Once tesis sobre el resultado electoral en Italia

Por Angelo D’Orsi

Bersani, líder del PD
Bersani, líder del PD

Publicamos un largo artículo de valoración de los resultados de las recientes elecciones italianas. Más allá de la provisionalidad de algunas afirmaciones, hechas a vuelapluma tras las elecciones, bastantes de las afirmaciones y reflexiones que se lanzan tienen todavía valor y, lo que es tan importante, podemos aplicarlas a nuestro país, a España. Aunque pueda haber finalmente un gobierno del PD, con Bersani al frente, el autor nos habla claramente de una “derrota política”, de la que no es ajena el éxito de las candidaturas en torno a Beppe Grillo y los resultados obtenidos por el PDL de Berlusconi.

Además, dice el autor, en el quinto centenario de la publicación de “El Príncipe”, el pensamiento de Maquiavelo nos ayuda a reflexionar sobre las causas de la derrota electoral de la izquierda. Esta sólo podrá recuperarse a través de lo que Gramsci llamaba “un lento trabajo cultural” y  redescubriendo el auténtico sentido de la política como búsqueda y lucha por una sociedad mejor.

¿Y ahora? Me muevo en un escenario que no me agrada, entre la fastidiosa borrachera de los vencedores, las grotescas justificaciones de los perdedores, el silencio embarazoso del que pronosticaba otro resultado, y, personalmente, trato de hacer el luto, como uno más entre aquellos que votaban sabiendo que de cualquier forma iban a ser derrotados, más allá de los resultados concretos obtenidos por las listas que ellos habían apoyado. Derrotado, dado que ninguno de los contendientes expresaba mi pensamiento, y, sobre todo, porque aquel al que me sentía más próximo había elegido procedimientos y métodos típicos de una “vieja política” (no transparente, no democrática, de cúpulas dirigentes, y a pesar de todo vencida en las urnas) en la construcción del proyecto y en la configuración de las candidaturas. Como no ejerzo de político profesional, aunque sí lo estudio,  en vez de quejarme, o de alegrarme, o de justificar, intento razonar sobre las causas de lo que es sin lugar a dudas una derrota quizá histórica de la izquierda, o al menos de lo que hasta ahora hemos llamado “izquierda”. Y la conclusión de esta reflexión es para mí devastadora. Me siento solo, como nunca lo he estado. Y sin embargo, las posibilidades de ver una luz existen, al menos en el plano de la simple lógica. Con un esfuerzo que no es indiferente trato de iluminar esta nebulosa situación postelectoral. Pido ayuda al “Secretario florentino”, al gran Nicolás, recordando que “El Príncipe” —la obra maestra de la teoría política de todos los tiempos— fue escrito por él exactamente hace medio milenio, a partir de la experiencia política directa y basándose en el conocimiento de la historia, las dos fuentes del pensamiento de Maquiavelo, ayuda indispensable todavía para reflexionar sobre el universo político. Y que me perdone Marx por el hábito de las once tesis.

Primera tesis: no se derrota al adversario directo ignorándolo o usando contra él el florete.

 La campaña electoral de Bersani, Vendola e Ingroia ha sido minimalista tanto en la forma como en el fondo. Los tres, y sus aliados, han caído en el error de mostrar la actitud de quien está seguro de los resultados, creyendo que Berlusconi estaba fuera de juego y por eso no atacándolo con energía. La campaña “de buena educación” ya la había llevado a cabo Veltroni[i] en la precedente con los desastrosos resultados que conocemos. No se vence haciendo indirectas, ocurrencias y llenando de metáforas el discurso propio. Te debes presentar como adversario, no como socio ni siquiera como vecino. Especialmente en una batalla en la que el adversario te ataca de forma violenta. Mejor dicho: en una campaña electoral el adversario se convierte en enemigo, y a los enemigos hay que “aniquilarlos”, nos enseña Maquiavelo. La revolución no es un banquete de gala (Mao Ze Dong) pero tampoco lo son unas  elecciones en un momento tan dramático como el actual de la historia de Italia. Ingroia, además, ha cometido el acostumbrado error —un error histórico de la izquierda italiana— de atacar fuertemente y con mayor ímpetu a sus posibles aliados (precisamente aquellos a los que un día sí y otro no invitaba al pacto), que al enemigo número uno, o sea Berlusconi. Bersani ha puesto al mismo nivel al PDL y a M5S. Y ahora, en  el lento proceso de las negociaciones poselectorales parece oscilar todavía entre los dos polos.[ii]

En cualquier caso a todos los candidatos del Centroizquierda les ha faltado la necesaria agresividad, tanto más en una situación catastrófica como la actual. Ninguno de ellos ha sabido ser “león” pero, ¡ay!, tampoco “zorro”: ni energía ni astucia. Lo que  por el  contrario han mostrado Berlusconi y Grillo (Monti era por su parte más bien patético y el Vaticano, la masonería y la Confindustria no han bastado para hacerlo despegar).

Segunda tesis: jamás infravalorar a los contendientes.

