Dentro y fuera: expertos, técnicos y cuadros sindicales

expertosPor Antonio BAYLOS

Llama la atención la hostilidad que está encontrando en una parte importante de los afiliados y estructuras sindicales de CCOO el voto favorable del Director del Gabinete Económico de la Confederación, que se manifiesta en declaraciones, resoluciones y comentarios en las redes sociales. Y llama la atención porque el disenso no se dirige frente a un acto decidido políticamente por la dirección del sindicato, sino frente a un acto personal en uso de la libertad y expresión de un trabajador de alto nivel técnico de CC.OO., que sin embargo ha sido percibido como un suceso que compromete a toda la estructura de mando del sindicato y que ha obligado a los órganos de gobierno del mismo a desvincularse de esta decisión a nivel colectivo, pero a respetarla a nivel individual.

 Es por tanto un episodio que da pie a una reflexión muy esquemática sobre la actividad del personal técnico al servicio del sindicato, su capacidad de expresión y la relación entre esta actividad y la acción sindical.

El sindicalismo ha mantenido en este aspecto una visión instrumental de los saberes técnicos. Lo que quiere decir que el conocimiento “técnico” está al servicio de la acción sindical. Eso se traduce en una relación medios / fines que hace que la orientación y los objetivos de la “asistencia” técnica deban servir a la estrategia del sindicato y a la toma de decisiones del mismo.

Esta visión instrumental se manifiesta en el papel subordinado del técnico a los sujetos que se presentan como portadores del interés general colectivo en los ámbitos en los que éste se expresa, es decir, quienes interpretan en cada momento dado las necesidades y los movimientos precisos de la subjetividad colectiva: la asamblea de trabajadores, la sección sindical, el delegado sindical o los cuadros sindicales que integran las estructuras territoriales y federales. La subordinación se expresa asimismo en la forma de incorporación del personal técnico al sindicato, a través de una relación laboral en la que la ajenidad y la dependencia de su prestación de servicios la hace ser dirigida externamente por las estructuras de dirección del sindicato en sus diversos niveles. Esta laboralización del personal técnico es significativa de la posición subordinada del mismo a la dirección sindical, y fue el resultado de un largo debate en los inicios de la legalización del sindicato en donde la opción por la contratación mercantil de prestación de servicios técnicos fue descartada o considerada en última instancia como excepcional.

Esta subordinación ha tenido una historia de tensiones, de desconfianza hacia los técnicos “de dentro” y la minusvaloración de su trabajo por los cargos sindicales. En el espacio organizativo de estos servicios, se han dado frecuentes  tensiones “laborales”, con la problematicidad típica derivada de la regulación de las condiciones de trabajo y de empleo de los técnicos, así como la sobrecarga de funciones para este colectivo. Otras veces la “política de personal” de los cuadros sindicales ha descuidado el control y la eficiencia de los servicios técnicos respecto de los afiliados y afiliadas y de los trabajadores del sector.

A la vez el sindicato ha mantenido una apertura a “expertos” de un cierto reconocimiento social a través de su posición académica o profesional, predominantemente  buscando dos objetivos. Por una parte, una operación de prestigio mediante el aval de estos “expertos” y “expertas” a determinadas opciones de política sindical, y por otra la de forjar una relación de confianza para informar y proponer medidas que gozan de la solvencia de los mejores especialistas en el área de regulación de que se trate ante iniciativas sindicales. Este recurso al exterior suele estar ayudado  o encaminado por los “técnicos” internos, aunque en ocasiones se emplea precisamente para suplir la “asistencia” de éstos en una suerte de “externalización” de servicios.

La relación entre técnicos (¿insiders?) y expertos (¿outsiders?) se complica cuando el sindicato intenta una síntesis en el espacio del debate y de la proposición ideológica en diversos planos de acción, lo que se lleva a cabo de forma separada a las estructuras sindicales, generando en ocasiones incomprensiones y tensiones con éstas que intentan volver a plantear una relación instrumental directa entre tales iniciativas y la presencia orgánica de determinadas estructuras sindicales relacionadas con el asunto o la materia debatida, como la enseñanza, la sanidad, los servicios públicos. Esta disfunción no tiene que ver en principio con la incapacidad del sindicato en expresar un discurso sindical global respecto del trabajo cualificado de los técnicos superiores de la Administración Pública, de la Universidad o de la Sanidad que implique a estos colectivossindicalmente  y no sólo ideológicamente, que es un tema diferente y al que habría que dedicar más atención.

Hay manifestaciones virtuosas de esa relación entre técnicos, expertos y cuadros sindicales. Los gabinetes confederales que establecen una relación muy activa entre la dirección sindical, su actividad concreta, y los saberes profesionales que la facilitan, con el recurso en momentos puntuales a servicios “externos” de expertos, o con su participación en actividades de formación y de discusión de alternativas normativas. Esta relación ha ido cuajando una cierta división de tareas, en lo general y en lo concreto, una cierta especialización entre técnicos “de proyecto” y técnicos “de acción”, con una relación abierta hacia los “expertos” externos, que funciona en los dos niveles, proyecto y acción del sindicato. Pero hay asimismo evoluciones “viciadas”: la reproducción de una mirada según la cual el nivel técnico de dentro del sindicato es siempre limitado e inferior al de los expertos de fuera de la organización, de forma que se genera una minusvaloración del técnico sindical precisamente en lo que constituye su elemento definidor, su saber técnico.  Una minusvaloración del saber “amigo” o “doméstico” que puede conducir a la desconfianza respecto de los “expertos” externos que están en la órbita del sindicato, que colaboran con él mediante una cierta identificación ideológica. En la base de esta sospecha se encuentra la convicción de algunos cargos sindicales de que los saberes “serios” están fuera del sindicato y los detentan otros. Lo que obliga a reconocer el poder que contiene el saber dominante.

