Aquel 14 de abril…

14 abril de 1931
14 abril de 1931

Por Jota SIROCO

VALLE INCLÁN

Max: ¡Viva la huelga de los proletarios! ¡Abajo los maricas de la Acción Ciudadana!

¡Hay que establecer una guillotina en la puerta del Sol!

Policía: ¡Eh, usted, queda detenido por borracho y por golfo!

Max: ¡Suélteme, animal! ¿Cómo se atreve a ponerle las manos encima al más grande de los poetas de España!

Policía: ¡A comisaría…vamos!

Max: ¡Yo no entro ahí si no me ponen la alfombra roja de las grandes solemnidades.

Policía:¡Adentro!

… … …

Pues sí, señores, como todo buen español pasé por la cárcel durante la Dictadura de Primo de Rivera. Entonces los intelectuales teníamos el mismo sino que los gitanos:

Ser perseguidos por la Guardia Civil. Aquel 14 de Abril, con la República, pensé que todo iba a cambiar, que al menos podría cenar caliente todas las noches. Pero me di cuenta al poco tiempo que, a aquellos políticos pastueños, les interesaba más mi crítica en el café, como síntoma de su permisividad, que darme un empleo fijo.

Un día mi situación económica era tan alarmante, que reuní a mis hijos y les dije:

-Hijos míos, voy a vender este reloj, y cuando nos hayamos comido los veinte duros que nos den por él, se inicia para nosotros un periodo de ayuno de término difícilmente cognoscible. Ellos, como pequeños héroes y como última cena, tragaron sus lágrimas en silencio.

Menos mal que, algunos días después, gracias a Azaña, Azorín y algunos amigos más fui nombrado Director de la Escuela de Artes de España en Roma.

MACHADO

…ni Gobierno que perdure,

ni mal que cien años dure,

tras estos tiempos

vendrán otros y otros

y lo mismo que nosotros

otros se jorobarán.

!Así es la vida D. Juan.!

Tras nueve años de estancia en Baeza, volví a Castilla, esta vez a Segovia. Allí, aquel 14 de Abril, izamos la bandera republicana en el Ayuntamiento.

Fue un día profundamente alegre , un día maravilloso en que la naturaleza y la historia parecían fundirse para vibrar juntas en el alma de los poetas y en los labios de los niños. Mi amigo Antonio Ballesteros y yo izamos en el Ayuntamiento la bandera tricolor y sonaron los compases del Himno de Riego. La República había venido por sus cabales, de un modo perfecto, como resultado de unas elecciones. Todo un régimen caía sin sangre, para asombro del mundo.

Cinco años más tarde, tan sólo cinco años más tarde, a todos los hombres y mujeres de España, nos amamantaron con sangre y con muerte…

La guerra es el crimen estúpido por excelencia. El único que no puede tener perdón de Dios, ni de los hombres. Nadie puede perdonar a quien la provoca, ni a quien la prepara.

… … …

Noviembre de l936. Llegaron a mi casa León Felipe y Rafael Alberti: “A Francia, D. Antonio, hay que pasar a Francia.”

ALBERTI

Noche negra, siete años

de noche negra, sin luna.

Primo de Rivera duerme

su sueño de verde uva,

su majestad va de caza,

mata piojos y pulgas

y monta yeguas, que pronto

ni siquiera serán burras.

1930. Unamuno, Azaña, Ortega, Marañón, Valle-Inclán, Machado, Bergamín y yo mismo trabajábamos abiertamente ya a favor de la República.

Con casi todo el futuro Gobierno Republicano en la Cárcel Modelo, pocos podían imaginar que por debajo iba engrosando el agua, que habría de estallar como una fiesta de surtidores y fuegos de artificio aquel l4 de Abril de l931.

… … …

Sin embargo poco duró la fiesta. !Ojalá que aquella madrugada de verano de l936, todos los gallos de España hubieran enmudecido para siempre.!

LORCA

En 1928 necesitaba poner en orden mi corazón. Sólo sentía una grandísima inquietud: la inquietud de vivir, parecía que me iban a quitar la vida. En la primavera de 1929, Fernando de los Ríos, mi antiguo maestro y amigo de mi familia, propuso que le acompañara a Nueva York y allí me fui.

La estancia en Nueva York fue “una de las experiencias más útiles de mi vida”. Podría decirse que mi viaje a Nueva York representó mi descubrimiento de la modernidad. Allí vibré con el jazz y blues, como había hecho con el flamenco, conocí la literatura urbana, el nuevo teatro, el cine sonoro, leí a Walt Whitman y descubrí mi alma urbana en la ciudad más atrevida y más moderna del mundo.

Volví a España renovado en todos los sentidos y aquel 14 de Abril, me pilló en Madrid corrigiendo mi “Poeta en Nueva York”. Las nuevas autoridades me encargaron la ejecución de un precioso proyecto: el teatro universitario La Barraca, que llevaría nuestros autores clásicos a los lugares más olvidados de España para un público con camisa de esparto. Así, de pueblo en pueblo, pasaron mis primeros momentos republicanos. Me entregué con toda honradez a mi trabajo, fui uno más, no fui un héroe, por eso, si hay alguna explicación para la muerte, después de tantos años, sigo sin comprender la mía.