A los adversarios no se les ignora, pero tampoco se les debe tomar a la ligera. Maquiavelo enseña “prudencia”, que quiere decir muchas cosas pero sobre todo pleno conocimiento de la situación. Capacidad de prevenir los daños; predisposición de los instrumentos defensivos contra la adversidad.[iii] Bersani dio por segura la victoria del PD y del Centroizquierda. Tampoco dirigió una verdadera campaña electoral. No insistió en la cancelación del “porcellum” (la cochinada), convencido de que su partido sería el partido de mayoría relativa e iba a obtener el merecido premio previsto en la ley electoral del señor Calderoli[iv], uno de los peores personajes que han pisado la escena pública italiana; o bien puso barreras insuperables en el camino que conducía a la nueva ley que todos reclamaban en vano (y que ningún partido a decir verdad esperaba). Con una mezcla de ingenuidad y de utopía —contradiciendo el realismo maquiavélico y sus invitaciones a la prudencia— el bueno de Bersani se preocupaba de los problemas técnicos del “después” ( y para colmo de un modo tan genérico que precisamente no ofrecía seguridad sobre ese después ), convencido de estar ya investido de la presidencia del gobierno salido de la nueva legislatura, ostentando la certeza de que el eje de la derecha no podría representar un verdadero peligro ni a nivel nacional ni local, a la vista de la elecciones regionales. Esto nace de la ignorancia: si no se estudia no se puede combatir. La derrota en Lombardía, mayor que en el resto, lo ha desmentido de forma clamorosa respecto de las proclamas de la anunciada victoria. La insistencia en ignorar la naturaleza de movimiento organizado a los “grillini”, el uso de este término reductivo, y el llamar bufón o cómico al fundador, desconociendo sus cualidades políticas, e infravalorando por tanto el índice de impacto (impact factor)[v] ha constituido un gravísimo error. Circula en estos días postelectorales la fatídica frase de Piero Fassino (alguien que tiene ya una buena colección de frases fatídicas): “Que funde Grillo un partido, si es capaz. Y veremos cuánto recoge”. No comment.

Tercera tesis: en una competición hay que diferenciarse.

En una campaña electoral es necesario parecer diferente de los otros contendientes en los contenidos, en los eslóganes, en las formas de comunicación. Y digo parecer, no necesariamente ser. De nuevo Maquiavelo nos ilustra: debe parecer que el príncipe tiene ciertas virtudes… no necesariamente tenerlas.[vi]

Bersani se ha diferenciado muy poco de Monti. Por el contrario ha dado a entender muchas veces que se aliaría con él, tras las elecciones, cualquiera que fuera el resultado. Estando el PD de vuelta de una experiencia de apoyo al gobierno “técnico”, gobierno que ha desarrollado una política fuertemente clasista de derecha, habría sido tanto más necesario marcar las diferencias. Sin embargo parecía, por el contrario, que Bersani adoptaba el papel de tranquilidad y serenidad del profesor de la Bocconi, y hablaba su mismo lenguaje, aceptaba los dogmas del Tratado fiscal europeo, y usaba a Europa como un mandamiento: “Nos lo pide Europa…” repetido como un mantra. Berlusconi y Grillo se han diferenciado claramente, incluso con mentiras evidentes, con boutades, con provocaciones. Pero se han hecho notar. Sin mentir, uno se puede hacer visible, pero dibujando de manera clara su propio perfil político y comunicándolo de manera eficaz. A Bersani e Ingroia les ha faltado lo uno y lo otro. Porque ninguno de los dos tiene, ni el tercero del área de centroizquierda, Vendola, la estatura de líder. Hay que tener el coraje de decirlo. Son tres personas estupendas, dignas de estima, pero modestas políticamente, capaces en cualquier caso (tanto Bersani por un lado como Ingroia por otro) de cometer errores garrafales: como el cometido por Bersani al apoyar a Monti en vez de reclamar elecciones después de la caída de Berlusconi en noviembre de 2011 (en el grupo parlamentario de Centroizquierda sólo Di Pietro se manifestó así, lo cual le honra). Hoy, además, el líder debe ser un orador, un comunicador, un persuasor, con esa capacidad de espectáculo necesaria en la política postmoderna (y postdemocrática) pero con mucha sangre fría y una absoluta determinación para vencer. De otro modo uno se queda muy lejos del modelo ideal representado en El Príncipe.

Cuarta tesis: Vence quien incluye, no quien excluye; quien amplía, no quien se cierra.

