Europa 2014

Foto  por European Parliament
Foto por European Parliament

Por Javier ARISTU

En junio de 2014 hará cien años que Europa sufrió uno de los mayores desastres sociales y humanos que haya podido conocer. El asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria, en Sarajevo el 28 de junio de 1914 fue el desencadenante de la gran guerra global europea. Generaciones de europeos fueron sacrificados por intereses nacionalistas y particulares; centenares de miles de jóvenes franceses, alemanes, europeos, italianos y muchos más murieron en las trincheras. Las consecuencias de aquel resultado ya se saben: una segunda guerra mucho más cruenta para las poblaciones civiles y un proceso de exterminio racial y social que ha pasado a las páginas principales de nuestra historia. Todo eso ocurrió hace sólo cien años, la época de nuestros abuelos y bisabuelos.

Un siglo después Europa vive una duradera época de paz  y al mismo tiempo un momento de profunda crisis social y de valores comunitarios. Nada que ver con la coyuntura de 1914 pero sería estúpido que no leyéramos con atención aquellos hechos del pasado siglo a fin de sacar nuestras consecuencias para hoy.

Las elecciones al Parlamento europeo están previstas para el mes de junio de 2014. En dichas elecciones se renovarán 754 diputados elegidos en los 27 Estados miembros de la Unión Europea ampliada a través de listas nacionales. Desde 1979, los diputados son elegidos por sufragio universal directo por un período de cinco años.

Si no se producen acontecimientos extraordinarios —que no se pueden descartar en estos momentos de profundas transformaciones y conmociones sociales— las elecciones europeas de 2014 serán la ocasión donde los españoles puedan expresar su sentencia electoral sobre el presente y el futuro de España y de Europa. Tras las elecciones de noviembre de 2011, cuando el PP obtuvo la mayoría extraordinaria que posee en el actual parlamento español, las elecciones europeas serán el primer test global sobre la política de la derecha española. A nadie se le puede escapar, por tanto, que dichas elecciones se convierten en una prueba de enorme importancia para nuestro país y para toda Europa. Con vistas a motivar y animar el debate sobre este asunto desearía incluir en esta reflexión  algunos puntos que me parece que la izquierda en su conjunto debe acometer ya si desea que dichas elecciones supongan el momento clave para convertir la resistencia en alternativa.

  1. Las elecciones europeas de 2014 deben tener un marcado acento europeo. Parece absurdo decir esto pero no lo es si nos fijamos en los procesos de afirmación de identidades particulares que se están desarrollando en España y en otros países europeos. Si algo nos está demostrando el acontecer de esta profunda crisis política, social y económica que vivimos es que esta crisis o se aborda desde una perspectiva continental, europea, o no se puede abarcar en su justa dimensión. Es muy importante hacer comprender a la gente que sólo desde una dimensión europea, es decir, desde instancias supranacionales se puede intervenir con éxito en las soluciones a la crisis. Hoy, mucho más que ayer, los españoles tenemos que comprender que es desde Europa, desde sus instancias y sus poderes, desde donde se puede intervenir con algo de éxito para solucionar los diferentes niveles de la crisis. Parece que no será posible para entonces disponer de verdaderas candidaturas europeas, donde exponentes y líderes reconocidos puedan formar parte en listas nacionales diversas. Sí sería posible disponer de un mínimo programa político de alternativa progresista al neoliberalismo hegemónico así como de una visualización auténticamente europea, supranacional, mediante iniciativas y convocatorias unitarias de la izquierda europea.
  2. Las elecciones de 2014 deben situar como asunto prioritario el de la reforma y renovación de Europa. Esta Europa que desde 2008 ha venido o bien colaborando o bien absteniéndose de intervenir sobre los procesos neoliberales de recorte de la esfera pública y de los derechos sociales debe cambiar de dirección y de ritmo. El sistema de pensamiento y de concepto que dio lugar al proyecto europeo y que se configura especialmente a través de los Tratados de Maastricht y Lisboa debe dar paso a otro paradigma que, sin abandonar principios y vectores todavía válidos, reoriente la dirección del proceso europeo hacia otros objetivos y con otras políticas. Necesitamos otro modelo de Europa, no el de Merkel y Cameron; no el de la marginación del protagonismo social y ciudadano por el beneficio de criterios puramente economicistas o monetaristas; no el de una Europa visualizada exclusivamente sobre las cumbres de los jefes de gobierno europeos. Necesitamos que emerja otro modelo de Europa: el de la sociedad, el de los intereses de la mayoría, el de los acuerdos sociales, el de la profundización y extensión democrática. Todo el proceso que se ha venido desarrollando desde la década de los noventa del siglo pasado ha llegado a un impasse de bloqueo. Necesitamos dar un salto y superar la visión economicista y de pensamiento único europeo por una perspectiva social y democrática.
  3. De ahí la necesidad de que la izquierda española abandone debates internos de corto alcance y acometa con ambición el proyecto de coordinarse y converger con el resto de fuerzas progresistas europeas. Hoy más que nunca necesitamos unidad y convergencia sobre unas bases programáticas comunes. Para ello se necesita converger en toda España hacia un proyecto de candidatura unitaria de la izquierda y progresistas que sea capaz de atraer hacia sí a la mayoría social castigada por la crisis y convertir cada voto ciudadano en un golpe contra la derecha. Posiblemente es una propuesta difícil e incómoda dado que en ocasiones han primado más en la izquierda en su conjunto los intereses particulares que los generales. Sin embargo, es evidente que si después de lo que está pasando en estos últimos cuatro años, si después del periodo de gobierno del PP, si después de todas las medidas neoliberales que se han tomado en España y Europa, la izquierda no es capaz de presentarse como una sola voz y con un programa unitario ante los ciudadanos estará proclamando su incapacidad y su sordera ante la voz ciudadana. Es momento de que la izquierda política se acompase con la izquierda social.
  4. Parece importante, en esa línea, la propuesta que hacen algunas fuerzas políticas de sumar a todos los componentes en un frente amplio que visualice y sintetice el afán de cambiar el rumbo. ¿Cómo debe conformarse ese frente o esa candidatura unitaria? Experiencias tenemos de que la generosidad y la amplitud de miras siempre han sido precursoras del éxito; generalmente la concepción hegemonista o el sentido patrimonial de las propias siglas han derivado en frustración y fracaso. Por eso creo que también es muy importante incorporar a esta idea de una candidatura y un programa unitarios la tercera propuesta de conseguir el mayor número posible de líderes sociales y de opinión. Hoy no todo el pensamiento y la masa crítica de izquierda está organizada en los partidos existentes. Muchos exponentes de la izquierda cultural no militan en ningún partido y sin embargo son verdaderos dirigentes de la opinión pública. La izquierda orgánica tiene la obligación política y ética de ofrecerles un papel en estos momentos donde la batalla social y cultural hay que convertirla en propuestas generadoras de consenso social y de  fuerza electoral. No estamos ante el rubicón ni se trata de últimas oportunidades. La dinámica social evoluciona a veces de forma inesperada y seguirá habiendo sin duda oportunidades en el futuro. Pero es indudable que o la izquierda se toma con brío y atrevimiento el reto de las elecciones europeas de 2014 o estará retrasando de forma irresponsable la ocasión para cambiar el giro de los acontecimientos.
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