¡¡¡Sed eficientes, malditos!!!!. La eficiencia urbana o cómo destrozar conceptos.

Por Manuel CALVO SALAZAR

Bicicletas por Berlín. Por Olga Planet Photography
Bicicletas por Berlín. Por Olga Planet Photography

Eficiencia, eficiencia, eficiencia…

Por todos lados vemos, leemos, oímos esta palabra, este concepto, este emblema de la modernidad hacia la sostenibilidad.

Pero, ¿qué es la eficiencia?. En teoría, la eficiencia no es más que hacer lo mismo consumiendo menos recursos. Es, por tanto, el objetivo de toda persona u organización razonable. Si somos eficientes, seremos capaces de mejorar en un mundo finito. La eficiencia debe, por lo tanto, ser aplicada a todos los ámbitos de nuestra vida y en todas las escalas territoriales. Hasta aquí, todo correcto. La eficiencia constituye una buena herramienta.

El problema sobreviene cuando la eficiencia se convierte en un objetivo quimérico. Es entonces cuando todo debe ser eficiente: ciudades eficientes, eficiencia urbana, territorios eficientes, eficiencia económica, la eficiencia, en suma, como un fin en sí mismo. Y es que esta es una de las características más comunes de la manera de pensar del capitalismo global imperante: confundir un medio con un fin, ascender una herramienta al rango de objetivo. Nada más útil para satisfacer mentes simples y, de paso, vaciar de contenido todos los contenedores conceptuales que, para bien o para mal, proponen algo transformador.

Ya lo dijo Jevons allá por el siglo XIX: toda mejora tecnológica que reduce el consumo de recursos en un proceso (es decir, que se hace más eficiente), produce, a la larga, un aumento del consumo total de ese recurso. Es el incentivo al crecimiento del output el que empuja al sistema hacia una mayor aceleración sistémica, de manera que los pretendidos beneficios de la eficiencia se cancelan de sobra en el medio y largo plazo en la escala del sistema completo.

Pero, ¡ay!, que aquí está el quid de la cuestión, porque en términos de sostenibilidad biofísica, lo único que importa es, precisamente, ese consumo total de recursos. De nada sirve mejorar la eficiencia de un motor en, digamos, un 50% si eso empuja a una situación posterior en que estén funcionando más motores, de manera que el consumo de energía, aunque relativamente disminuido, haya aumentado en el sumatorio total. Por eso es muy necesario contextualizar adecuadamente estos impulsos “eficientistas” y comprobar qué es lo que realmente están proponiendo. Ser eficientes para hacer exactamente lo mismo, es decir, impulsar el sistema económico hacia el precipicio del crecimiento sin fin, es pisar más el acelerador; es el hijo que se vuelve contra su padre, contra la sangre de su sangre.

Pero vayamos a las ciudades. ¿Qué significa apostar por la eficiencia en las ciudades?. En el contexto económico actual, no hacer mucho más de lo que ya se ha hecho en las últimas décadas. Eso sí, ahora hay que ser eficientes y considerar cuestiones ambientales en los desarrollos urbanos. Pero, ¿alguien está cuestionando las bases del crecimiento? Al contrario, el crecimiento es la salida a la crisis, se dice. Las ciudades deben comenzar a crecer de nuevo para enjugar las tremendas cifras de paro. Y es evidente: la única manera de poder crear empleo es seguir creciendo. Sólo una economía, y por ende unas ciudades, en crecimiento serán capaces de crear empleo. Si hay un problema con la base de recursos físicos (que es el sustento fundamental de ese crecimiento) entonces habrá que ser más eficientes: apostar, en las ciudades, por coches eléctricos, iluminación urbana por LED o sistemas de climatización clase A++. ¿Alguien, sin embargo, se ha preguntado, cuánta energía se consume sólo por sustituir sistemas que, aunque menos eficientes, no han agotado su vida útil?¿Alguien se ha preguntado de dónde vendrá la energía eléctrica que consumirán los pretendidos vehículos eléctricos de pretendidas emisiones cero?. El 80% de los desplazamientos en medio urbano tienen una longitud menor a los 2 Km. ¿Qué es lo realmente eficiente, hacer esos menos de 2 km en coche eléctrico o hacerlos andando o en bici?. ¿No será la que la eficiencia realmente útil es aquella que, precisamente, cuestiona la dinámica de crecimiento sin fin?. ¿No será que la única eficiencia realmente útil es la que está inserta en un contexto de decrecimiento en el valor absoluto del consumo de los recursos naturales?.

Pienso que estas preguntas no son baladí. El objetivo real es, debería ser, disminuir las tasas de consumo absoluto de recursos naturales, pues es ese consumo el que está socavando, no sólo la base física de nuestra sociedad, sino que también está dificultando la sustitución primaria de las energías y materiales no renovables por aquéllos que sí lo son. La eficiencia jugará un papel importante,¡qué duda cabe!, pero siempre y cuando sea considerada como una herramienta en el contexto de un nuevo paradigma de desarrollo que soslaye, de una vez, esa necesidad de crecimiento continuo que nos llevará, si no se solventa, hacia un pozo sin fondo.

¿Reconsideramos el concepto de ciudad eficiente?

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