Nicolas Maquiavelo
Nicolas Maquiavelo

Diferenciarse no significa hablar solo a quien está de tu parte. Por el contrario, hay que involucrar y convencer a quien no está de tu parte, haciendo llegar el contenido, no buscando el alineamiento. Para vencer es necesario ir más allá de tu propio campo y no reducirlo con eslóganes excluyentes, errores típicos del maximalismo de los partidos de la llamada “izquierda radical” reconvertidos en Revolución Civil. M5S ha ganado porque se ha basado en esta filosofía política: ampliar e incluir. No hay duda de que la izquierda debe diferenciarse de lo que no es izquierda pero también debe realizar un esfuerzo de   inclusión, y no de exclusión, de ampliación de los propios caladeros electorales. La victoria en los referendos de 2011 demostraron que la izquierda vence cuando se dirige más allá de las cercas de su “pueblo”. Se puede vencer por tanto solo si nos desprendemos de los ideologismos manteniendo a la vez firmes los valores y los principios. La izquierda canónica es minoritaria y la rodea un aura negativa: representa a los perdedores, a los eternos derrotados, a los desafortunados, a los tristes, con mujeres feas, y así sucesivamente. La izquierda debe dejarse de una vez de presentarse como izquierda pero debe sacar adelante contenidos de izquierda. ¿No es acaso “de izquierda” el agua pública? Es de izquierda todo lo que pertenece a todos y todas, todo lo que se percibe como “bien común”, como patrimonio colectivo. Ser de izquierda quiere decir también interpretar las demandas de la comunidad, es decir, aquellas que interesan a la inmensa mayoría de la sociedad. Pero hacer política quiere decir buscar y conquistar el poder (Maquiavelo una vez más), considerando el poder como un medio, no como un fin. Un medio para realizar el bien común, o sea el bien de la polis.  Este es el desafío más duro porque el pueblo italiano se compone de individualistas y, sobre todo, de individuos con tendencia a defender el bien privado. Por eso hay que hacer entender que el interés de la colectividad puede identificarse con el del individuo: el estado que funciona, el aire respirable, una fiscalidad  equitativa, y así sucesivamente. El mensaje de Berlusconi “Queremos que el ciudadano no sienta al estado como un enemigo” es un mensaje perspicaz. Con demasiada frecuencia sentimos al estado (desde la hacienda hasta la policía) como enemigo. ¿Por qué la izquierda no ha sabido lanzar un mensaje similar? Los mensajes sobre los impuestos — hoy el estado para la casi totalidad de la población se resume en los impuestos— del Centroizquierda y de la izquierda han sido balbuceantes y poco claros y, sobre todo, incapaces de poner freno a ese individualismo, de dejarlo desfogar de algún modo y, por lo tanto, dirigirlo hacia la comprensión del interés colectivo.

Quinta tesis: la televisión sigue siendo el primer medio de formación de la opinión pública.

A pesar de los anatemas de Grillo, la televisión cuenta ¡ya lo creo! Y el éxito de M5S ha estado marcado también por la TV. El hecho de que sus exponentes rechazasen, por orden del líder y a sugerencia del gran sacerdote Casaleggio (sobre el que ya es hora de hablar claro), participar en los programas ha hecho que se hablase de ellos siempre y en todas partes, mostrando las imágenes del Jesús-Grillo que anda sobre las aguas, suministra sacramentos políticos, da homilías incendiarias. Paradójicamente estando ausentes han estado presentes. Incluso muy presentes.

Del otro lado, la TV, a través de los programas de entretenimiento y actualidad, con sus periodistas o con sus cómicos, ha jugado un papel decisivo, quizás más que nunca. Hago memoria: a) El programa Report ha puesto fuera de juego en un instante a Di Pietro y a todo un partido (denunciando, pero no sin incurrir en errores, hechos irreparables); b) el programa Servizio Pubblico ha vuelto a poner en juego a Berlusconi en un vuelco decisivo de la campaña electoral: la conducción del programa por parte de Santoro se ha traducido en una gran ayuda a Berlusconi, ni siquiera igualado por un adversario histórico como Marco Travaglio; c) las imitaciones de Croza han pesado a su vez mucho para reorientar al electorado. Ingroia ha salido de las mismas masacrado, cuando se han evidenciado de forma despiadada sus defectos de comunicación y de convicción política; Berlusconi por el contrario ha aparecido como un bobalicón simpático; d) las escenas animalistas (Monti con el perrito, Bersani con el jaguar) han arrasado en burlas sin conseguir hacerles ganar más apoyos; e) en los talk show los candidatos del Centroizquierda y de Revolución Civil lo han hecho muy mal, infravalorando una vez más la especificidad del medio. Mientras, Grillo agredía, mordía y, aunque estaba fuera de la pequeña pantalla, cada día aparecía en primera página. Se hablaba de Grillo, se mostraba a Grillo, se temía a Grillo, se esperaba a Grillo… era omnipresente y se encendía el televisor para conocer su última hazaña, que se preparaba con anuncios y avances: se preguntaba ¿cuántas personas llevará el “cómico genovés” al mitin?… ¿Qué habrá tramado hoy Grillo?…

Pero la infravaloración del poder de la TV ha inducido al Centroizquierda en sus dos asaltos al poder (tanto en 2008 como ahora en 2013) a infravalorar el conflicto de intereses y a no lograr siquiera sacar adelante un apaño de propuesta de ley. Lo que ha permitido al Cavaliere Berlusconi seguir disfrutando de una posición dominante que una vez más le ha facilitado la acción de modo anómalo.

