Gérard Depardieu y la responsabilidad

Diario de un flamenco/3

Por Joannis Van der MEER

El mar, visto desde La Muela
El mar, visto desde La Muela

18 de diciembre. Tras las lluvias de esta semana me dedico a recorrer algunas zonas de la comarca de La Janda que hace años que no visitaba. Subiendo desde Vejer, he dejado el coche en una pequeña venta junto a la carretera de La Muela y me he dedicado a caminar por esos cerros. Poco tiempo después alcanzo una pequeña cumbre desde donde diviso, al fondo, la playa de El Palmar y el pueblo de Conil de la Frontera, blanco, extendido a lo largo de la lámina del mar. El Atlántico se nos presenta esta mañana como un espejo, el sol le hace brillar y casi molesta a los ojos. El espectáculo de estos parajes intensamente verdes tras el agua caída y el fondo del litoral de la playa me traen a mi recuerdo la imagen de la costa de Ostende, en mi tierra natal. ¡Qué diferencia de luz y de tonalidades! Gris, brumosa, metálica la de mi tierra, refulgente y clara la de este sur andaluz.

Al regresar a la casa, cuando ya el sol anuncia su ocaso, me encuentro con cartas de amigos belgas y franceses con noticias de esos países. Todo el mundo me habla de la decisión del actor Gérad Depardieu de trasladar su residencia a Bélgica a fin de no pagar los impuestos en Francia. El gran actor francés se ha “exiliado” a Néchin, un pueblecito belga justo al lado de la frontera francesa entre la ciudad belga Tournai y la francesa Lille, y conocido por ser refugio de fortunas que, al ser residentes en Bélgica, pagan mucho menos impuestos que en sus países. El primer ministro francés, Jean-Marc Ayrault, ha acusado a Depardieu de ser un mal francés y le ha lanzado la invectiva: Je trouve cela assez minable… Se podría traducir por: “Su actitud me parece muy…”. Recurro al diccionario para ver qué expresión española le puede venir mejor y me encuentro con éstas: chapucero, chillón, cutre, dejado, de mala calidad, de mala muerte, de oropel, desaliñado, estridente, extravagante, guarro, horrible, lamentable, llamativo, malucho, mezquino, ordinario, rebajado, sarnoso, sórdido, sucio, y muchas más. Depardieu ha contraatacado enviando una carta abierta furiosa al Primer ministro. Merece la pena leerla para saber de qué pasta están hechos nuestros dioses del espectáculo. Gerard Depardieu me ha parecido siempre un soberbio actor, un extraordinario artista del espectáculo — ¡qué interpretación la suya en Germinal!—pero, al mismo tiempo, un terrible ciudadano expuesto siempre a espectáculos a veces poco edificantes ante la ciudadanía. Éste es uno más.

Armonización fiscal: esa es la cuestión. Una casi inexistente frontera terrestre entre Bélgica y París se convierte en una profunda división a la hora de pagar impuestos. Bélgica, sin ser un paraíso, se ha convertido en un país laxo y tolerante con las grandes fortunas. Sus amnistías e indultos fiscales son ya tradicionales. Hace poco el magnate de la industria del lujo Bernard Arnault también avisó con que dejaría Francia por una residencia en Uccle, un municipio de alto nivel en Bruselas (este blog ya comentó aquel suceso en su momento). No es posible armonizar la austeridad y la pérdida de derechos laborales, por ejemplo, y seguir manteniendo atomizadas las políticas fiscales de cada país.

Relaciono todo esto con un artículo muy clarificador del periódico polaco Gazeta Wyborcza en una traducción al español. Su autor, Jacek Żakowski, insiste en la idea de reforzar la ciudadanía europea, la vertebración social, por encima de burocracias y aparatos institucionales. Dice Żakowski: “La erosión de la solidaridad social es otro aspecto que caracteriza a nuestro contexto actual. En la mayoría de países, se observa una resistencia cada vez mayor a aceptar las transferencias. Hoy los ricos están menos dispuestos a compartir su riqueza con los más pobres, basándose en una sólida ideología para justificar este rechazo. Esto también concierne tanto a las transferencias entre clases, como a las que se producen entre generaciones o incluso entre regiones”. Responsabilidad y solidaridad, dos emblemas de todo un proyecto histórico que hoy puede estar siendo derribado por otras ideas donde el individualismo feroz y la oposición a  reconocerse en el otro dominan sobre cualquier otra identidad.

No está el horno para bollos, como dicen los españoles, pero al menos les quiero desear a todos los amigos y colegas, a belgas, franceses y españoles, lo mejor en el próximo 2013.