MIGUEL HERNÁNDEZ

Orihuela en 1931 era un pueblo caciquil, pero también, apoyándose en el periódico socialista “Renacer” había ido surgiendo un pequeño movimiento obrero. A pesar de los caciques, aquel 14 de Abril se enarboló la bandera tricolor en la Casa del Pueblo y se proclamó la República. A continuación, se inició una manifestación, que comenzó con los acordes de ‘La Marsellesa’(sic), interpretada por la Banda Municipal. Tras la bandera tricolor iba una masa que no bajaría de 6 ó 7 mil personas.

Yo por aquello de la emoción y porque era poeta del pueblo en ejercicio, escribí la letra de un himno para la República , que decía así: “La libertad nos ha dado su aliento/ La independencia y el pueblo, su hogar/ En el combate por un mundo hermoso/ nos dan coraje la tierra y el mar”. Estribillo: “¡En pie, República Española, con decisión!/ ¡En pie, con alma y vida, frente al felón! / ¡A España la salvarán sus hijos con tesón!/ Patria de mi vida, tierra de mi corazón/ Al otro lado del fuego y el odio/ El porvenir nos requiere de amor/ En el futuro seremos hermanos/ Con la victoria y los brazos en flor”.

Me parece a mi que ese día no estaba muy inspirado.

CELA

Por aquel entonces mi amigo Miguel Hernández y Maruja Mallo se metían mano en la Poveda, bajo el Puente del Henares, mientras el resto de los poetas les breábamos con boñigas de vaca… y ellos se veían obligados a terminar de amarse en una dehesa que allí había, ya que, a lo que parece, los toros bravos eran más acogedores y menos agresivos que los poetas líricos.

Lorca estrena “Yerma”…Los mineros de Asturias mueren frente a los guardias…La gente se enamora con “El Relicario” de Raquel Meller…Los republicanos convierten en ruinas la República…Y el país cae en el más absoluto de los duelos, cuando en Medellín muere Carlos Gardel…

Bueno, a lo que vamos, a mi aquel 14 de abril, la proclamación de la República me pilló en la Academia Preparatoria de Aduanas que mi padre tenía en la calle Fernanflor 4, “Si claro, se llamaba “Academia Cela” ¿Cómo quería usted que se llamara?”. Como es natural se suspendieron las clases y nos fuimos hacia la Puerta del Sol. Por la Calle de Alcalá llevaban a hombros a un cura republicano y en la calle de la Montera una puta enseñaba el coño y vitoreaba al amor libre, mientras una señora le recriminaba diciendo: ¡Por respeto al pueblo soberano, cúbrase usted las partes, señora!.

Mientras todo esto sucedía a nuestro alrededor, mi padre me decía algo tan solemne como que la República no la trajeron los republicanos con su mérito, sino los monárquicos con su torpeza e inepcia. Tan sólo dos años más tarde la débil democracia republicana quedaría herida de ala y haciendo agua con la masacre de Casas Viejas…

UMBRAL

Aquel 14 de Abril, tras las elecciones municipales del año 31, el Rey se retiró elegantemente y mi eso de la República me ayudó bastante. Yo, con mis pantalones bombachos, comencé a animarme… Por fin le metí mano en los cines a Sasé Caravaggio, disfrutando así de sus abundancias cubistas. Yo comprendí el arte de Picasso a través del coño de Sasé Caravaggio…

La prima Maria Eugenia, por su parte, en la clausura de las Bernardas, hizo amores con la Priora y tuvieron amores de celda que fueron un tormento. Desgraciadamente la Priora murió de una sobredosis de licor de pera e hicieron Priora a una monja vieja que ignoraba el sexo. El nuevo amor de Maria Eugenia fue el capellán de las Bernardas, D. Marcelino, un castellano recio, grande y miope. Yo iba comprendiendo, niño como era, que en los conventos de clausura había más pasión que en la Gran Vía. A María Eugenia íbamos a visitarla los domingos y nos dijo que “venía la República y que iban a disolver las congregaciones religiosas”. Cuando los milicianos empezaron a quemar conventos fuimos a salvar a María Eugenia de la quema. D. Martín, mi abuelo, se puso al pescante del simón de la casa y al grito de:

“Soy republicano, soy de Azaña, soy liberal” nos abrieron paso hasta las puertas del convento. Maria Eugenia salió de paisano. D. Marcelino, el capellán, quiso sumarse a la mudanza, pero D. Martín le rechazó con un golpe de bota: “Anda ahí, dijo D. Martín, que se joda el capellán que se las habrá fornicado a todas

La República era una cosa popular, churrera y bonancible hasta que empezó a agriarse. Yo la vivía contento de que España fuese el Reino de las putas, las marquesas rojas y los escritores maricones. Pero el error de Azaña fue traer un programa europeo a un pais africano. Encarceló a March y March dio a Franco un cheque en blanco para su Alzamiento: “March había encontrado su General y Franco había encontrado su banquero”.