Sexta tesis: la política se hace en todas partes

Beppe Grillo
Beppe Grillo

La izquierda histórica parece haber olvidado la calle. Hay que comenzar por la calle, entendida como espacio físico de la ciudad, donde por el contrario Beppe Grillo, gracias también a su notable energía física, a su viveza cómica, a su lenguaje perturbador, se ha crecido. Los suyos eran espectadores pero también eran militantes y conforme pasaban las semanas verdaderos fieles. No se admitía el disenso; la misma figura del disidente se presentaba como herética. Su “caudillismo”[vii] inquietante para quien, como yo, lo miraba desde fuera, ha tenido los efectos internos de hacer más compacta la multitud así como su transformación en una fuerza perturbadora. La misma envergadura era impresionante y terminaba por galvanizar a los asistentes suscitando también admiración (y envidia, preocupación, turbación…) en los otros. Sentirse parte de la casa común, y junto a miembros de la comunidad, daba la sensación de invencibilidad a los “grillini”. Los ciudadanos se convertían en  militantes, los militantes en fieles, los fieles en misioneros. Somos muchos, seremos cada vez más, estamos llegando, estamos en contra, queremos hacer la revolución… hasta el mítico “¡Rendíos!”: lenguaje fascistoide, antiparlamentarismo desgraciado, pero mensaje de extraordinaria potencia en cuanto que recogía la necesidad de hacer tabula rasa, de terminar con la “casta”, de eliminar el régimen de privilegios. Aquello era francamente la calle contra el palacio. O así se presentaba, con la curiosa aporía de que aquellos que impugnaban el palacio trataban de llegar a él, no con el asalto al palacio de Invierno sino con el recurso de las papeletas de votación. Y de que el Movimiento había sido ideado por un millonario y guiado por otro millonario. Como la Liga Norte, que ha tronado contra Roma pero que apenas llega se acopla bien a ella. O se acoplaba bien, ya que ahora ha naufragado hasta la victoria del horrendo Maroni en Lombardía, que es fácil presumir dará nueva savia al verde desteñido de un partido en estado comatoso. Es evidente que la casi desaparición del movimiento de Bossi está relacionada con el surgimiento del movimiento de Grillo aunque en absoluto son la misma cosa: el electorado del primero no se ha trasvasado, salvo poca cosa, al del segundo. Hay elementos sin embargo de inquietante analogía.

Beppe Grillo nos ha enseñado que la política se hace también en la plaza virtual de la red y ha sabido aprovecharse de ella de forma eficaz y capilar. La izquierda y el Centroizquierda, que ya han demostrado no saber controlar la calle, tampoco han aprendido por otra parte a usar este instrumento con la necesaria y hoy indispensable habilidad. Maquiavelo teorizaba sobre la necesidad de “milicias propias”; estas son hoy los militantes que se llevan a las calles, que saben luchar por lo que les concierne profundamente y les toca de cerca. La izquierda y el Centroizquierda tienen ya poquísimas milicias propias. No sólo y quizás no tanto en el plano físico sino sobre todo en el plano del entusiasmo. Demasiadas derrotas, demasiadas desilusiones, demasiada desafección, demasiado descontento. Si Berlusconi tenía milicias mercenarias (aborrecidas por Maquiavelo), si Monti ha utilizado milicias auxiliares (medios de la Confindustria (patronal italiana), de las instituciones financieras y algunos más) la izquierda ha recurrido siempre a “milicias propias” pero esta vez han sido superadas, en número, energía y entusiasmo, por las del Movimiento de Grillo. Admitámoslo, ¿Cómo no vamos a pensar que el fortísimo trasvase de votos del Centroizquierda al M5S sea  una consecuencia de ello y a la vez una prueba?

Séptima tesis: si uno se presenta como “nuevo” tiene que serlo de verdad (o al menos parecerlo)

La búsqueda desesperada de la novedad es una de las enfermedades de la “postdemocracia”. Innovar, rejuvenecer, cambiar ¿qué? No siempre se explica pero se trata de introducir la innovación en la política. Todos quieren presentarse como “nuevos”. Ahora bien, las formas cuentan. Y Grillo ha innovado el lenguaje en el sentido que ha borrado el léxico de la política tradicional —de ahí también la acusación de “antipolítica”— y ha recurrido a la lengua cotidiana, a la lengua del bar, del vagón de tren. Es una suerte de futurismo subversivo, que hablaba de los jóvenes, aunque lo dijese un sesentón, que ha transformado las formas tradicionales de la comunicación política en reuniones, en veladas futuristas, en espectáculo gratuito y participativo (recordemos que los espectáculos de Grillo siempre fueron de pago y tampoco a precios muy populares) pero sin perder nunca la fuerza de la  movilización. Grillo ha conseguido que los gregarios se sintieran  protagonistas. El centroizquierda se había convencido, o así lo había hecho creer, de que las primarias, y las “parlamentarias”, habían sido la novedad detonante de la vida política italiana. Ambas, tras la apariencia de la democracia, han sido, a decir verdad, un feroz ejercicio de luchas intestinas, ocasión para el ajuste de cuentas, y han premiado no a los mejores sino a aquellos que eran capaces de pillar, reclutados de diversas maneras, votos (que no se identifican en los apoyos) entre los amigos y parientes, y entre desconocidos reclutados con modalidades muy poco transparentes. No se ha atrevido a sacar a relucir la “diversidad” comunista, enterrada por treinta años de escándalos que culminan en el Monte Paschi Siena[viii]. Y sin embargo, esa diversidad (socialista y después comunista) ha sido una verdadera seña de identidad. Despreciada, como toda la historia de un movimiento y no sólo de un partido: el movimiento de redención del pueblo.  Y nos han entretenido con las primarias remedadas de un sistema, el estadounidense, que tiene otros fundamentos históricos y otras reglas, ¡no óptimas por cierto! La diversidad se ha anulado en una práctica administrativa cada vez más escasa de motivaciones ideológicas y del impulso capaz de recoger el grito de dolor de las clases subalternas.

