Otra cuestión meridional. Susana Díaz y la hegemonía de la izquierda.

susanaPor Javier ARISTU

En esta mitad del lento y cálido verano dos noticias se me cruzan: por un lado que el PIB andaluz caerá un 1,6 y su desempleo llegará al 36%, según el informe del grupo Analistas Económicos de Andalucía (ver El País de 18 de julio); por el otro, que Susana Díaz ha sido proclamada automáticamente candidata del PSOE a la Junta de Andalucía al no conseguir los demás competidores los avales suficientes para poder contender en la primarias. La ya candidata socialista obtuvo 22.880 firmas, la mitad de los 45.733 militantes que tiene ese partido. Y lo consiguió en menos de tres semanas lo cual debe aportarnos bastante luz acerca de cómo funciona el engranaje del partido socialista andaluz. Ninguna primaria anterior o proceso de designación de candidatos en el partido socialista han tenido este ribete de caudillismo o, al menos, de asentimiento pasivo.

Vayamos por partes.

Todos los informes económicos nos aportan básicamente la misma información relativa a nuestra Comunidad: económicamente es una Comunidad bajo mínimos donde destaca el hecho de que el empleo no levanta cabeza. La cifra del 37% de paro nos sitúa a la cabeza del estado, 9 puntos por encima de la nacional. Como se ha venido insistiendo desde hace ya bastante tiempo (véanse los artículos que en este blog ha venido publicando Carlos Arenas y el esclarecedor artículo de Manuel Delgado Cabezas “La economía andaluza durante las tres últimas décadas. 1981-2011” en el volumen colectivo Andalucía. Identidades culturales y dinámicas sociales, publicado en 2012 por el Centro de Estudios Andaluces) Andalucía sigue siendo una comunidad social y económica distanciada de las principales economías españolas y europeas: el diferencial negativo no ha podido ser reducido. Y en estos treinta años la Comunidad ha estado gobernada por un partido denominado socialista, es decir, anunciado de tinte progresista y cuyos referentes sociales se proclaman de los trabajadores. Una absoluta hegemonía de esta formación sobre el resto de fuerzas políticas —fueran aquellas andalucistas nacionalistas, derecha conservadora o izquierda ex comunista— y un absoluto dominio de los circuitos institucionales, sociales y culturales no han conseguido que la brecha diferencial con las otras economías y formaciones sociales españolas se reduzca. Es más, puede al parecer agrandarse tras esta fenomenal crisis.

Todo este colapso social, económico y cultural que azota nuestra tierra, donde los ideales que promulgaba nuestro proyecto político autonómico iniciado en 1977 y refrendado en 1980 han quedado si no anulados sí al menos en suspenso, se viene en resolver por parte del PSOE a través de una operación con tintes del más clásico enredo palaciego y que no dudo en calificar de” golpe de mano”. La operación que se ha venido en proclamar —sin debate, sin proceso real de primarias, sin conexión con ninguna red de sustento social— como “un nuevo tiempo político” es ni más ni menos que un “golpe de mano” dirigido a relevar a la generación  anterior de dirigentes socialistas, la que ha venido comandando este partido desde 1974  a fin de copar por parte de los lobeznos de la juventud socialista, los treintañeros con ganas ya de mandar del todo, el entramado orgánico e institucional de este partido. Todo con una metodología que hasta el propio Felipe González tiene que criticar.

Nadie podía imaginar que un año y medio después de las elecciones autonómicas, en medio de una crisis extraordinaria como la que estamos sufriendo, el proceso de renovación de ideas, de programas, de conceptos y de equipos en el primer partido andaluz se iba a resolver en tres semanas y con estos resultados. ¿Nos merecemos esto la sociedad andaluza? ¿Es lícito que los votantes y simpatizantes progresistas sean tratados de esta manera? ¿Hasta cuándo se va a seguir transmitiendo a los votantes del PSOE , y por extensión a todos los votantes de izquierda, esta cultura de corte palaciega y aparato donde el debate y la discusión es inexistente y lo que prima es la posición personal en el aparato? Creo sinceramente que este partido ha perdido una ocasión para no equivocarse y estoy seguro de que lo ocurrido en este mes de julio de 2013 le va a acarrear consecuencias negativas en el futuro.

