“La izquierda debe interrogarse sobre el desencanto de los obreros”

Huelga general en Francia, 29.01.2009. Foto Flickr por Farfahinne
Huelga general en Francia, 29.01.2009. Foto Flickr por Farfahinne

Entrevista con Jean-Philippe Huelin

La Fundación Jean-Jaurès, cercana al partido Socialista, ha publicado el pasado 10 de enero una nota titulada “¿Dónde está el voto obrero?” justo en el momento en que el debate sobre las categorías populares sacude a la izquierda y a la mayoría de gobierno. Jean-Philippe Huelin, profesor de Historia y Geografía en el Jura, y coautor con Gaël Brustier de la obra Viaje al fin de la derecha (Voyage au bout de la droite, Mille et une nuits, 2011), describe en la misma ese voto durante mucho tiempo anclado a la izquierda y convertido ya en un gran desafío para el conjunto de la clase política. 

Pregunta: François Hollande parece haber perdido la confianza de las clases populares. ¿Hay que preocuparse?

Jean-Philippe Huelin. La situación es muy inquietante e incluso catastrófica para el jefe de estado. En diciembre ha perdido tres puntos más de confianza entre los obreros y no alcanza más allá del 28% de satisfacción. No se había visto nunca nada parecido para un presidente después de ocho meses  de mandato. La situación es peor para François Hollande que para el François Mitterand después del giro de la austeridad de 1983[1]. El primer ministro Jean-Marc Ayrault y el partido Socialista están pasando por dificultades. Tras el paso de tres presidencias sucesivas de derecha, la izquierda que ha vuelto al poder deberá preguntarse acerca de este desamor tan fuerte y tan rápido.

¿Cómo lo explica usted?

Las clases populares tienen el sentimiento de que la izquierda no responde ya a sus expectativas. Estas tienen que ver principalmente con el proteccionismo económico., el euro y el reparto de la riqueza. ¿Cuál es la diferencia para las clases populares entre una derecha social y un social-liberalismo asumido? El peligro es grande ya que eso les lleva o a radicalizarse o a abstenerse. En las últimas elecciones presidenciales, la abstención de los obreros ha registrado diez puntos más que la media nacional. Esta abstención, sin duda ligada en parte a la crisis, está muy mal estudiada. Pero no deberíamos contentarnos, como en los Estados Unidos, donde tanto una izquierda como una derecha tienen interés en excluir a las clases populares del debate democrático.

En su informe habla usted de un “voto de los obreros” más que de un “voto obrero”. ¿Por qué este matiz?

Desde hace tiempo el mundo obrero ha sido una fortaleza social que tenía un importante peso electoral. Su voto estaba dirigido política y socialmente por sindicatos fuertes y partidos políticos de izquierda, el partido Comunista en primer lugar. Este mundo obrero se ha atomizado completamente. Es por tanto lógico que esta atomización social y económica se traduzca políticamente en una dispersión del voto obrero, de la izquierda hacia la derecha y la extrema derecha. Los obreros se han convertido cada vez más en un nicho electoral en el que, por ejemplo, la derecha y Nicolas Sarkozy han querido invertir en 2007. Por el contrario, la izquierda, que había vertebrado ese voto desde la segunda guerra mundial, lo ha abandonado completamente, pensando con cierto desprecio que ya no le convenía.

¿Cuándo sitúa usted el comienzo de esta ruptura entre los obreros y la izquierda?

Principalmente a partir de la llegada al poder del Partido Socialista en los años 80 del pasado siglo. En 1988, Mitterand se había beneficiado de un voto muy potente de la clase obrera, pero a partir de los años 90, se produce el divorcio de tal manera que la diferencia entre izquierda y derecha es ya muy débil. Lo prueba que tanto en 2007 como en 2012 Sarkozy ha obtenido entre los obreros los mejores resultados de un candidato de la derecha.

¿Cómo juzga usted la oposición que atraviesa al PS, entre una izquierda social próxima al “think tank” Terra Nova y el movimiento de la Izquierda popular?[2]

Se trata de una confrontación decisiva para el futuro a medio plazo de la izquierda. Esta pudo acceder al poder gracias a una coyuntura favorable, como la de mayo de 2012, pero para transformar en profundidad a la sociedad necesita tiempo y apoyarse en una coalición social mayoritaria y duradera que debe ser muy diferente de la confusa coalición  preconizada por Terra Nova, donde se aúnan “licenciados”, “urbanitas”, “minorías de los barrios”, “mujeres” y “jóvenes”…

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Entrevista por Bastien Bonnefous. Publicado en Le Monde, el 10 de enero.

Traducción del francés por J. Aristu


[1] En marzo de 1983, el presidente francés François Mitterand decidió abandonar el programa común pactado con el PCF e impuso un giro a la política económica basado, entre otros elementos, en el rigor económico y el control de la inflación.

[2] El entrevistador usa la expresión “izquierda societal” quizá para recurrir a la expresión sociológica de origen inglés “societal” cargada más de tecnicismo y jerga sociológica que la de “social”, más relacionada con la izquierda clásica. El “Think tank” Terra Nova es un grupo de pensamiento y opinión que entre sus objetivos están la “renovación del pensamiento intelectual de la socialdemocracia”. La Gauche Populaire es otro grupo de ideas de la izquierda francesa cuyos objetivos son «lo común antes que las identidades, lo social antes que lo societal, la emancipación colectiva antes que la extensión infinita de derechos individuales”. Nos encontramos, por tanto, ante dos expresiones diferentes de la izquierda socialista actual en Francia.

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