ignominia ¿no podría exigírsele al menos al “sherry party” un mayor compromiso inversor con “su” tierra?

 “El objetivo es promover el desarrollo local sostenible en consonancia con la evolución de las nuevas políticas europeas”. Error. Está demostrado que las políticas regionales en “consonancia con Bruselas no han servido gran cosa para mejorar la posición de Andalucía con respecto a otras regiones de la Unión y sí han servido para empeorarla con respecto a las regiones del norte de España. Las ayudas europeas destinadas básicamente a la creación de infraestructuras han servido para colonizar aún más nuestro mercado y las destinadas a las empresas han favorecido las corruptelas e incrementado el carácter clientelar de nuestra sociedad en beneficio del partido gobernante.

 “Igualmente, estableceremos medidas destinadas a estimular la economía social y las fórmulas de trabajo cooperativo, al tiempo que se favorecerá la empleabilidad de colectivos en riego de exclusión social”. ¡Vaya. Como en la época de la encíclica Rerum Novarum! La economía social se mete en el mismo paquete que la beneficencia. La economía social debe de ser uno de los motores del cambio del modelo económico. La cooperativa, la banca ética y sostenible, los mercados sociales deben ser alternativas al individualismo económico cuyos resultados padecemos y no un ámbito vergonzante para pobres y excluidos.

Terminado ya este repaso al hilo del discurso de doña Susana Díaz en materia económica, ofreceré una valoración global del mismo.

La primera impresión es que se trata de un discurso ambivalente, ecléctico, hasta contradictorio en ocasiones, quizás producto del intento pretendidamente astuto de contentar a todos al mismo tiempo (lo cual es imposible), quizás producto de haberse dejado aconsejar por economistas de distintas tendencias y enfoques sin que la presidenta haya sido capaz de superar en síntesis propositiva la mera agregación de enfoques ya digo contradictorios. Yo me quedo, y espero que la presidenta también, con aquella parte de su discurso que hace referencias a la primacía de la política (decente) sobre la empresa, que apuesta por un cambio en el modelo productivo, por dejar de usar el dinero público para fomentar la clientela política, de premiar el mérito y no el compadrazgo, por la crítica a las políticas de recortes y a las reformas de flexplotación laboral. Pero me doy cuenta que esas alusiones son solo humo si no van acompañadas de políticas aplicadas; noto por el contrario que son más precisas aquellas alusiones que persisten en valoraciones  acríticas de la iniciativa privada poniéndola en el centro de las decisiones inversoras, que cierra los ojos a las causas del problema del atraso relativo andaluz y del 36% de parados, que elude al problema de la tierra o de la ocupación especulativa del territorio, que celebra iniciativas de escaparate antes que concretar los mecanismos necesarios para hacer más inclusivo nuestro modelo económico. El PSOE ha sido especialista en vender humo, en discursear con la mano izquierda y hacer política con la derecha. Quizás porque la sociedad andaluza se lo ha permitido. Veremos de aquí en adelante.

(Continuará)