La España (i)Real (2)

martes-de-carnaval-esperpentosPor Pablo del BARCO

Somos un país verbenero y dramático. Siempre existió en nuestras pequeñas comunidades “el tonto del pueblo”, simpático, bonachón, que equilibraba a veces las maldades de la comunidad.  Y en las mismas estamos, pero con variantes: ahora se multiplican los tontos (Tonto: falto o escaso de entendimiento o razón). Tenemos (presuntamente) tres, y son mujeres: Ana Mato, ministra de Sanidad, que aún no fue a la escuela de gramática para articular medianamente bien las frases que escasamente pronuncia. Parece o es tonta porque no se enteraba de lo que se cocinaba en su casa ni de los líos económicos del marido, Sepúlveda para dar o tomar. De los otros tampoco porque no sabía si su marido lo era de verdad o no. Lo suyo era disfrutar de beneficios, sin preguntar, con su marido de ida y vuelta, al compás de los regalos que obtenían. Pero no es raro porque tampoco en la empresa en la que éste trabajaba –PuraPatraña- se enteraban de nada. Ayer, por fin, hemos sabido que no era un indemnizado (con marcha atrás como dice la Cospedal) sino un trabajador protegido y disfrazado, con pagos no legales a la seguridad social.

La segunda tonta, ésta del bote, del bote de pólvora humedecida y traspiéses lingüísticos, es la bella Cospedal, que acaba de pronunciar un discurso que ni Góngora, por lo enrevesado y de difícil comprensión. Tampoco ha ido a la escuela de gramática, y parece que ni a la de jurisprudencia, dada su justificación sin pies ni cabeza para intentar justificar lo injustificable de la situación laboral de su enemigo Barcenas (el “economista” con patillas de bandolero), enemigo mentiroso a su vez del PP mentiroso. Menos mal que la bella es Abogado del Estado (así está el Estado de revuelto, mareante, aturdido con estos chicos que siguen creyendo que la verdad está en sus palabras y no en los hechos, y que la fiscalidad es como ellos dicen y no como está establecida por ley). Es decir, que tendría que castigarse ella misma si hubiera algún fiscal con coraje para emprender acciones legales.

La otra es la infanta Cristina, que no se ha enterado de la casa en la que vive, ni lo que cuesta, ni del enriquecimiento súbito de su familia, ni sabía lo que firmaba cuando firmaba “papeles” de la empresa Nóos y recibía lucro. Estaba muy entretenida en crear realezas. Claro que pensando en que su padre llegó a España con una mano delante y otra detrás y en la actualidad se le adjudica una fortuna de 1.800 millones de euros -diario The New York Times- podía pensar que por ser hija del rey (que se ha subido recientemente el sueldo para gloria del pueblo español) tenía derecho a ese afortunado presente.

Para compensar a los tontos, o tontas, están los listillos, como el ministro Montoro, que lanza acusaciones taimadas contra el colectivo de los actores y contra algunos congresistas que no cumplen con las normas fiscales, pero sin dar ningún nombre, que es como insinuar que algunos miembros del Gobierno son homosexuales como epílogo de una conferencia sobre el aborto. Entre los personajes silenciados está la infanta Cristina, inmune a las sanciones de Hacienda, seguramente amparada en el dicho real: “La Justicia es igual para todos”. No hay imputación para ella, ni siquiera después de conocerse los mensajes de Urdangarín condenando al Rey como presunto implicado en los negocios de su yerno. ¿Afectará más a la economía real?

Y la lista real, Corinna, ex princesa y reina de tapadillo, que se desentiende de toda culpa, de toda responsabilidad; ella quería ayudar al duque por su “entrañable amistad” con el rey. Todavía no he leído que alguien la califique de “amante” del Rey Juan Carlos, muy aficionado a las mujeres, como es bien sabido, sin relación marital con la reina desde 1976, acción real/irreal insuperable. Resultado: somos ricos, tenemos dos reinas.

Entre tontos/as y listillos nos quieren confundir, más, y no toman un mínimo de precauciones para que no se les note su deseo de hacer del español un pueblo equino. Si teníamos poco con la atrofia decorativa de Ikea, la venta de sus albóndigas con carne de caballo están a punto de conseguir una España de burros sin cabeza. Lo que el PP desea, con la Cospe ida, la Mato cabalgando, y el faltón Montoro a la grupa.[Continuará]