¿Es posible la esperanza?

genovesPor José GARCÍA GARCÍA

Esta mañana no he podido obviar un recuerdo de aquella  otra del 11 de julio de 1976. La noche anterior había nacido mi primera hija, que bien podría haberse llamado Libertad, pues después de pasar la noche junto a ella y su madre, me apresuré para participar de la primera manifestación con “autorización gubernativa” para la oposición después de los cuarenta años de dictadura que siguieron al fatídico y sangriento golpe de Estado del 18 de julio de 1936.

“De día histórico se puede denominar el vivido el domingo (11 de julio) por el pueblo sevillano… temprano se congregó en los jardines del Cristina respondiendo a la convocatoria realizada por la Coordinadora Democrática.”

“A las doce en punto, con orden pero con espíritu revolucionario, se puso en marcha. Abría la misma una gran pancarta con la palabra AMNISTIA.” Así lo contaba la revista TORNEO (semanario popular andaluz).

También el clandestino Órgano del Comité Provincial de Sevilla del P.C.E. “SENDA”, se hacía eco del acontecimiento, terminando su referencia con las siguientes palabras; “… y ha sido ésta además, una respuesta dada en todas las ciudades del Estado Español en una petición de la Coordinadora Democrática, llamada sin precedente histórico, por su extensión y por el carácter unitario y diverso del órgano que convoca.”

La mañana no estaba exenta de tensión, un nudo en la garganta y a pesar del mes julio un cierto escalofrío recorría la espalda mientras aguardábamos el inicio de la manifestación. La cada vez mayor afluencia de ciudadanos y ciudadanas, hacía relajar la tensión y poco a poco el corazón se aceleraba, las gargantas se inflamaban y al final explotaron  desparramando al aire, de aquella mañana sevillana a orillas del rio Guadalquivir testigo mudo de la historia, palabras contenidas y deseosas de hacerlas realidad; AMNISTIA y LIBERTAD.

Se había iniciado una inexorable marcha hacia la libertad, en un proceso de madurez, civismo y responsabilidad, que de manera incruenta armoniza la transición a un Estado de derecho y libertades. Y que avala la Constitución Española de 1978.

Y entendamos esto último, porque el proceso no estuvo exento de obstáculos y dificultades, no en vano quedaron en el camino compañeros abnegados, caídos víctimas de la sinrazón y la intransigencia, a los que les debemos memoria e historia. Pero la mayor retentiva que le podríamos haber dedicado, hoy quizás sea demasiado tarde, era haber exigido la observancia de la Constitución y un desarrollo progresista de la misma. Pues la Constitución en sí contiene soluciones a los problemas económicos-financieros, sin deteriorar el mercado de trabajo y precarizar aún más las condiciones laborales y sociales del conjunto de los ciudadanos y ciudadanas. Sirvan el recordatorio de estos artículos constitucionales.

Artº   24- Todas las personas tienen el derecho a obtener la tutela efectiva  de los jueces y tribunales en el ejercicio de sus derechos e intereses legítimos, sin que, en ningún caso, pueda producirse indefensión.

Artº   27- Todos tienen derecho a la educación. Se reconoce la libertad de enseñanza.

Artº   31- Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad.

Artº   35- Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo.

Artº   39- Los poderes públicos aseguran la protección social, económica y jurídica de la familia.

Artº   41- Los poderes públicos mantendrán un régimen público de Seguridad Social para todos los ciudadanos, que garantice la asistencia y prestaciones sociales suficientes.

Artº   43- Se reconoce el derecho a la protección de la salud.

Artº   44- Los poderes públicos promoverán y tutelaran el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho.

Promoverán la ciencia y la investigación científica y técnica en beneficio del interés general.

Artº   45- Todos tienen el derecho a disfrutar de un medio ambiente adecuado.

Artº   47- Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada.

Artº 149- (Competencia exclusiva del Estado). La regularización de las condiciones básicas que garanticen la igualdad de todos los españoles en el ejercicio de los derechos y en cumplimiento de los deberes constitucionales.

Pero una vez más la izquierda utópica, siempre necesaria para mantener la capacidad de transformación, abandona la gestión de la realidad, en este caso la Constitución, en manos de quienes estuvieron ausentes de aquella pancarta o aparecieron en ella para la foto. Nos han manipulado, han utilizado lo emocional sobre la reflexión, nos han tratado de forma infantil ante la transparencia, la información y la participación, han utilizado la gradualidad en sus decisiones hasta imponerlas y por último nos han hecho sentir responsables de sus errores. Esto no es más que parte de su estrategia para profundizar más en las desigualdades existentes. Como dice Owen Jones, en su obra. ”Chavs: La demonización de la clase obrera.”

“El objetivo es acabar con la clase obrera como fuerza política y económica de la sociedad, reemplazándola por un conjunto de individuos o emprendedores que compitan entre sí por sus propios intereses.”

  No nos perdamos en interpretaciones que obvien un análisis material de la realidad; pues solo nos quedará lo que alguien definió con esta frase. “Dios ha muerto, Marx ha muerto, la Historia ha muerto y yo me encuentro francamente mal.” Urge que el pensamiento de izquierda salga analíticamente de sus miras cortoplacistas y sin negar la mayor, es decir reconocer el impulso revolucionario que se puso en marcha aquel 11 de julio y que culminó con la Constitución de 1978. A partir de aquí, con las lecciones aprendidas pongámonos de nuevo en marcha. Necesitamos un nuevo contrato social justo que oponer a las políticas de recortes y a la destrucción del Estado del Bienestar.

Este no ha querido ser un ejercicio de nostalgia, sino el recuerdo de un pasado en el que contribuimos con aciertos y errores al presente y desde el cual podamos apostar por un futuro esperanzador.

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