Mensaje navideño

Por Carlos ARENAS POSADAS

El presidente Griñán en reunión con 22 empresarios de Andalucía
El presidente Griñán en reunión con 22 empresarios de Andalucía

El presidente Griñán, y no Pepe Griñán como quiere que se le llame, ha hecho público un mensaje de buenas intenciones tal y como corresponde a las fiestas navideñas. Un mensaje que contiene lo que ha llamado un Pacto por Andalucía, que ha concretado en ocho líneas estratégicas de acción política y económica. Ningún reproche a las intenciones. Andalucía representa poco más o menos el 17 por ciento de la superficie española y el 18 por ciento de la población, y no hay ninguna variable de las que se utilizan para dimensionar (convencionalmente) el desarrollo económico y social -PIB, ahorro de las familias, densidad empresarial, stock de capital, inversión en formación, y en I+D+i, etc.-, que alcance ni de lejos esos porcentajes con respecto a la media española. Por el contrario, somos líderes en todo aquello que supone atraso, incertidumbres, malestar -a la cabeza, una tasa de desempleo de más del 30 por ciento-. Bienvenido sea cualquier pacto que sirva cambiar tan desagradable balance.

No obstante, me caben serias dudas de que las buenas intenciones vayan acompañadas de la necesaria voluntad política y, especialmente, del rigor intelectual y coherencia necesarios para que las propuestas sea creíbles y  los resultados fructíferos.

Rigor intelectual y coherencia. ¿Es riguroso proponer un pacto por el empleo de calidad, la erradicación de la exclusión social, la revitalización del mundo rural, el empoderamiento de la juventud, la igualdad de oportunidades, la puesta en valor de nuestra cultura, etc., con el tejido productivo que impera en Andalucía? ¿Es coherente llevar a cabo esos pactos que deben implicar un cambio en el modelo productivo de la mano de las grandes empresas “andaluzas” tal y como se escenificó deprisa y corriendo en mayo de 2012 a poco de que se llegara a un acuerdo de gobierno con Izquierda Unida?

La situación de decaimiento de Andalucía  no es sino el resultado de un modelo de capitalismo caracterizado, desde hace mucho tiempo, por las barreras de entrada a los negocios por parte de determinadas familias y allegados, por la captura de rentas gracias a la proximidad al poder político sea dictatorial, democrático o socialista, por el carácter especulativo y oportunista de las inversiones y, especialmente, por la explotación de una mano de obra abundante, barata, fatalista y políticamente maniatada, sujeta, como dice el propio presidente, a bajos salarios y pésimas condiciones de trabajo.

El Partido Socialista pudo haber cambiado esa trayectoria en 1982, pero no lo hizo. Lo puede hacer en 2012, pero no lo va a hacer, salvo sorpresa de última hora, pues la fotografía con los 22 mayores empresarios  “andaluces” en mayo de 2012 es portadora de malos presagios en ese sentido. Esos empresarios, salvo alguna excepción, son el vivo retrato del capitalismo que acabo de describir. Varios de ellos (nueve) no son andaluces sino representantes o valedores  de empresas e intereses nacionales o multinacionales que operan en Andalucía. Entre los genuinos andaluces nos encontramos a otros (nueve) empresarios de sectores que aportan escasos valores añadidos y empleo precario como el agroalimentario, semi elaborados metálicos, la química  o la confección. La construcción, junto a la propiedad del suelo,  causantes del presente desaguisado está bien representada por seis de los presentes, dos de los cuales están, por añadidura, entre los mayores perceptores de ayudas al campo por parte de la Política Agraria Comunitaria. Por supuesto no hay en la foto ningún representante, genuino y no interpuesto, de los cientos de miles de autónomos, pequeños y medianos empresarios, cooperativistas, etc., que representan más del 95 por ciento del empresariado andaluz.