Revolución Civil, por el contrario, ha aspirado a dar voz a esos sectores. Sin embargo, la falta de transparencia y la absoluta carencia de procesos democráticos de base —que sin embargo se venían proclamando como signo de “diversidad”— han caracterizado a toda la operación guiada, muy mal, por Antonio Ingroia, muy estimable ciudadano, óptimo magistrado, mediocre político y pésimo comunicador. Es antipático ahora recordar sus “profecías” y sus admoniciones pero no he sido yo por cierto el único que ha puesto en guardia contra procedimientos no democráticos, opacos, y prácticas de la más canónica politiquería. Yo, que creí al principio en el proyecto del que nació Rivoluzione Civile RC he puesto en guardia repetidamente contra el peligro de cometer errores que luego se han demostrado fatales. Antes de que naciera RC escribí una nota titulada 21 apuntes para una política renovada ( 21 punti per un politica rinnovata) publicada el 17 de diciembre de 2012. Pero me sentí profundamente desilusionado, tal como expliqué en un artículo el pasado 17 de febrero, (y recogido también inmediatamente en el sitio del Movimento Arancione), Pensamientos de un ciudadano perplejo ante las elecciones (Pensieri di un cittadino perplesso davanti alle elezioni). ¿Se pueden presentar como “nuevos” si son las mismas caras? ¿Si las listas electorales se forman desde arriba y sin ninguna transparencia? ¿Si no se escuchan los famosos  “territorios”, a los que se dice una y otra vez querer representar, y se reciclan en las listas a todos los aparatos de los partidos que confluyen? ¿Y si las formas de comunicación y los eslóganes de la propaganda son viejos y rancios?

Y para más señas, esos mensajes y esas caras han sido perdedores desde hace años. ¿Cómo podían imaginar que se iba a invertir la tendencia sin cambiar ni los unos ni las otras?

Octava tesis: la campaña electoral trata de temas concretos y de forma sencilla

Bersani, hablando ya como jefe del futuro nuevo gobierno, no adoptó un compromiso claro sobre nada. Ha dado discursos, a veces de gran altura y nobleza, incluso con algún momento notable, pero donde no ha tratado los problemas urgentes y dramáticos de la mayoría de la población. No ha hecho sino repetir los temas de la tristemente famosa “Agenda Monti”. Ha dado por incuestionables los dictámenes de la troika que manda en Europa. No ha intentado entrar en lo esencial de las cosas triviales, pero esenciales, como el funcionamiento de los transportes y de la escuela, la defensa y la revalorización de los museos, de los archivos y bibliotecas, o la defensa del paisaje. El PD, como hacía Monti y como hacían los señores del PDL y toda la variada derecha italiana, ha continuado dando por inevitable el letal proyecto del Tren de Alta Velocidad (¿Cómo es posible que se le haya escapado a Bersani una frase que, además, pretendía ser ingeniosa: “¡es sólo un tren!”?). El M5S, por el contrario, ha conseguido su éxito precisamente a partir de esa lucha contra el TAV, entendiendo que era una cuestión nacional, en la forma y en la sustancia. Su batalla ha tenido un mayor éxito que la por otro lado firme lucha dirigida por el PRC (Partido de la Refundación Comunista) y por la variada galaxia de la izquierda extraparlamentaria que ha tratado ahora en vano de volver al parlamento. ¿Por qué? Quizá porque M5S no se ha connotado ideológicamente y ha captado la adhesión y el apoyo de los lugareños que no son en absoluto “de izquierda” y que incluso todavía se asustan ante una bandera roja con el símbolo de la hoz y el martillo. Grillo ha llevado la misma batalla allá donde quiera que iba, a despecho de las cifras fantasmagóricas de la alta velocidad, condiciones de malestar para los viajeros “normales”, el pueblo llano que no se puede permitir destinar 30 euros en un viaje de Turín a Milán. El viaje Roma-Viterbo de Grillo ha sido emblemático de lo que queremos decir y valió más que miles de manifiestos electorales.

