Reflexiones al hilo de un discurso (I)

Foto por aka_lusi
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Por Carlos ARENAS POSADAS

Quiero creerme y deseo que la investidura de doña Susana Díaz como presidenta de la Comunidad Autónoma Andaluza sea el principio de un nuevo tiempo para  Andalucía. No es necesariamente confianza ciega en una mujer joven de la que desconozco sus méritos más allá de la vida partidaria, sino la convicción de que el nivel de deterioro económico, político y moral ha alcanzado en los últimos años tan bajas cotas en Andalucía que uno no puede por menos de esperar que lo que suceda en el inmediato futuro sea necesariamente mejor.

 Con esa esperanza he empezado a leer el discurso de la señora Díaz; en las próximas páginas me propongo trasladar a los lectores las reflexiones que se me han ido ocurriendo al hilo de la lectura. En el momento en que se escribe este renglón no sé si mi disposición inicial a confiar en las propuestas de Díaz se verá confirmada al concluir la lectura. Empecemos.

 En referencia a la mujer: “Ninguna sociedad, y mucho menos la que aspire a un modelo avanzado de convivencia, puede permitirse no contar con el enorme caudal de empuje, capacidad de trabajo y valía de la mitad de la población”. De acuerdo; pero observo que en la presidenta, en realidad en todos los presidentes que la han precedido, caló hondo aquella máxima felipista de que había  que ser socialista antes que marxista que venía a ser como pedir a un cojo que tirara al suelo las muletas para que se moviera dando brincos. Aplicando un análisis “de clase” al mismo tiempo que un análisis “de género” diría que tradicionalmente en Andalucía la proporción de los excluidos, mujeres y hombres, ha superado con creces la mitad de la población. Los excluidos de la tierra, del capital, de la cultura, de la sociabilidad, del trabajo han sido los trabajadores y trabajadoras, asalariados o autónomos, pequeños empresarios y empresarias, cuyo proporción puede acercarse sin exagerar al noventa y cinco por ciento de la población. Este debería ser el reto del nuevo gobierno, hallar, organizar y promover los interlocutores directos de la inmensa mayoría.

 “Sólo nuevos pilotos nos llevarán a nuevos horizontes”. Moisés guiando a su pueblo: pilotos, grandes timoneles, caudillos, etc. El PSOE no pierde la pelusa jacobina que siempre le ha caracterizado. Es normal que la señora presidenta tenga un subidón de autoestima tras años de gestión dentro de un partido acobardado por los escándalos de corrupción y por la convicción generalizada de que quien se mueve no sale en la foto, pero en un momento histórico como éste “guiado” a nivel global desde las cimas del capital financiero, la “piloto” de una Junta en una región periférica necesitará de apoyos en la mayoría social masculina y femenina para llegar a los nuevos horizontes a los que aspiramos.

 “Vivimos un tiempo que se caracteriza por la cada vez más profunda desafección de los ciudadanos hacia la política”. La desafección de la política es vieja en Andalucía y  no depende tanto de que los sucesivos “pilotos” a lo largo de la historia hayan sido más o menos morales; es, sobre todo, la expresión de la exclusión del poder, de la toma de decisiones, de la impotencia y el fatalismo de las clases populares.

“Frente a quienes comparecen ante la sociedad sosteniendo que se está haciendo lo único que se puede hacer, frente a quienes dicen que nada distinto o alternativo puede llevarse a cabo, frente a quienes consideran que gobernar es limitarse a gestionar las imposiciones de terceros, el proyecto que hoy les presento se basa, precisamente, en no resignarse y en cambiar las cosas”. Muy bien. El problema es cómo cambiar las cosas.

