Las nuevas fronteras del trabajo

Foto por udeyismail
Foto por udeyismail

Por Laura BALBO

No se pueden crear puestos de trabajo volviendo a proponer el cuadro productivo del pasado. En muchísimos sectores para un creciente número de trabajos no habrá ya necesidad de empleados. No sólo en nuestro país, en muchos países europeos –y a nivel mundial–  el contexto en el que vivimos está marcado por el problema de «crear puestos de trabajo». En el debate político se presta atención particularmente a los jóvenes, pero la cuestión debería articularse también considerando el trend demográfico (envejecimiento activo) y las diversos componentes del mundo de los «jóvenes»: ya no se oye hablar de “igualdad de oportunidades”; ya no se menciona a los “jóvenes inmigrados”, muchos de ellos han nacido aquí: observando el volumen de los que están en la escuela, en los próximos años; todo ello será una considerable proporción de los “jóvenes” de nuestro mercado de trabajo.

 Aprovecho la ocasión para –gracias a un texto publicado recientemente en La Repubblica– situar un aspecto del que no se habla en nuestro debate. El título, “LA LEGGE DELLA ROBOTICA”, no hace pensar necesariamente en el tema de los “puestos de trabajo”. Pero se trata de una contribución que creo de utilidad para situar el trabajo, salvando sin embargo las distancias de las lecturas prevalentes que considero imprecisas e incluso peligrosas. Se trata de una entrevista al periodista y ensayista norteamericano Chris Anderson, ex director de Wired y autor de diversas publicaciones que, ampliando las cuestiones de la inmaterialidad a la llegada de la era de la gratuidad y hasta el giro reciente sobre el retorno de la industria, ha construido y reforzado su fama de “gurú” de Internet.

 En el centro de su análisis y de su actividad hay un proyecto que pretende anticipar cambios radicales en la agricultura mundial.  Anderson  dice «que vivimos hoy en una sociedad robotizada … aunque cuando un robot funciona ya no le llamamos robot … la lavadora es un robot … también el navegador de un coche que nos indica la calle es un robot». De manera que la palabra ´robot´ ya no es extraña en nuestro mundo, en nuestra vida cotidiana. También me vienen a la mente otras situaciones, que forman parte de nuestra vida normal, que podríamos añadir a esta lista. En los oficios postales, en la banca, en agencias de viaje hay menos clientes que en el pasado y también se ha reducido el número de empleados: los billetes y diversas operaciones se hacen por Internet. Han disminuido las personas que antes trabajaban en estos y otros ámbitos. Para un creciente número de “trabajos” en muchísimos sectores ya no habrá necesidad de “empleados” para aquellos cometidos que antes había que desarrollar. Obviamente, no consideramos que Internet y los robots formen parte del mismo “mundo”, pero hay que tener en cuenta las palabras de Chris Anderson. Más todavía, explica Anderson: en el escenario que se dibuja «el trabajo por tiempo indeterminado en el sector manufacturero está destinado a desaparecer».

 A continuación pasa a hablar de su proyecto proponiendo un escenario al que hasta ahora no habíamos prestado atención. La palabra es drones que hemos empezado a conocer a través de operaciones bélicas en las que, en lugar de seres humanos, se utilizan precisamente robots. Es importante este nuevo dato en situaciones de riesgo. Pero con referencia a los drones, Anderson dibuja un cuadro diferente. Su idea es la introducción en la agricultura, a nivel mundial, de soluciones tecnológicas no concebidas hasta ahora: «un pequeño aeromodelo que sobrevolando el terreno controle la producción permite saber si hay plantas enfermas, infiltraciones de agua y qué pasa en general. Resolver estos problemas significa mejorar muchísimo la recolección». Pensemos qué podría significar todo esto respecto al número (e incluso a las condiciones) de personas que trabajan en diversas tareas en la agricultura. Cada vez habrá menos necesidad de personas si se utilizaran drones como trabajadores.

 Traigo a colación esta entrevista porque verdaderamente debemos mirar los procesos en marcha y el “futuro” con conocimientos y categorías adecuadas.  Se continúa hablando –y ciertamente no se puede no hacerlo–  de políticas y  «escenarios» que representan una fase importante de la historia de muchos países: hemos vivido durante décadas en las que las condiciones económicas y sociales han mejorado para muchos; pensábamos que se podía avanzar, incluso mejorando en el futuro. Sin embargo, se trata de poner nuestra atención en los procesos –parcialmente en curso–  por ahora inimaginables para la mayor parte de nosotros. No es posible –me parece que ya está pasando– «crear puestos de trabajo reproduciendo el mismo cuadro de hace unas décadas».

 Hablar en esa clave sólo añadirá incertezas, demandas sin respuestas seguras, sentido de inseguridad a las preocupaciones actuales. Pero es necesario. Es tremendo el riesgo de falsas soluciones, de respuestas inadecuadas. Y sobre todo, hay análisis y propuestas para un posible «mirar adelante».   Se oye hablar demasiado poco de alternativas posibles, de nuevas soluciones que deben experimentarse; de cambios en las modalidades, en los tiempos, en la misma definición de «trabajo». Deseamos que los media y las instituciones nos hagan abrir los ojos sobre los procesos en curso y de sus posibles soluciones.

 

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Laura Balbo es una socióloga italiana, especializada en los campos de la política familiar, el racismo, la inmigración y el estado social. Parlamentaria en listas de la izquierda fue ministra de Igualdad de oportunidades en el gobierno D’Alema. Ocupa la presidencia honoraria de la Unione degli Atei e degli Agnostici Razionalisti (Unión de ateos y agnósticos racionalistas) y de Italia-Razzismo.

El texto original está publicado en Sbilanciamosci. La traducción al castellano es de Tito Ferino y la publicación española apareció en el blog hermano Metiendo bulla, al que agradecemos su colaboración.

 

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