Aprovechando las largas jornadas de descanso y ocio que aporta el verano he recurrido de nuevo a los clásicos. No sé si los jóvenes lobeznos —ya no tan jóvenes— que dominan hoy las estructuras de poder de la izquierda recurren a buscar en los maestros del pasado inspiración para los problemas de hoy. Creo que harían bien si desempolvaran ciertos autores y algunos títulos. Yo lo he hecho con Antonio Gramsci. Aparte de tener una escritura y un estilo limpio, claro y sencillo, Gramsci sigue siendo setenta años después de su muerte un referente cultural de primer orden para la izquierda. He vuelto a leer y releer varias veces durante estas semanas su texto “Algunos temas de la cuestión meridional”. Su manuscrito quedó inconcluso porque la policía fascista lo detuvo antes de su culminación. Así y todo sigue siendo un texto clarificador para entender el funcionamiento de una sociedad, el papel de sus intelectuales (los que hoy llamaríamos profesionales), de la cultura como cemento que crea una ideología nacional y de las élites económicas, sociales y políticas como vertebradoras de una comunidad a través de sus alianzas y sus creaciones de conciencia. Gramsci lo escribió para precisar el núcleo de su proyecto nacional construido en torno a la alianza entre el proletariado piamontés y del norte y el campesinado meridional o del sur. Aprovechando ese objetivo realiza un repaso de lo que fue la historia de los procesos de hegemonía por parte de los industriales del norte italiano y los grandes propietarios de la tierra del centro y del sur para diseñar un sistema de dominio tanto sobre los trabajadores del norte industrial como sobre los campesinos pequeños del sur. Una de sus grandes descubrimientos consiste en detectar cómo es una parte decisiva de las élites meridionales la que realiza el trabajo de acarrear el consenso de las masas agrarias y del sur hacia le dirección hegemónica de los capitalistas industriales del norte. En ese proceso de mediación hegemónica juegan un papel decisivo intelectuales, literatos, profesionales… y los partidos de la propia sociedad meridional.

Andalucía no es Sicilia ni Calabria; no estamos tampoco en los comienzos del capitalismo fordista. No se trata de trasladar mecánicamente los presupuestos gramscianos sino de inspirarnos en ellos mismos para ayudarnos a entender mejor lo que está pasando hoy en Andalucía. Y una cosa parece cierta: es muy posible que a lo largo de estos últimos treinta años los centros decisivos de poder hegemónico andaluz no hayan estado en el comité regional del PSOE andaluz. Es bastante probable que las élites de dominio hayan sido las mismas que han venido dirigiendo los procesos sociales durante gran parte del siglo XX. La izquierda ha adolecido de una debilidad, la de ser incapaz de construir alianzas sociales que permitan variar la dirección hegemónica que el conservadurismo lleva del proceso social. Lo que ha construido es precisamente un sistema de mediaciones subalterno, incapaz de derrotar la dinámica marcada por el capital nacional y europeo, pero capaz de acarrear, precisamente a través del partido socialista, el consenso pasivo que éste necesita para poder gobernar en paz y tranquilidad.

La anécdota Susana Díaz es la caricatura final de este proceso. Una joven leona, criada en los ámbitos y pasillos del aparato partidario, sin señas de identidad salvo las partidarias y populistas de las que hace gala a veces, sin una estructura ideológica consistente y sin ósmosis social va a dirigir a partir de ahora los destinos del partido socialista andaluz, el primer componente del PSOE nacional. Tras los modelos Escuredo, Borbolla, Chaves, Griñán —salidos del grupo de la facultad de derecho liderado por Felipe González, provenientes de la asesoría laboral— viene ahora la joven socialista sin referente social ni intelectual. Es muy posible que si el electorado no lo remedia y da una lección decisiva en las próximas convocatorias tengamos hegemonía de la derecha por muchos años más.

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