El gobierno pinocho

Foto: Daniel Ochoa de Olza de Ap
Foto: Daniel Ochoa de Olza de Ap

Por Pablo del BARCO

Nunca había visto a la Cospedal, generalmente fría como una serpiente, tan insegura, sabiendo que mentía y que tenía que seguir mintiendo para salvar el embrollo. Es una experta queriendo manejar ese lenguaje del PP por el que los hechos tienen que servir a las palabras y no al contrario. En la comparecencia sobre el escándalo Bárcenas y la información aparecida en “EL País” ha empezado por hablar de la “presunta información”. No, señora pinocha: la información existe, sea o no verídica; no quiera hacerla desaparecer por arte de su palabra; no se escape. Ha dicho también: “este partido niega tajantemente el contenido de esos papeles”, despreciando con esta denominación –“papeles”- el valor de los documentos. Mientras hacía esta afirmación tan rotunda el presidente del Senado, señor Pío García Escudero confirmaba que la información, en lo que a él respecta, era verídica. Seguramente ella tenía ya el apunte pero siguió mintiendo; huída hacia delante, sin mirar atrás, tropezón seguro.

Hoy ha mentido de largo la pinocha Cospedal. Para los que nos hemos pasado la vida manejando la palabra por oficio los matices son muy importantes; y también la mirada de quien las emite; mirada huidiza la suya, como la verdad que sólo se encuentra en las palabras. Han mentido quienes, en la cúpula del PP, aparecen como cobradores del dinero de dudosa procedencia en el partido, tras negarlo con insistencia días atrás. Los diarios que lanzaron la información están seguros de las denuncias y el partido, pese a anunciarlo, aún no puso ninguna en el juzgado. No les queda otra salida que aceptar la truhanería, o la verdad se volverá contra ellos; ya se está volviendo. Como la mentira en la última comisión de hacienda del Sr. Montoro, aún ministro; ha vuelto para proyectarse contra su rostro, y ni aún el arma que guarda en la sobaquera le ha de librar de la vergüenza, si la tiene, porque sus tiros salen por la culata. En Hacienda se sabía que Bárcenas había limpiado diez millones de los veintidós escondidos en Suiza. Lo negó el pinocho Montoro pensando que nunca se sabría la verdad, y la verdad es un hecho, no una palabra. La pinocha Cospedal no se cansa de hablar de la transparencia de su partido, pero no ofrece ningún “papel” que lo atestigüe; habla de la honorabilidad de los de la cúpula del partido, pero no lo avala con documentos, y los documentos no la avalan a ella. Sólo palabras, palabras, palabras… Y se empeña en decir que el partido fue siempre transparente, tan desmemoriada que no recuerda el caso Naseiro, las imputaciones en la trama Gurtël, este escándalo de ahora. Insisto: repetir una mentira no la convierte en verdad. Y no se salva por recordar casos de corrupción de otros partidos; no se salga por la tangente, bella pinocha: las sentencias legales no siempre responden a la realidad de los acontecimientos; hay prescripciones y redenciones sin castigo; de eso se sabe mucho en el gobierno. Lástima que el partido de la oposición mantenga una actitud tan tibia; otro sol nos alegraría. La Báez pone su nariz empinada para cantar la misma copla de la honestidad. Y así, con estas costumbres que tienen los aseados muchachos del poder, les van creciendo las narices, de manera que el esfuerzo para pinochear es de menor daño. Y es verdad, de todo lo que el PP ha dicho y desdicho en lo único que mantienen una coherente verdad absoluta es en la actitud para mentir, el desparpajo y la frialdad con que lo hacen, como si estuvieran contando la verdad en un corral propio y exclusivo. Van haciendo creer por el universo que lo nuestro es mentir, quitándole a Pinocho el adn italiano y ofreciéndolo como Judit la cabeza de Holofernes. ¿Quién ha dicho que están desorientados y no son coherentes?

Mientras, el Presidente hace su papel habitual de don Tancredo, y aquí no ha pasado nada; la España tahurina (de “tahúres”) sigue en pie y el pueblo en las tabernas.