De todos modos, la concreción implica la capacidad de dar respuesta a preguntas elementales que son objeto de las charlas cotidianas de la gente sencilla. ¿Cómo se puede aceptar que los trenes de cercanías sean asquerosos y lentos y que cada día se supriman decenas sin aviso? ¿Cómo se debe interactuar con los flujos migratorios? ¿Cómo se puede tolerar como “impuesto a la propiedad” el canon Rai ante las millonadas repartidas en compensación a la Littizzetto? No se puede responder de forma abstracta, evocando a Kant y al derecho universal a la hospitalidad, o a la belleza de los impuestos, o a la validez global del servicio público radiotelevisivo y sus inevitables costes. Es necesario que quien hace política sepa hablar con las insoportables viejecitas que están perennemente en la sala de espera del centro de salud, o con los pasajeros enfadados de Chivasso o de Rho. Grillo lo ha sabido hacer. Con demagogia, con artificios, con actuaciones espectaculares, pero ha sabido “cocinar” su electorado y galvanizar a su pueblo, cada días más numeroso.

Berlusconi
Berlusconi

Novena tesis: En Italia la derecha es fuerte

Fuerte e irreductible, porque responde a intereses precisos y a una difusa carencia de sentido del estado. Para los italianos, ser de derecha significa cuidar de sus cosas particulares. Para ennoblecerlos contrapongamos, a la manera clásica, a Guicciardini y Maquiavelo. Éste expresa la tensión de la política como búsqueda del bien común; el otro, la exaltación del interés privado, de lo particular. Las propuestas políticas de las formaciones de derecha van precisamente en esta dirección. Os quitaré el IMU (impuesto de la vivienda). Es más, os devolveré a cada uno el importe pagado. La ocurrencia de Berlusconi, su último golpe de efecto, capta perfectamente este sentimiento del hombre y la mujer “que cuida de lo suyo”. Quizá algún elector que ha votado al PDL ha comprendido que era una ocurrencia pero lo ha votado pensando que era normal poner a la venta su propio voto. En un país en el que la ética pública ha sido devastada por Berlusconi, pero donde nunca ha estado muy alta y donde el sentido del interés común ha sido siempre muy débil, una propuesta de este género era lícita. O así lo ha parecido. En Francia, Alemania, Inglaterra y muchos otros lugares, más allá de las fronteras de la Unión Europea, sería impensable. La derecha en Italia es fuerte: y aunque culturalmente mísera, agresiva en lo político.

Se trata de una derecha diferente a la europea la cual, por todas partes, conserva el sentido de estado, aunque quizás convertido en un antipático “interés nacional”. No es de ningún modo asimilable a los movimientos neonazis. Se trata de la derecha que sigue pasando, que no ha dejado nunca de pensar “me ne frego”( me importa un bledo), aunque no se atreva a decirlo. Una derecha ideológicamente dispuesta a hacer malabarismos pero que en lo fundamental está firmemente ligada a la maraña de intereses privados, particulares, de los centros financieros, laicos y religiosos, de los grupos industriales. Y con bastante frecuencia confabulada con organizaciones criminales. Esto, al menos, no lo tiene la izquierda.

Esta derecha, con su terrible tosquedad, con sus personajes frecuentemente  desagradables, ha sido capaz de crear un sentido común, de hacer que los ciudadanos se crean “todos en el mismo barco”, de confundir intereses de unos y necesidades de otros, oprimidos y opresores. Esta derecha tiene capacidad para unirse cada vez que existe el riesgo de ser derrotada por la izquierda. Maroni y Berlusconi han dado una última lección de política al Centroizquierda: se han detestado, se han insultado, se han despreciado recíprocamente, y, sin embargo, frente al fortísimo riesgo de la victoria del Centroizquierda en la Región de Lombardía han privilegiado lo que les unía frente a lo que les separaba. Lo cual, entre otras cosas, demuestra ad abundantiam que la derecha no es sólo expresión ideológica sino representación de intereses materiales, sólidos intereses. El área progresista, si queremos llamarla así, no ha pestañeado; ha esperado confiada los acontecimientos en la certeza de que éstos le serían favorables. En la campaña electoral nacional Bersani e Ingroia se han echado en cara mutuamente el voto útil y el voto “diferenciado”, las alianzas buscadas y rechazadas, y muchas cosas más, dando un penoso espectáculo ante el electorado.

