Un trago en Bruselas

 

Verschuren_1132Por Javier VELASCO

florimontEl miércoles pasado tuve la satisfacción de tomar una cerveza con Joannis Van der Meer, inefable personaje que me había presentado mi amigo Javier Aristu en la época en que daba clases en la Escuela Europea de Uccle a chavales que , como mi hijo, vivían un mundo aparte y aparentemente feliz.

Me lo encontré en la Brasserie Verschueren, cervecería de  izquierdas, si es que existe eso, cuyo propietario tiene una librería comunista sin complejos en una calle cercana. La librería se llama Aurora, bellísimo nombre, y él se llama Florimont de Witte, nombre aristocrático que sugiere un cambio de trinchera. La atmósfera, como podeis ver, es maravillosa: un sitio donde  puedes leer durante horas sin que el camarero venga a presionarte para que consumas, un ambiente art-deco que te indica austeridad y control del tiempo que pasa; un dueño, lo podeis observar, que es claramente de los nuestros,  y una librería que hoy puede ser catalogada como actual. En la vitrina todos los libros que forman parte de nuestra historia individual: Poulantzas, Althusser, Marcuse, Lenin, Fanon, Harvey, Anderson, Hobsbawn, Arrighi, etc., sin que falten bustos de todos los fundadores, por supuesto con Marx a la cabeza.

La realidad es que Joannis estaba muy excitado y enfadado. Ni siquiera una sublime cerveza Quintine, preciosa, turbia, pastosa y de 8 grados pudo calmar su humor. Venía con un artículo de opinión publicado en Le Soir de uno de los profesores con más “prestigio” dentro de la élite europea: Paul De Grauwe. De Grauwe lo es todo: profesor de la Universidad Católica de Lovaina, de la London School, etc. Pero, sobre todo, es experto en temas de Unión Monetaria y asesor de Barroso, el Presidente de la Comisión Europea. Yo no podía tranquilizar a Joannis de ninguna manera y el peligro radicaba en que habíamos pedido otra cerveza, dada la velocidad con que ingería mi amigo, y estábamos en trance de que nuestra inteligencia se algodonase.

degrauweEn fin, Joannis tenía razón para enfadarse. Paul De Grauwe es el tipo de profesor liberal que ha triunfado y que forma parte de los consejeros del poder. Por eso su pensamiento puede ser letal, y el de De Grauwe lo es. Por eso podemos decir que es una mala persona: porque hace el mal. Por supuesto por ideología, pero el mal. Os he puesto una fotografía de él, en el que parece un bondadoso yayo, eso sí, muy satisfecho de sí mismo y en el que se adivina poca empatía y altruismo. La buena voluntad a veces es peligrosa.

El caso es que, como consecuencia de la crisis de la siderurgia en Europa, y, lógicamente, en Bélgica, De Grauwe ha decidido escribir ese artículo que irritaba a Joannis. En él viene a decir que la desindustrialización es inevitable. En 1970 el 40% la población activa belga trabajaba en la industria. Hoy, esa población es menos del 20%. El desarrollo tecnológico y la globalización harán que dentro  de 15 años el empleo industrial sea menor del 10%. La evolución del sector hace pensar en el proceso que vivió la agricultura por el que se pasó del 50% de la población activa al 2% actual y, sin embargo, hoy en día se produce cien veces más productos agrícolas que hace 100 años. Según De Grauwe, lo mismo pasará con la industria, cuya producción es actualmente  mucho mayor que en 1970, a pesar del descenso del empleo.

Hasta aquí, la cuestión se puede entender. Pero es a partir de aquí donde el razonamiento de De Grauwe deambula por la ideología y por la falta de rigor, que es lo que enfadaba a mi belga. Viene a decir: lo que se ha producido, con el desarrollo tecnológico es normal y no hay que ser pesimista (¡Ah, el optimismo burgués, que diría Florimont!), porque los nuevos empleos residen en el sector servicios. Por eso, no hay que hacer caso a los sindicatos y tener el “coraje político” (¡cuántas veces hemos oído esto!) de cerrar centros industriales que pertenecen al pasado. Para él, es un proceso normal debido a la llamada, hasta el mal olor, “destrucción creativa” del diacrónicamente interpretado señor Schumpeter. El progreso burgués nace de la destrucción y de la creación de un futuro mejor. Es lo que dicen ellos. Lo que no dice el señor de Grauwe es qué tipo de servicios se van a crear, ya sea porque no lo sabe o porque, si lo sabe, no se atreve a decirlo, o porque no le importa o le parece innecesario decirlo. Porque las proyecciones del horizonte de nuevos empleos en el futuro son estremecedoras. Dos grupos se perfilan: los servicios de salud en todas sus facetas y los empleos poco cualificados y mal pagados. Un nuevo proletariado, que en su mayoría va a vivir una vida de infierno  en el comercio  o en el papel de servidores de los ricos. En donde el reparto de trabajo se hará como en la época de la esclavitud, solo que en un mundo tecnológicamente avanzado y con potencial para generar una buena vida para todos pero, claro, en otra lógica política. En otro post hablaré de esto. De momento, mirad la previsión de empleo para Estados Unidos (único lugar donde existen proyecciones de este tipo) y os dejo pensar sobre el futuro. Son las 30 profesiones que más va a crecer en los próximos años. Sé que vais a sacar algunas conclusiones. De Grauwe pensará que siempre ha habido pobres y ricos…

Presentación1Siguiendo con la crisis de la siderurgia traemos esta foto por significativa y porque viene a cuento: El encuentro del poder socialdemócrata con los   trabajadores del metal a propósito de la crisis se resume en esta magnífica  instantánea   del ministro socialista francés Montebourg y los obreros de la siderurgia de Florange.

Arcelor-Mittal-Florange-Arnaud-MontebourgLa cara de mala hostia del obrero y el acojonamiento y  estupor del ministro son la representación de lo que pasa en la sociedad. La impotencia de la socialdemocracia, fermentada en la época de crecimiento con propuestas reformadoras del sistema, que no sirven para el momento actual, y  la confusión obrera ante un oscuro destino, nos dicen mucho sobre nuestro drama. De Grauwe piensa que esto es normal y, posiblemente, que los que pierden son producto de una ley selectiva e inexorable. Este De Grauwe, junto a otros, es peligroso porque se le escucha. La siempre nombrada hegemonía cultural. Quien interpreta el presente diseña el futuro.

Joannis y yo, después de la cuarta cerveza, teníamos una lengua inmanejable que una abundante meada no resolvió. Salimos a la calle fría, gris, pero alegre y cantarina y no pudimos evitar tararear aquella canción que interpretaba magistralmente Yves Montand: a bicyclette http://www.youtube.com/watch?v=lOZPWpiNUWQ, quizá porque, en nuestra densidad alcohólica, intuíamos que la bicicleta forma parte de una alternativa radical, así como el amor, representado en la canción por la alegría de la hija del cartero y sus  pantorrillas rotundas como el bosque.

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