El prometedor futuro del Partido Socialdemócrata alemán

spd_3Este año se cumplen los 150 años de la fundación del Partido Socialdemócrata alemán (SPD). La historia alemana, y europea, del siglo XX no se podría entender sin estas siglas. Con sus luces y sus sombras. Hoy día sigue siendo partido decisivo para un proyecto reformador en Alemania y en Europa aunque compita ya en bases electorales con Die Grünen (los Verdes) y el partido Die Linke (La Izquierda). Publicamos este artículo donde se intenta plasmar el nuevo proyecto del SPD de cara al futuro. Ante las decisivas elecciones de septiembre trata de construir un proyecto alternativo al de Angela Merkel.

Por Ernst HILLEBRAND

A pesar de su debilidad, el Partido Social-demócrata alemán (SPD) sigue siendo la clave de cualquier proyecto progresista en Alemania. El estado general de Europa es más bien favorable a la izquierda. Con la crisis financiera, la ideología neoliberal ha perdido brillo. La justicia social, la regulación de los mercados y el control democrático del poder del dinero están ya en el centro de las preocupaciones de los ciudadanos. Y, sin embargo, el SPD anda rezagado todavía en los sondeos electorales.

Este estancamiento se debe en parte a las reformas llevadas a cabo por el antiguo canciller socialdemócrata Gerhard Schröder. Estas reformas provocaron el debilitamiento de la imagen de marca del partido como “protector” del pueblo humilde. Las cargas fiscales que pesan sobre los salarios siguen siendo elevadas y la riqueza de los hogares se sitúa netamente por debajo del nivel medio europeo. Dicho de otro modo, Alemania es rica, los alemanes no.

Cambio de las estructuras sociales

Algunos problemas estructurales afectan a nuestros partidos socialistas y socialdemócratas en Europa. Los ámbitos sociales de la época industrial se diluyen. Las nuevas contradicciones relativas a problemas de la inmigración, del multiculturalismo y de la integración europea debilitan la cohesión del entorno progresista: el cosmopolitismo y la eurofilia de las élites de los partidos encuentran poco eco en las capas populares.

No obstante, no existe ninguna razón para ser pesimista por el SPD. El sentimiento dominante de la población es más socialdemócrata que antes. Los cambios de las estructuras sociales y económicas afectan a la izquierda y a la derecha. La feminización de la sociedad y del mundo del trabajo, el auge de los valores post materialistas combinado con la liberalización de las costumbres y el peso ascendente del voto inmigrante plantean serios problemas a la CDU (el partido cristiano-demócrata, conservador) en retroceso en todas las grandes urbes.

El desafío que se plantea al SPD consiste en canalizar esos cambios en beneficio del centro izquierda. Hará falta un relato político que dé respuesta coherente a los cambios económicos, sociales, culturales y políticos de nuestra época. En economía es donde la respuesta tendrá que ser paradójicamente más fácil: la evolución positiva de nuestra economía desde el gobierno Schröder ha reforzado la credibilidad del partido.

Con el concepto de una renovación ecológica de la sociedad industrial, el SPD ha formulado una estrategia de crecimiento que contiene enormes potencialidades económicas y ecológicas. Se trata ahora de recombinar esta credibilidad con la renovada promesa de justicia social. Aquí, la clave verdadera no se encuentra en el aumento de la redistribución y de las transferencias sociales sino en el reequilibrio en la distribución de los ingresos.

Si el componente salarial del  ingreso nacional estuviera hoy al mismo nivel que en 1980, los trabajadores alemanes  tendrían 180.000 millones de euros más en sus nóminas: un aumento enorme para el poder adquisitivo, el mercado interior y las importaciones. Finalmente, el partido no podrá evitar modernizar su concepción acerca de la democracia.

Restablecer la confianza

En Alemania, también, la legitimidad de la democracia representativa está en crisis. Los ciudadanos dudan cada vez más sobre el grado de autodeterminación que este sistema les ofrece a la hora de controlar y civilizar a las fuerzas del capitalismo financiero.

Las sociedades hiperconectadas del siglo XXI no podrán ya ser gobernadas con instituciones del siglo XIX. Serán necesarias más participación ciudadana, más democracia directa, más información, transparencia y responsabilidad administrativa a fin de restablecer la confianza de los ciudadanos en el sistema democrático. Y, también aquí, la modernización ha comenzado.

Frente a sus antiguas posiciones, el SPD apoya hoy la creación de un derecho constitucional al referéndum a nivel nacional. En lo que respecta al partido, se han adoptado importantes iniciativas para reforzar la democracia interna y para abrirse a los ciudadanos. Todas estas reformas son factibles. Nada que ver con cambios revolucionarios, algo prohibitivo para el partido desde su nacimiento.

El SPD del siglo XXI no será ya un partido de trabajadores. En realidad lo dejó de ser hace ya  mucho tiempo. Sin embargo, siempre habrá en el centro de la sociedad un espacio para un partido que defienda los derechos y los intereses de los asalariados y de los no privilegiados, tanto en Alemania como en toda Europa.

 …………..

Ernst Hillebrand es politólogo y director del departamento de análisis político internacional en la Fundación Friedriche-Ebert en Berlin.

Artículo aparecido en Le Monde. Traducción de J. Aristu