Décima tesis: la izquierda es débil

Débil, pendenciera, auto flageladora, al límite del masoquismo. Tras la ruptura del gobierno Prodi, seguida de la fundación de otro micropartido comunista, tras la salida del parlamento, hemos asistido a una infinita y cada vez más triste cadena de escisiones, luchas internas, salidas, regresos, rupturas definitivas. Una parte de la izquierda, tras el fin del PCI, fin decidido por una persona (¿se acuerdan del valiente Achille?) y apoyada por la dirección, y aceptada por la gran parte de la base, desorientada, se zambulló inmediatamente en el remolino del turbocapitalismo, mientras llegaba incluso a negar la propia historia y a tratar de quitarse la mancha roja de la culpa comunista. Se aceptó la lógica y el léxico del adversario. Se asumió el “Libre Mercado” (que era todo menos libre) y el sacro dogma del beneficio como única vía. E hicieron suyos ipso facto los vicios de los otros. La cuestión moral, muerto Enrico Berlinguer, fue enviada rápidamente al trastero, hasta incluso llegar a ser considerada irrelevante en los años noventa. En la era berlusconiana se la perdió de vista completamente. En el otro lado, lo que permanecía de la izquierda que se obstinaba en llamarse comunista, se consolaba con la inteligencia de sus propios análisis, cerrándose en sí misma, cada vez más incapaz de dialogar con el pueblo proletario que pretendía representar. Y cada uno de sus corrientes, como siempre, se autorepresentaba como un universo cerrado y detentador de la verdad. La falta de unidad estaba en los corazones, en las mentes, antes que en las organizaciones.

Gramsci tenía la obsesión de la unidad. Lenin decía a los comunistas italianos: separaos de los socialistas y después aliaos con ellos. Maquiavelo invitaba a la unidad a los soberanos de Italia para expulsar al extranjero: “A todos repugna este bárbaro dominio”. Los extranjeros son los Berlusconi, y sus berluscones; los Maroni, y sus camisas verdes. Y así sucesivamente. O somos nosotros. Si no queremos aceptar también nosotros, que somos la otra parte, incluso la otra Italia, la lógica de la secesión (secesión moral y política, más que geográfica; y confieso que para mí la tentación es muy fuerte), y si la izquierda no quiere resignarse a ser encerrada en el museo de cera, con sus álbum de cromos, sus recortes de prensa, sus canciones y sus viejas, gloriosas  y deshilachadas banderas, ¿qué podemos hacer?

Tesis undécima: ¿Qué hacer?

No me interesan las depuraciones ni las dimisiones, reclamadas o amenazadas. Quien quiera dimitir que lo haga. Pero que no sea una finta. Hay que honrar a Di Pietro, una vez más, que anunció rápidamente su dimisión de la presidencia del partido “Italia de los Valores”. De todos modos, no es esto lo que se necesita, aunque sean gestos apreciables (el primero que debería por otra parte ofrecerla sería Bersani, que anunció rápidamente que no tenía intención de “¡abandonar la nave”! Así, ha invertido el valor moral que atribuimos a las dimisiones en gesto de cobardía. ¡Admirable!) No me agrada la falta de asunción de responsabilidades. No creo haber oído a Bersani y Vendola decir: “nos hemos equivocado (el segundo se ha lanzado a proclamar “misión cumplida”, desafiando valerosamente el ridículo). En lo que respecta a Ingroia,[…] nada menos que ha echado la culpa a los medios y…, naturalmente, al PD.  Semejantes afirmaciones son incluso peor que la derrota (a diferencia de Pierferdinando Casini, que ha admitido la derrota de su pequeño partido, lo cual le honra).

Más allá de estas pequeñeces, creo que hay que empezar desde cero, aunque estemos machacados y doloridos; magullados y golpeados; abatidos y con el sabor amargo en la boca y la desilusión en el corazón. Volver a empezar quiere decir lo que Gramsci (no por casualidad el mayor intérprete y actualizador de Maquiavelo) llamaba “un lento trabajo cultural”. Es necesario trabajar a favor de una “reforma intelectual y moral”, sabiendo que las victorias se construyen a largo plazo. Los atajos, cuando no son guiados por un Vladimir Ilich (¡) son impracticables. La cuestión moral dejada de lado por la izquierda ha sido en cambio el caballo de batalla con el que ha ganado Grillo. La legalidad no puede ser objeto de mercadeo. La Constitución debe ser defendida también contra las pretensiones de los burócratas europeos. Y sin embargo, junto con la cuestión moral, la legalidad constitucional también ha sido obviada, como si ambas fueran temas pasados de moda.

Por el contrario, la izquierda que quiera vencer sin renegar de su razón social debe proponer una consistente política cultural y antes de pedir el voto necesita diseñar una gran pedagogía de masas, que llegue a cada uno de los habitantes de este país, les haga madurar, que desvele lo que se esconde tras el velo de la ideología, que dote de conciencia  a quien no la tiene o la restituya a quien la ha perdido. Si la izquierda radical espera algo todavía debe en verdad hacer tabla rasa y volver a empezar con modestia y con rigor desde abajo. Si la izquierda moderada o el conjunto del Centroizquierda no quieren regalar al “bufón” de Grillo —y a su confuso interclasismo populista— todo el Parlamento, debe evitar cualquier contubernio con la derecha, cualquier cesión en el terreno de los principios. No se salva al país formando un gobierno de “gran coalición” y, sobre todo, no se salvan los pobres, los trabajadores sobreexplotados, los parados, los trabajadores en negro, los precarios, los inmigrantes humillados y ofendidos, los pensionistas que esperan la muerte como liberación de las necesidades.

