Ante la situación de emergencia, ponerlo todo patas arriba

crisisecologica_1Por José LARIOS

Nuestro asiduo lector José Larios nos envía este artículo y nosotros, agradeciéndole su colaboración, lo publicamos a continuación.

La crisis política, económica y ambiental que estamos atravesando es global y sistémica y; aunque en nuestro país tiene unas señas de identidad propias como la barbarie inmobiliaria y sus repercusiones en el empleo, los desahucios y la corrupción política;  no tiene salida.

No estamos ante una crisis cíclica porque el productivismo, impulsado por las prácticas de economía neoliberal, se ha expandido ocupando todo el mundo con la globalización y ha disparado nuevos procesos como el capital financiero desligado de la economía real que amenaza con un nuevo estallido de la crisis.

El capital financiero espolea la depredación de materiales, recursos energéticos, colapsa servicios ambientales y destroza los niveles de sociedad del bienestar que tiene una minoría de la población mundial.

Los limites del crecimiento nos llevan a un colapso civilizatorio que, según todos los indicadores, posiblemente ocurra bastante antes de mediados de siglo.

Con las actuales reglas de juego no hay salida y las organizaciones políticas del siglo XX no están siendo útiles para afrontar estos retos, están diseñadas para actuar en el marco del crecimiento sin fin y la democracia representativa, especialmente flaca en nuestro país.

Los sucesivos gobiernos actúan como títeres del capital financiero trasvasando el dinero de la mayoría ciudadana hacia la minoría plutócrata, macrocorporaciones  y entidades financieras, usando para ello los recortes, privatizaciones, con la estafa de la excusa del equilibrio presupuestario, los rescates a los bancos y las actuaciones de los bancos centrales

Sin apuestas valientes y audaces para cambiar el rumbo actual las alternativas del sistema pueden derivar hacia posiciones mucho más autoritarias y populistas que pretendan asegurar que una minoría se escapa del colapso.

Los continuos escándalos de corrupción aceleran la descomposición sin respuesta suficiente por parte de la izquierda.

Las encuestas están mostrando una y otra vez la falta de confianza en los partidos convencionales, parlamentos y gobiernos.

En los últimos dos años han surgido nuevos movimientos sociales de respuesta con gran pujanza y capacidad de respuesta como 15M, mareas, PAH, … que, en principio aparecen como respuesta defensiva pero que están avanzando hacia la construcción de propuestas.

Aparecen alianzas para la movilización: Frente cívico, Cumbre social, Plataforma de Organizaciones sociales, Bloque Crítico. Pero no se están poniendo en pié alternativas para lograr la mayoría transformadora en los parlamentos

Ante esta situación la única salida, para parar la crisis e iniciar un nuevo rumbo, es necesario iniciar un nuevo proceso constituyente con nuevas estructuras políticas que transiten de la actual democracia representativa hacia la democracia participativa.

Esto puede ser posible, poniendo en pié asambleas ciudadanas, con procesos democráticos horizontales, en las que participen personas de los nuevos y viejos movimientos sociales, de partidos y no organizadas, en nuestros pueblos y ciudades en el que se concensúen programas amplios y propongan candidaturas elegidas en primarias para hacer posible una mayoría parlamentaria suficiente para frenar los recortes, auditar la deuda, cambiar la ley electoral y convocar elecciones constituyentes.

Las personas que resulten elegidas aceptaran el seguimiento de las asambleas que los eligieron para representarlos y la revocación, en el caso de que sus actuaciones no sean las que las asambleas han decidido.

.El marco inicial serían la elecciones generales, tanto si logramos la dimisión de gobierno actual como si no. Aunque no habría que descartar cualquier otra contienda electoral.

El objetivo fundamental es el empoderamiento de la ciudadanía para limpiar de corrupción la política, frenar los recortes, profundizar en la democracia participativa  y un poner en marcha un proceso constituyente laico republicanista.

Este proceso es novedoso y con toda seguridad podremos cometer errores, pero es mucho peor no actuar y esperar al crecimiento de unos puntos porcentuales de algunas formaciones políticas, en un marco de creciente abstención, incapaces de torcer el rumbo del actual estado de cosas.

La inercia en las formas viejas de actuación política, el ritualismo militante que repite una y otra vez las mismas formas y contenidos sin ver si están siendo útiles para modificar la realidad, la desconfianza en lo nuevo y desconocido no nos puede paralizar el experimentar.

  O ponemos todo patas arriba, democráticamente, para cambiar las reglas de juego, en el que las meta sea la felicidad de las personas en un marco de sostenibilidad ambiental, o debemos prepararnos para el colapso caótico en el la inmensa mayoría de la población sea la que sufra y pierda la mínimas condiciones decentes de vida.

Podemos empezar por una autoconvocatoria abierta de unas decenas de personas para poner en marcha una asamblea ciudadana e ir extendiendo y profundizando el proceso.

En algunas ciudades aparecen embriones de procesos similares con los que podemos y debemos establecer sinergias.