“Alemania ha creado un Imperio accidental”

Entrevista con Ulrich BECK

deutsche_1818071b¿Cómo ha llegado Alemania a dominar la Unión Europea?

De alguna manera esto ha ocurrido por accidente. Alemania ha creado en la actualidad un “imperio accidental”. No hay un plan maestro ni hay intención de ocupar Europa. No tiene una base militar así que todo lo que se dice acerca del “Cuarto Reich” es improcedente.  Más bien tiene una base económica –es el poder económico− y es interesante ver cómo en la anticipación de la catástrofe europea, ante el temor de que la zona euro y tal vez incluso la Unión Europea pudiera  fracasar, el panorama del poder en Europa ha cambiado radicalmente.

En primer lugar hay una diferencia entre los países de la Eurozona y los otros países que no pertenecen a la misma. Por ejemplo, el Reino Unido, que es solo miembro de la UE pero no de la Eurozona, de repente está perdiendo su poder de veto. Es una tragicomedia cómo el primer ministro británico trata de decirnos que él es todavía el único que se encarga de cambiar la situación europea. La segunda diferencia es que entre los países de la Eurozona hay una importante división de poder entre los países acreedores y los deudores. Como resultado de ello, Alemania, el país con la economía más fuerte, se ha convertido en el país más poderoso de la UE.

¿Están las políticas de austeridad dividiendo a Europa?

En efecto, y de muchas maneras. En primer lugar nos encontramos con una nueva línea de división entre los países europeos del norte y los del sur. Esto es desde luego muy evidente pero en el fondo desde un punto de vista sociológico, lo que estamos experimentando es la redistribución del riesgo de los bancos, a través de los estados, a los pobres, los desempleados y los ancianos. Se trata de una nueva y asombrosa desigualdad, pero todavía estamos pensando en términos nacionales y tratando de localizar esta redistribución de riesgo con los términos de las categorías nacionales.

Al mismo tiempo hay dos ideologías principales en relación con las políticas de austeridad. La primera se basa más o menos en lo que he llamado el modelo “Merkiavelli”, esto es una combinación de Nicolás Maquiavelo y Ángela Merkel. En el plano personal, Merkel se toma mucho tiempo para tomar decisiones: está siempre esperando hasta que aparece algún tipo de consenso. Pero esta manera de esperar hace que los países que que dependen de la decisión de Alemania  se den cuenta de que es Alemania quien en la actualidad tiene el poder. Esta vacilación deliberada es una estrategia interesada en los términos en que Alemania se ha implicado económicamente.

El segundo elemento es que las políticas de austeridad de Alemania no están basadas sólo en el pragmatismo sino también en valores subyacentes. La objeción alemana hacia los países que gastan más dinero del que tienen es una  cuestión moral que, desde un punto de vista sociológico, se vincula con la “ética protestante”. Es una perspectiva que en su fondo tiene a Martín Lutero y Max Weber. Esto, sin embargo, no se ve en Alemania como una cuestión moral; al contrario, se ve más bien como una racionalidad económica. Los alemanes no lo ven como una forma alemana de resolver la crisis; lo ven como si ellos fueran  los profesores que están enseñando a los países del sur a saber manejar sus economías.

Esto crea otra diferencia ideológica  porque la estrategia no parece estar funcionando hasta ahora y estamos viendo muchas formas de protesta, Chipre es el último ejemplo. Y por otra parte todavía hay una muy importante y poderosa facción neo-liberal en Europa, que sigue creyendo que las políticas de austeridad son la respuesta a la crisis.

¿Es la crisis de la Eurozona la prueba de que vivimos en una sociedad de riesgo?

Sí, así es tal como yo lo veo. Mi idea de la “sociedad del riesgo” podría ser fácilmente malinterpretada porque el término “riesgo” en la actualidad significa que estamos en una situación de hacer frente a la incertidumbre y a las consecuencias pero para mí la sociedad del riesgo se refiere  precisamente a una situación en la que no somos capaces de afrontar la incertidumbre y las consecuencias que generamos en sociedad.

Yo establezco una distinción entre la “primera modernidad” y nuestra actual situación. La primera modernidad, que se expandió entre el siglo XVIII hasta quizás los años sesenta o setenta del siglo XX, fue un periodo donde había una gran espacio para la experimentación y  teníamos muchas respuestas a las incertidumbres: modelos de probabilidad, mecanismos de garantía, y así todo. Pero a causa del éxito de la modernidad ahora estamos generando consecuencias para las que no tenemos respuestas, como ocurre con el  cambio climático y la crisis financiera. Ésta última es un  ejemplo de la victoria de una interpretación específica de la modernidad: la modernidad neo-liberal, tras el derrumbe del sistema comunista, que dicta que el mercado es la solución y que es mejor cuanto más incrementamos el papel del mercado. Ahora estamos viendo que este modelo está fallando y no tenemos otras respuestas.

