Otra Europa

Diario de un flamenco/5

Por  Joannis Van der MEER

Fábrica Arcelor-Mittal de Esch Belval (Luxembourg) Foto por bracchettid
Fábrica Arcelor-Mittal de Esch Belval (Luxembourg) Foto por bracchettid

7 de febrero. El proyecto de Europa unida nació tras una terrible guerra continental y se apoyó originalmente en la industria del carbón y del acero y en la investigación atómica. Francia y Alemania basaron en su alianza estratégica el futuro de esta aspiración. En 1951 se fundaba la CECA, la Comunidad europea del carbón y del acero, un primer esbozo de unión de recursos y sectores relacionados con la producción siderúrgica. Poco después, en el Tratado de Roma de 1957, se daba paso a las Comunidades Europeas, origen de la actual Unión Europea.

Sesenta años después, la industria siderúrgica europea lleva años en agonía. Los grandes centros de producción que dieron sentido a aquella iniciativa de 1951 han ido desapareciendo progresivamente. Es más barato y más cómodo comprar el acero que se necesita a los países asiáticos. He conocido hace ya bastantes años la famosa cuenca industrial valona, en torno a Lieja. Allí, desde 1850, se asentó la mayor industria siderúrgica, la Cockerill en Seraing, que alimentó con sus hierros el desarrollo industrial belga y de otros países. En esos territorios, hoy desmantelados de fábricas y talleres, se asentó una de las experiencias obreras y cooperativas más interesantes de Europa. El sindicalismo clásico le debe en gran medida bastante de lo que fue en el siglo XX.

Tras el derrumbe de la industria siderúrgica valona, la última experiencia ha estado relacionada con el gigante mundial Arcelor-Mittal. Hace unos años, en 2006, asistimos en las portadas de los periódicos a la batalla gigantesca por controlar lo que quedaba de industria  siderúrgica en el mundo con la OPA de Mittal contra Arcelor. Aquello se resolvió como siempre ocurre con los grandes patronos, con acuerdo de reparto de beneficios para los accionistas. En una visita diplomática en España el gran patrono, Alakshmi Mittal, decía en el año 2006: “La fusión de estas dos compañías creará la mayor del mundo, con una capacidad 115 millones. Para Europa es muy importante salvar empleo y tener fuertes instalaciones de I+D+i. Nuestro compromiso es que no habrá despidos como resultado de la fusión y Europa será el cuartel general de todas las actividades de investigación y desarrollo, ahora en Chicago”.

Seis años después, 1.500 obreros de las acerías de ArcelorMittal en Lieja (Bélgica) y Florange (Francia) se dieron cita en el Parlamento Europeo de Estrasburgo para pedir a la UE que intervenga para impedir el cierre de estas dos factorías y los casi 3.000 empleos que se perderán en su caso (de los cuales 2.300 en Bélgica). La policía prohibió su entrada en el Parlamento, y en los disturbios que siguieron se produjeron 12 heridos. Gota a gota, la base industrial de Europa se va liquidando. El clásico sindicalismo del metal asiste a un declive y comprueba, desalentado, las dificultades de mantener aquellos viejos enclaves industriales y siderúrgicos que dieron sentido a las vidas de sus antecesores y a ellos mismos y sus familias. Mientras, la cumbre europea discute ahora mismo sobre no sé qué asunto financiero y el señor Alakshmi Mittal se lleva sus inversiones a otro lugar del mundo.

Europa, ¿cuál es tu hoja de ruta?

PD. Me acaba de llegar a Gante, donde paso este nevado invierno, el esperado libro de Bruno Trentin, La ciudad del trabajo, traducido por el amigo José Luis López Bulla. Lo ha editado la Fundación 1º de Mayo. Es de agradecer que este tipo de literatura sindical, de gran altura teórica y de búsqueda incansable de la explicación de los fenómenos nuevos en el mundo del trabajo, se traduzca al español y enriquezca el desangelado panorama de la edición social de ese país.  Bruno Trentin murió en 2007. Fue, sin duda, una figura majestuosa del movimiento obrero italiano y europeo. A él debemos bastante de las teorizaciones más interesantes del sindicalismo de los últimos años. Uno de los padres de esa Europa que necesitamos renovar.