¡Qué desparpajo!

desparpajoPor Pablo del BARCO

Lo diré de nuevo: estos “impecables” chicos del Gobierno (¿) invierten la lógica del lenguaje: quieren que los hechos se ajusten a la frase y no al contrario, en una postura de absoluta egolatría y arrogancia. Son unos listillos, lagartijas que huyen para aparecer resplandecientes en lo alto de un muro, intocables, orgullosos, mirando con desprecio hacia el suelo de la realidad. La evidente irregularidad del pago de la seguridad social al camaleón Bárcenas –que está dejando de serlo para convertirse en un grosero acorralado y huidizo- por parte del PPartido, con lo que les han pillado, a pesar de las explicaciones cómicas del metepatas Floriano, lo han traducido en una evidencia de su “transparencia” ¡Qué habilidad! ¡Qué desparpajo! No son como dicen los demás, incluso con pruebas, sino como ellos dicen y quieren ser, con la mentira a cuestas evidente, con silencios y malas actitudes. Ante la falta de salida comienzan a esparcir basura apelando ahora al 11M. ¡Qué actitud tan baja y falta de ética! Todos los delincuentes son así: niegan los hechos, se inventan una campaña contra ellos, luego se callan y se esconden. Y van cada día metiéndose en un embolado que difícilmente puede desentrañarse con su cacareada, fútil e incierta transparencia; es decir, cuanto más se anuncia la transparencia mayor distancia hay con la verdad. Y nadie dimite porque todos deben tener expectativas de ganancias personales con el ejercicio político. La respuesta cada día se les hace más infiel y se ven obligados a ruedas de prensa sin preguntas, que es el economato del ridículo y del desprecio a ese pueblo que tanto dicen defender. En un lenguaje torpe, vacilante, que advierte de su escaso conocimiento y convencimiento: “no hay cosa que tenga más valor que una medicina que cura enfermedades”, dixit Mato.

Mientras, para darles un respiro y que el interés social actúe de cortina de humo, dimite el papa Benedicto XVI. ¡Otro que tal baila!, que diría mi abuelo, de casta republicana. Estos días, por cierto, estamos ante una celebración; el 23 de febrero de 1813 se promulgó el decreto de abolición de la Inquisición en España, esa cueva negra contra la libertad, que desde el 1 de noviembre de 1478 el papa Sixto IV autorizó a los Reyes Católicos para que se instaurase en España. Se  repuso el Santo Tribunal en 1814, de la mano del abortista (de libertades) Fernando VII, que tumbó el emocionante logro de la Constitución de 1812, cuya reciente celebración ha sido presidida -¡viva la coherencia!- por su descendiente Juan Carlos rey de España. No terminó en aquella fecha la temible Inquisición, que ha dejado en nuestro vocabulario un sinónimo de terror; fue oficial y casi definitivamente abolida en 15 de julio de 1834. Digo casi porque aún se mantiene en España a través del Secretariado de la Congregación de la Doctrina de la Fe, con sede en Córdoba, originalmente llamada Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición, fundada por Pablo III en 1542. En 1908, el Papa San Pío X cambió su nombre por el de Sagrada Congregación del Santo Oficio. Finalmente, en 1965, recibió el nombre actual bajo el Pontificado de Pablo VI. Y apunten el dato: estuvo presidida desde 1981 por el Cardenal Joseph Ratzinger, hasta que fue elegido actual papa, Benedicto XVI

Pero el peso de la truhanería en nuestro paisaje actual es de tal calibre que hemos de volver al basurero cotidiano, ahora  parece que sin miedo porque “La justicia es igual para todos” (rey dixit). Tocan las responsabilidades de la monarquía española gracias a unos correos aventandos por el socio de Urdangarín, duque empalmado, director de un equipo ciclista femenino que va dando el pecho. En mi ingenuidad, estoy armando la situación con elementos comparativos: infanta Cristina / Rey, ministra Mato / Escobar, muy respetuoso yo con la cuota femenina de responsabilidades sociales. En ninguno de estos personajes es fácil justificar su nivel de riqueza personal ni acertar en los procedimientos con los que la consiguieron. Así podré dormir más tranquilo, poniendo algo de luz en este caos, que lo será hasta que los protagonistas decidan clarificarlo, cosa que, por supuesto, no espero que  hagan.