Tenemos que marcar una distinción entre una sociedad de riesgo y una sociedad de catástrofe. Una sociedad de catástrofe sería aquella en la que el lema es “demasiado tarde”, donde cedemos ante el pánico de la desesperación. En contraste, una sociedad del riesgo se refiere a  la anticipación de futuras catástrofes a fin de evitar que ocurran. Pero debido a que no sabemos que ocurriría en esas potenciales catástrofes –el sistema financiero podría colapsar o la tecnología nuclear podría amenazar al mundo entero−  no tenemos la base para la experimentación. Ya no funciona la racionalidad del cálculo de riesgos. Estamos intentando anticipar algo que no sabemos prever, lo cual supone una situación enteramente nueva.

Tomemos Alemania como un ejemplo. Si nos fijamos en Ángela Merkel, hace unos años ella no pensaba que Grecia supusiera un problema mayor, o que necesitara concebirla como un problema. Ahora ya nos encontramos en una situación completamente diferente, porque ella ha aprendido que si uno mira a los ojos a una potencial catástrofe, de repente nuevas cosas pueden llegar a ser posibles. De repente se piensa en nuevas instituciones, o sobre el pacto fiscal, o sobre la unión bancaria, porque se anticipa una catástrofe que no se supone que ocurrirá. Esto es una enorme fuerza movilizadora pero es altamente ambivalente porque puede ser usada de diversas maneras. Podría ser usada para desarrollar una nueva visión para Europa o bien podría ser utilizada para justificar el abandono de la Unión Europea.

¿Cómo puede Europa resolver sus problemas?

Yo diría que lo primero enque tenemos que pensar es cuál es el objetivo de la Unión Europea en la actualidad. ¿Hay algún objetivo? ¿Por qué Europa y no el mundo entero? ¿Por qué no hacerlo solo en Alemania o el Reino Unido o Francia?

Yo creo que hay cuatro respuestas a este respecto. Primero, la Unión Europea trata de  convertir a enemigos en vecinos. En el contexto de la historia europea esto en realidad constituye una especia de milagro. El segundo objetivo de la Unión Europea es que puede evitar que los países se difuminen en la política mundial. Una Unión Británica post-europea, o una Alemania post-europea, es una Unión Británica perdida, o una Alemania perdida. Europa es parte de lo que hace a esos países importantes en una perspectiva global.

El tercer punto es que deberíamos pensar no sólo en una nueva Europa, tenemos también que pensar en cómo las naciones europeas deben cambiar. Forman parte del proceso  y yo diría que Europa trata de redefinir el interés nacional de un modo europeo. Europa no es un obstáculo para la soberanía nacional; es el medio necesario para mejorar la soberanía nacional. El nacionalismo es ahora el enemigo de la nación, ya que sólo a través de la Unión Europea pueden estos países tener  una soberanía genuina.

El cuarto punto es que la modernidad europea, que se ha expandido a lo largo del mundo, es un proyecto suicida. Está generando todo tipo de problemas de base, como el cambio climático y la crisis financiera. Es un poco como si una empresa de coches creara un coche sin frenos y eso empezara a causar accidentes: la compañía debería diseñar de nuevo estos coches y eso es exactamente lo que Europa debe hacer con la modernidad. Reinventar la modernidad podría ser un propósito específico para Europa.

Tomados en conjunto esos cuatro puntos forman lo que yo diría es una gran narrativa de Europa, pero falta una cuestión básica que es la carencia de un diseño del conjunto. Hasta ahora hemos reflexionado acerca de cosas como instituciones, leyes, economía pero no nos hemos preguntado acerca de lo que significa la Unión Europea para los individuos. ¿Qué ganan los individuos con el proyecto europeo? Lo primero de todo, yo diría que, en particular en cuanto a la generación más joven, más Europa está produciendo más libertad. No hablamos sólo acerca del libre movimiento de personas a través de Europa; se trata también de abrirse a nuevas perspectivas y de vida en un espacio que está basado esencialmente en la ley.

En segundo lugar, los trabajadores europeos, pero también los estudiantes, se enfrentan ahora con el tipo de incertidumbre existencial que necesita una respuesta. La mitad de la generación mejor educada en la historia de España y de Grecia carece de perspectivas futuras. Así que lo que necesitamos es una visión de una Europa social en el sentido de que el individuo  vea que no hay necesariamente seguridad social pero que hay menos incertidumbre. Finalmente necesitamos redefinir la democracia de abajo arriba. Necesitamos preguntarnos cómo un individuo puede comprometerse con el proyecto europeo. A ese respecto, junto con Daniel Cohn-Bendit, he redactado un manifiesto titulado Somos Europa, argumentando que es necesario un año libre para todo el mundo para hacer un proyecto en otro país con otros europeos con el fin de iniciar una sociedad civil europea.

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Ulrich Beck / Foto -  -Ulrich BECK es profesor de Sociología en la Universidad de Múnich y profesor visitante en la London School of Economics and Political Science. La entrevista fue realizada por Stuart A Brown and Chris Gilson, editores de EUROPP. Texto original en Social Europe Journal, del 25 de marzo. Traducción de J. Aristu.

Otros artículos del mismo autor en el blog: Ángela Mérkel, un nuevo Maquiavelo

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