El éxito de M5S no me ha alegrado pero me ha angustiado la resistencia y el renacer de Berlusconi y los suyos, también por la ceguera de la clase política del Centroizquierda, desde Napolitano a Prodi. El éxito de M5S puede, sin embargo, ser un estímulo. Ha canalizado la indignación aunque sea a través de un movimiento extravagante y que se ha convertido de repente en una moda porque puede agradar un poco a todos. La indignación, a diferencia que en otros lugares, no ha producido entre nosotros ningún movimiento de protesta de masas. M5S ha dado formas discutibles a la difusa indignación, con lemas y análisis extraños a la cultura y a la tradición política de la izquierda e ideológicamente  etiquetable, por bastantes aspectos, incluso como “de derecha”. No obstante, ha recogido algunas de las demandas de los Indignados y de los movimientos Occupy. Ha sido el único que lo ha hecho a niveles de masas. En la Italia de los últimos años solo el movimiento NO al TAV ha sabido tener una continuidad de lucha general, aunque sólo en el plano local, a partir de una batalla específica. El NO al TAV nacional ha sido solo un buen deseo, pero convertido en realidad.

A todos repugna este bárbaro dominio”, escribía Maquiavelo poniendo fin al Príncipe en 1513. Para liberarse de verdad, sea cual sea el nombre del extranjero que hay que expulsar o el enemigo al que hay que aniquilar, conscientes de que el berlusconismo sobrevivirá a Berlusconi, es necesario comenzar a ahondar dentro de nosotros, en nuestras conciencias, en nuestras frases hechas, en nuestras ideas preconcebidas y prejuicios. Y arrojar todo lo que en cierto modo nos vuelva a llevar a la vulgar fatuidad, a la deshonestidad pública y privada, al egoísmo, a la vanidad. Hay que prestar atención a los fenómenos sociales. Interrogar y escuchar antes que embaucar y adoctrinar (tarea inútil, por otra parte). Y así, lentamente, tratar de sacar a la luz el auténtico sentido de la política como búsqueda y lucha para conseguir una sociedad en la que valga la pena vivir. Más aún, en la que sea posible sobrevivir. El camino es largo y plagado de obstáculos pero las elecciones no son el único modo de señalar las etapas de nuestro caminar. Por tanto, no cedamos —nosotros, los intelectuales, pero en general aquellos que todavía creemos en la izquierda— a la tentación de retirarnos al cenobio. O peor aún, de cuidar de “nuestros asuntos particulares”. Continuemos ocupándonos, como nos proponía Sartre al hablar de la función del intelectual, de los hechos que afectan a todos.

(1 de marzo de 2013)

Angelo D’Orsi es historiador del pensamiento político en la Universidad de Turín.

Artículo publicado en italiano en Micromega el 1 de marzo. Traducción del italiano por Javier Aristu y Trinidad Durán Medina.

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[i] Walter Veltroni fue el candidato líder del Partido Democratico (PD, la izquierda) en las últimas elecciones generales de 2008, perdiendo las mismas ante Berlusconi. Dimitió de la secretaría general del PD.

[ii] Esto hay que matizarlo. Bersani y el PD en estos momentos (14 de marzo)  han optado por ofrecer un acuerdo parlamentario y de gobierno a M5S de Beppe Grillo rechazando cualquier pacto con Berlusconi y el PDL.

[iii] Escribe Maquiavelo: Esta es la conducta que debe observar un príncipe prudente: no permanecer inactivo nunca en los tiempos de paz, sino, por el contrario, hacer acopio de enseñanzas para valerse de ellas en la adversidad, a fin de que, si la fortuna cambia, lo halle preparado para resistirle (El Principe, cap. XIV) Nota del traductor.

[iv] La llamada ley Calderoli, por ser este diputado de la derecha el promotor, que viene siendo efectiva desde 2006, tiene como aspecto fundamental el que prima a las coaliciones electorales y da un “premio” de tal forma que la ganadora siempre tendrá la mayoría de los escaños en la Cámara (340 sobre un total de 630) e impide los votos de preferencia primando a las siglas. A esta fórmula se la ha venido llamando “el porcellum, la cochinada”. Para más información puede consultar esta página de La Stampa.

[v] Se trata de un término usado para definir la influencia que tienen los artículos publicados en las revistas científicas, según las veces que son citados y en relación al número de publicaciones. Aquí se referiría a las veces que, sin aparecer directamente, “se hablaba de Grillo…”.

[vi] La cita de Maquiavelo dice textualmente: “No es preciso que un príncipe posea todas las virtudes citadas, pero es indispensable que aparente poseerlas” Cap. XVIII (n. del t.)

[vii] Traducimos la expresión original ducismo (de duce, jefe, guía en italiano) por caudillismo, más apropiado a nuestra cultura histórica.

[viii] Se refiere al escándalo financiero de la banca Monte dei Paschi, con sede en Siena, tradicional ciudad vinculada a la izquierda. Para más información: El País.