 “Combatirla (la corrupción) en todos los frentes, con más medidas, más controles, más vigilancia y con mejores prácticas”. La señora presidenta propone medidas para acabar con la corrupción política. No está mal, pero habría que extender efectivamente la lucha contra la corrupción “a todos los frentes” porque no hay políticos honestos en una sociedad deshonesta. La inmoralidad de algunos políticos se ha sustanciado desde el poder, pero dudo mucho que fueran personas intachables antes de llegar a la poltrona. Luchar contra la corrupción es, primero, luchar contra la permisividad de la corruptela, contra el “con IVA o sin IVA”, contra el fraude fiscal, contra la economía sumergida, la desidia en la administración, etc., a favor de una cultura colectiva de vigilancia y denuncia de estas prácticas porque robar lo que es de todos es, en última instancia, robar lo de cada uno. Que deje de ser un lugar común la idea de que no se paga impuestos para que se lo queden los políticos o la de que se tienen derechos pero no obligaciones. Las grandes corrupciones se justifican porque hay permisividad  ante las pequeñas corruptelas; controladas éstas, las exigencias y el control sobre la clase política o financiera serán más contundentes. El “regeneracionismo” al que alude la presidenta no debe recaer solo sobre la clase política, sino también debe ser, como su nombre indica, una vuelta del calcetín moral de toda la sociedad andaluza. Y eso no se aprende en las escuelas; se aprende con el palo y la zanahoria.

Combatir la corrupción es, en segundo lugar, acabar con el clientelismo, el trato de favor, verdadero cáncer de la sociedad andaluza a lo largo de su historia, demostración de la minoría de edad de un pueblo y de la dependencia envenenada de señores, señoritos y políticos. La verdadera igualdad de oportunidades, el acceso a los recursos tangibles e intangibles son la mejor vacuna contra el clientelismo.

Combatir la corrupción, en tercer lugar y sobre todo, es acabar con el estado de prevaricación sistémica a favor de los poderosos que se refleja en los boletines oficiales. Por ejemplo, los grandes corruptos insertos en el sistema financiero no necesitan mancharse las manos, le bastan con las leyes para que el resto de la población  les transfiera rentas cuando llegan pérdidas o los dividendos no alcanzan los niveles esperados. Mírese que el apoyo institucional y legal a tal o cual empresa importante no constituya un despilfarro ni implique barreras de entrada que limiten las iniciativas ciudadanas. Estúdiese la manera de que los recursos públicos estén convenientemente repartidos y no acaparados por los que siempre han estado cerca del poder.

“Los despachos del Gobierno que pienso formar, si obtengo la confianza de la

Cámara, serán las sedes de las Consejerías pero también los pueblos y calles de Andalucía”. Cuidado con la demagogia señora presidenta que los lobbies locales son poderosos. Recuerdo el mitin de un viejo amigo sindicalista en la campaña electoral de junio de 1977 en el que venía a decir más o menos lo mismo: el diputado se presentaría en la plaza del pueblo a oír lo que tenían que decir los ciudadanos; después vino el desencanto jacobino y hoy el pueblo ve Telecinco, procesiona penitente y sufre con las derrotas de su equipo de su alma. Contar con el pueblo es, primero, proceder a acumular su capital social, favorecer la sociabilidad, renunciar a interferir y ocupar partidista y clientelarmente el control de las organizaciones, renunciar a pantomimas por la cúspide y a los consejos económicos y sociales que son representaciones fantasmagóricas de concertación. Solo después de esto se puede establecer mecanismos fructíferos de interacción y co-gobierno.

En cuanto a la transparencia “les anuncio, igualmente, que vamos a exigir la introducción de Indicadores de Evaluación en todas las normas y procedimientos que se aprueben, con el fin de que no sólo los gestores públicos, sino todos los ciudadanos puedan conocer el grado de cumplimiento de los objetivos conseguidos por dicha norma o procedimiento”. No hace falta “exigir”, solo basta con dictar los criterios de tales indicadores de evaluación; criterios nuevos y distintos a los que ya existen ceñidos tautológicamente a los niveles de ejecución de las partidas presupuestarias, subvenciones, etc. Los nuevos indicadores, inexcusablemente, deben recoger el efecto que el dinero público empleado ha tenido sobre cualquiera de las variables que mide el bienestar, el empleo, la sostenibilidad medioambiental, la distribución de la riqueza, la igualdad de oportunidades, etc.

 Continuará…

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