Las políticas europeas tienen sentido sólo en un supuesto: el de desmontar el Estado de Bienestar

Entrevista con Noam CHOMSKY

Noam-Chomsky-e1354620147462-157x166En entrevista con los editores de EUROPP  Stuart A. Brown y Chris Gilson, Noam Chomsky discute acerca de la gobernanza tecnocrática en Europa, por qué las políticas de austeridad en la eurozona están fracasando en esta crisis y el ascenso de la extrema derecha en países como Grecia y Francia.

¿Cuál es su opinión acerca de lo que significa para la democracia europea la práctica de gobiernos tecnocráticos en Europa?

Hay dos problemas en relación con eso. En primer lugar, esto no debe suceder, si uno cree en la democracia. En segundo lugar, las políticas que estos gobiernos están desarrollando  llevan a Europa precisamente a problemas cada vez más profundos. La idea de imponer austeridad en tiempos de recesión no tiene ningún sentido. Hay problemas, especialmente en los países del sur de Europa,  pero en Grecia, los problemas no se alivian obligando al país a reducir su crecimiento ya que la deuda en relación al PIB simplemente aumenta, y eso es lo que estas políticas han estado haciendo. En el caso de España, que es un caso distinto, el país lo estaba haciendo bastante bien hasta el estallido de la crisis: tenía un superávit presupuestario. Había problemas pero eran problemas causados por los bancos, no por el gobierno, incluyendo a bancos alemanes, que se prestaban al estilo de sus contrapartes en Estados Unidos (hipotecas subprime). Así que el sistema financiero estalló y luego se impuso la austeridad en España, que es la peor política. Ésta aumenta el desempleo y reduce el crecimiento; a la vez rescata a los bancos y los inversores, pero eso no debería ser la principal preocupación.

Europa necesita estímulos —hasta el FMI está llegando a esta posición— y hay una gran capacidad para los estímulos. Europa es rica, hay cantidad de reservas disponibles en el BCE. Al Bundesbank no le gusta, a los inversores no les gusta, a los bancos no les gusta, pero ésas son las políticas que se deben adoptar. Incluso los comentaristas de la prensa financiera americana están de acuerdo con esto. Si Europa no cambia de política está destinada a entrar en una depresión más profunda. La Comisión Europea acaba de publicar su informe sobre las expectativas para el próximo año, que son de muy bajo crecimiento y de aumento del desempleo, que es el principal problema. Es verdaderamente un problema muy serio: el desempleo está destruyendo a toda una generación y esto no es asunto banal. También es económicamente estrafalario. Que las personas se vean forzadas al paro no sólo es extremadamente perjudicial desde el punto de vista humano – para las personas – sino incluso desde el punto de vista económico. Significa que hay recursos no utilizados, que se podrían utilizar para crecer y desarrollarse.

Las políticas europeas tienen sentido sólo en un supuesto: que el objetivo es tratar de socavar y desmontar el estado de bienestar. Y eso casi se ha dicho formalmente. Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, dio una entrevista al Wall Street Journal donde manifestó que el contrato social europeo estaba muerto. No estaba defendiendo eso, lo  estaba describiendo, pero eso es esencialmente a donde estas políticas conducen. Tal vez no esté “muerto”, que es una exageración, pero sí sometido a un ataque.

¿Es el ascenso de la extrema derecha en países como Grecia y Francia simplemente otro síntoma de la crisis de la eurozona?

Sin ninguna duda. Es evidente en Grecia aunque en Francia ha venido pasando durante un tiempo, basado en un racismo anti-islámico, anti-musulmán. En la actualidad va más allá de Francia. Hay cosas que, sorprendentemente para mí, no se discuten. Imaginen que Francia comienza hoy a expulsar judíos de su país y los lleva a lugares donde son atacados, reprimidos y llevados a la pobreza y la miseria. No tendríamos palabras para describir la conmoción que seguiría pero eso es exactamente lo que Francia está haciendo, no a los judíos sino a los gitanos rumanos. Estos fueron tratados  por los nazis de la misma forma que los judíos. Fueron víctimas del Holocausto. Están siendo expulsados a Rumania y Hungría, donde les espera un futuro miserable, y apenas se dice una palabra sobre este asunto. Y quien lo hace no es la extrema derecha, que está al otro lado del espectro, y ello es bastante significativo, creo.

Pero el desarrollo de la extrema derecha en Europa es espantoso. Alemania también está experimentando algo parecido. Por ejemplo, hay grupos neo-nazis en Alemania, aunque ellos no se autodenominen “neo-nazis”, que reclaman ahora la condena del bombardeo de Dresde, alegando la muerte de 250.000 personas: diez veces las cifras reales. Creo que el bombardeo de Dresde fue desde luego un crimen —un crimen mayor—  pero no de la forma en que los grupos neo-nazis lo utilizan. Si usted va un poco más al este, por ejemplo a Hungría, precisamente la semana pasada un diputado, Zsolt Barath, del partido Jobbik  de extrema derecha, pronunció un escandaloso discurso en el que denunciaba la presencia de judíos en puestos de decisión: “Tenemos que hacer una lista de los mismos, identificarlos, desembarazarnos de este cáncer”, etc. Ya saben, soy lo bastante viejo como para recordar personalmente desde la década de 1930, y todos sabemos lo que significa. Está ocurriendo en muchas partes de Europa —especialmente el racismo anti-musulmán— y es un fenómeno  alarmante.

¿A corto plazo, ve a Europa capaz de resolver su crisis?

En estos momentos la zona del euro está precisamente aplazando sus problemas,  no los está abordando. Hay problemas muy serios.  La eurozona, en mi opinión, es un hecho positivo en general pero está siendo manejada de tal forma que socava la promesa de lo que iba a ser. Creo que hay un acuerdo generalizado de que tiene que haber más unión política. No se puede tener un sistema en el que los países no pueden controlar sus propias monedas y soportar una austeridad impuesta, cuando no pueden llevar a cabo medidas que cualquier otro país ejecutaría si se tratara de una crisis económica.  Esta es una situación imposible y tiene que ser abordada.

También debe reconocerse que Europa está sufriendo en la medida de su relativa humanidad. Si ustedes comparan Europa con América del Norte, la moneda única se acordó aproximadamente cuando se firmó el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (NAFTA), pero lo hicieron de forma diferente.

 Antes de que los estados más pobres fueran atraídos al proyecto en Europa se realizaron esfuerzos significativos para elevar sus niveles de muchas maneras, con reformas, subsidios y otras medidas. Esto se hizo para que no supusiera un perjuicio para los estándares de empleo y de vida de los trabajadores en los países más desarrollados de Europa. Esa es una manera relativamente humana de avanzar en la integración. En los Estados Unidos, algo bastante similar propusieron los sindicatos de EE.UU. e incluso la Oficina de Investigación del Congreso, pero fue rechazado sin comentarios. En cambio México se integró, en cierto modo, de una manera que era muy perjudicial para los mexicanos y también para los trabajadores estadounidenses y canadienses. Europa está sufriendo desde entonces.

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Aparecido en Social Europe Journal.

Traducción de J. Aristu, con la revisión final de Carol Walter.