Funcionarios europeos

Diario de un flamenco/4

Por Joannis Van der MEER

Comisión Europea, Bruselas.  Foto por Patrick Rasenberg
Comisión Europea, Bruselas. Foto por Patrick Rasenberg

29 de diciembre. Vuelvo a casa. Gante me espera cada mes de diciembre. Me gusta pasar las navidades aquí, junto al Leie (los castellano hablantes lo llaman Lys), bajo las brumas y nieblas aunque a veces el sol nos permite calentarnos y disfrutar de la tertulia abierta tomando café en estos bares de los antiguos muelles, por la Kleine Vismarkt. Mi ciudad sigue manteniendo, a pesar del turismo y de la modernización de las últimas décadas, ese sabor de principio de siglo que tanto me atrae. Lo medieval casi está perdido, salvo algunos pequeños circuitos de calles, pero la parte más burguesa, más comercial nos reserva todavía encanto y posibilidad de vivir el pasado. Podemos ver aún escaparates con vitrina donde se venden productos de toda la vida, bares que mantienen ese lujo de la madera en las mesas y las sillas y donde la charla y la conversación se imponen como un rito.

He aprovechado unas horas de la mañana para ir al Café den Turk ( Café del Turco), un viejo café al que hacía tiempo que no iba, para hablar con mi amigo Mathias. Es abogado y trabaja en Bruselas, en un bufete muy relacionado con la Comisión Europea. Su especialidad en derecho fiscal y administrativo le hace conocer bien todos los recovecos de esa institución.

Mathias me expresa su escepticismo sobre la actual Comisión y el papel de su Presidente. La posición y la forma de actuar de Durao Barroso está dejando toda la iniciativa al Consejo, a los estados, y eso no responde al proyecto original. El pasado noviembre  la Comisión presentó la programación presupuestaria para el periodo de 2014 a 2020, lo que en la jerga comunitaria se denomina el “marco financiero plurianual”. Algunos medios hablan ya claramente del suicidio de la Comisión con este proyecto. Frente a aquella Comisión presidida por Delors o Prodi, llena de iniciativa política, esta de Durao Barroso se alza como el monumento a la inoperancia del factor político.

Mi amigo me cuenta también que hay una gran movida en la Comisión precisamente a propósito del personal, sus muy reconocidos y últimamente criticados funcionarios. Son aproximadamente unos 35.000. Pues bien, resulta que en los próximos diez años se calcula que unos 10.000 —un tercio aproximadamente— se jubilarán y han renacido las tensiones entre, por un lado, la Comisión y su voluntad por renovar su plantel con buenas cabezas y buenos administradores y, por el otro, países como Reino Unido y Holanda especialmente que se asustan con eso de reforzar o simplemente mantener los efectivos y las estructuras de la Comisión. No olvidemos aquellas palabras de Thatcher sobre los burócratas de Bruselas que tanto han reforzado y alimentado las posiciones críticas con el papel y función de la Comisión, auténtico gobierno efectivo de Europa. Es ahora Cameron, el premier británico, quien exige recortar miles de millones del presupuesto europeo a costa de aligerar la plantilla de funcionarios y, por las mismas razones seguramente, también la CSU, el partido de la derecha de Baviera aliado con Merkel, pide que se reduzcan los actuales 27 comisarios a 12. Como vemos, asistimos a un plan de “tirar lastre” de lo que son los instrumentos de acción usuales para una acción pública. Hasta ahora sabíamos que se trataba de reducir las plantillas de funcionarios estatales a fin de reducir el déficit; disminuir las dotaciones para el cumplimiento de los servicios sociales; en definitiva, hablaban de disminuir y recortar (perdón, le llaman “reformar”) las partidas de gasto relacionadas con prestación de servicios al ciudadano y del personal destinado a ello. Ahora van también contra el núcleo duro del ejecutivo europeo. ¿Dónde pararán?

En Europa ya cantó la gallina cuando se redujeron las dotaciones para el funcionamiento del plan Erasmus, ese mecanismo realmente barato y por el que miles de jóvenes universitarios europeos han ampliado sus conocimientos y han desarrollado una comunicación transversal muy interesante. Ahora quieren meter mano al instrumento por el que la Comisión, el Parlamento y la Unión hacen efectivos los proyectos de la construcción europea. El funcionario europeo no disfruta de buena fama en estos momentos; se habla de sus altos salarios y sus condiciones laborales excepcionales. De acuerdo, no voy a entrar en ese debate ahora. Lo único que me interesa de momento es advertir de que si esta ofensiva por la reducción del número de funcionarios europeos la gana el Reino Unido y la CSU de Baviera será un paso más contra el servicio público europeo, contra el servicio diseñado para servir a los ciudadanos, batalla ganada de nuevo por el neoliberalismo y los que no ven nada claro la existencia de una unión europea sólida y consistente.

Mi amigo Mathias, además de pagar esta vez el cappuccino que nos hemos tomado, confirma mis palabras y quedamos en seguir hablando la primavera, cuando él baje hacia el estrecho donde nos espera el atún rojo. Yo vuelvo a casa paseando por la ribera del canal.