En época de crisis, estas relaciones se tensan. Muchos de los técnicos del sindicato están sometidos a la reducción de personal y entran en los ERES que se multiplican por los territorios. Los técnicos que quedan “de acción” multiplican su presencia y se enfrentan a una realidad en la que la destrucción de empleo, la violencia económica y la pérdida de derechos les coloca en una situación muy insatisfactoria para su trabajo. Los técnicos de “proyecto” por el contrario, se sitúan en un nivel inmune a estas tensiones en donde el problema es que la elaboración de propuestas estratégicas para la acción sindical se encuentran paralizadas ante la imposibilidad de encontrar un espacio de negociación con el poder público y la dificultad de avanzar un diseño diferente de la negociación colectiva. Esa tensión asoma claramente al documento firmado por todos los miembros del Gabinete Interfederal  de CCOO hecho público precisamente con ocasión del voto favorable del director del gabinete económico confederal de ese sindicato al informe de la Comisión de Expertos ( http://www.nuevatribuna.es/articulo/economia-social/ccoo-y-pensiones-asombro-y-contrariedad/20130610171302093259.html).

En épocas de crisis, la relación con los “expertos” externos se fortalece porque el espacio de debate y de proyecto tiene la urgencia de crear un programa y una narrativa que pueda no solo ser asumida por la acción sindical, sino lanzada a la sociedad y a la opinión pública como un elemento de legitimidad social y de soporte de la figura representativa del sindicato, muy cuestionada por los medios de comunicación propensos al poder y por los poderes privados, y que cuenta con la hostilidad de las autoridades públicas. La creación de un espacio de debate y de encuentro entre agentes culturalmente significativos, en la creación de teoría y en la re-escritura de las reglas normativas a través del momento interpretativo, resulta fundamental en estos momentos. En esa misma línea, la discusión sobre un marco económico alternativo, la definición de las políticas económicas, financieras y fiscales a las líneas de tendencia que impone la troika, resulta decisivo. El ejemplo de la Fundación 1 de Mayo es emblemático al respecto.

La interacción entre estos niveles – interno y externo, dentro y fuera – es fundamental para el sindicato en este momento, y le permite a su vez “abrirse” a un espacio cultural y político que se yuxtapone a una realidad sindical muy complicada. Por eso, un hecho como el de la Comisión de Expertos supone un desgarrón importante en ese tejido de relaciones que tiene una malla muy inestable, informal, de geometría variable.

En este caso, por tanto, el problema ha sido  la coincidencia en una misma persona de dos funciones diferentes, la de técnico interno del sindicato – de alto nivel – y la de experto reconocido socialmente y requerido como tal en un puesto de la comisión de “sabios”. Sin embargo el carácter de “experto”  no confería sólo una posición exterior al sindicato, sino  más bien un emplazamiento desvinculado de éste. A lo que se une posiblemente la  consideración de la materia de Seguridad Social sobre la que el experto posee una competencia profesional reconocida como algo muy especializado, de un cierto automatismo científico “neutro”, alejado por consiguiente de la política y de la ideología que actúan después, “a posteriori”, sobre la base de una descripción “objetiva” de la situación y de los medios de que se dispone para afrontarla. Es una forma de privatización del saber técnico que se sustrae en su proceso de conformación y de elaboración al debate ideológico que se presenta como un hecho “externo” a la construcción del objeto de análisis. Es conveniente sin embargo recordar que no hay un fenómeno social que sea “objetivo”, sino que todo es “normativo”, está orientado política e ideológicamente desde su propia cimentación y observación en la que participa directamente el sujeto que la investiga desde una determinada posición política.  Esta forma de concebir el saber experto es equivocada,  y genera el problema muy frecuente de la colonización de los saberes profesionales del técnico /experto por unos paradigmas políticos e ideológicos que impiden el crecimiento de un discurso alternativo a lo existente.

En cualquier caso, la militancia de CCOO no está muy versada en los problemas teológicos y no se habitúa a comprender el misterio de dos personas distintas en una sola verdadera; se ha percibido este suceso como la expresión de un saber domesticado que acepta la relación de poder establecida y la perpetua, lo que no es aceptable en una coyuntura crítica en la que se está desmoronando el sistema de derechos. Y el propio sindicato, al declarar como un error colectivo haber permitido la confusión de roles, pero sin decidirse a zanjar el misterio y a afirmar una de las dos personas, está esterilizando ambas. La de experto, porque no podrá proponer a esta persona como expresión de un área ideológica y política próxima al sindicato, y la de técnico, porque su actuación de relieve en la dirección del asesoramiento económico estará a partir de ahora viciada en su propia legitimidad de especialista, desautorizada por la dirección política del sindicato. Sin hablar de la imposibilidad práctica para CCOO ahora de llegar a cualquier acuerdo en materia de Seguridad Social, pase lo que pase en las negociaciones que se puedan abrir en adelante.

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Artículo publicado en el blog Según Antonio Baylos…

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