Pacto por el empleo, nos dice Griñán, a partir de inversiones productivas y no especulativas. ¿Cómo? Le sugiero las siguientes medidas. Basta con decirles a los representantes de las empresas nacionales y multinacionales que operan en Andalucía que los insumos que adquieran para su desempeño, las mercancías que colocan en sus escaparates sean andaluzas en mayor proporción que en la actualidad. Basta con potenciar el mercado regional -el 2006, solo eran andaluces el 5 por ciento de los productos que se consumían en Andalucía; en Cataluña era el doble-. Basta con insinuar a los grandes inversores andaluces del sector de la construcción, de las agroalimentarias, de las nuevas tecnologías que inviertan más dentro que fuera de la región. Basta con construir -porque nunca lo hubo o no en dimensiones eficientes- el sistema financiero andaluz -pero sin políticos, por favor-. Se dirán que son medidas “nacionalistas” trasnochadas. ¿Trasnochadas? Que se lo pregunten a Merkel.

Por el empleo de calidad. Usted mismo, señor Griñán, que ha sido inspector de trabajo.

Un pacto por el medio rural. ¿Cómo? Podemos hablar de la distribución si no de la tierra, sí de la cuantía de las ayuda de la PAC hoy concentradas en pocas manos. Podemos intentar de una vez por todas aglutinar al disperso sector agroalimentario andaluz que hoy es víctima de las grandes distribuidoras, o podemos levantar alternativas regionales a las multinacionales cerveceras, vinícolas, aceiteras, espirituosas, que se han instalado en las últimas décadas en Andalucía de la mano de la banca y de ilustres apellidos locales.

 En defensa de la educación pública y por la promoción de la igualdad de oportunidades. La educación pública necesita dos cosas si se quiere que sirva para que la movilidad social no dependa de los recursos familiares. Una: discriminación positiva en cuanto a recursos financieros y humanos; dos: mecanismos para compensar el capital social del que gozan los alumnos de las escuelas privadas y privadas concertadas que pagan todos los andaluces en una escandalosa transferencia de rentas de pobres a ricos. Con una escuela pública con los menguantes recursos actuales es imposible que los pobres se desembaracen de las trampas de la pobreza, de los peligros de la exclusión en momentos como los actuales. ¿Cómo se financia una escuela pública prestigiosa de calidad?. Muy sencillo: detrayendo subvenciones a las escuelas concertadas; en especial a las situadas en barrios distinguidos donde los padres se benefician de las mismas al tiempo que despliegan toda una invectiva ideológica contra todo lo público. ¿Entrarán esas medidas en el Pacto?

Acuerdo por la cultura andaluza. Somos un pueblo creativo. Debemos exportar nuestra creatividad artística porque es un elemento importante en la consecución del desarrollo; de acuerdo. Pero cultura, es más que creatividad: es cohesión e identificación; es acumulación  del capital social que conduce a valorar lo propio, y valorar lo propio es articular mercados, evitar que fluyan los beneficios, y el empleo, hacia otros lugares. A lo largo de la historia, Andalucía ha estado horadada por miles de intereses locales y particulares; lo poco que se avanzó a finales de los setenta en la cohesión cultural, se ha ido evaporando con el regreso de políticas provincianas y la primacía de los intereses particulares sobre los colectivos. 2013 y siguientes, serán años en los que se suprimirán o se reducirán las ayudas europeas e, incluso, las provenientes del Estado. Andalucía irá sola, y necesita más que nunca una política territorial y colectiva por encima de particularismos y localismos. Un regreso al espíritu del 4 de diciembre de 1977, es imprescindible, lo que está por ver es si puede llegar de la mano de quienes lo destruyeron.

Defensa del Estatuto de Autonomía, termina el señor Griñán. El Estatuto de Autonomía fue un gran instrumento para hacer viable la democracia española en los años del “cambio”; una democracia agarrada, sin  embargo, a la necesidad de no variar ni un pelo el diseño de la división regional del trabajo en el capitalismo español; una división en la que, en beneficio también de la mano de los ilustres locales, Andalucía se especializara, como hemos visto en la foto de los veintidós, en ser mercado para empresas foráneas y plataforma para un tejido productivo de cortos vuelos. Si ese es el Estatuto a preservar, si ese es el papel que va a seguir desempeñando Andalucía en España, mejor cambiarlo.

Podría seguir, pero basta por hoy. Sr. Presidente, que tenga usted una feliz Navidad.

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