“Si no cambiamos el rumbo nos espera una terrible recesión”

Entrevista a Michel ROCARD

Foto: PSMichel Rocard es un viejo león de la socialdemocracia francesa. Ha protagonizado la vida política francesa durante varias décadas. Fundador del PSU, Primer ministro con Mitterand (1988-1991), dirigente de la corriente autogestionaria del PS, ha sido eurodiputado hasta 2009. Traducimos un extracto de su entrevista al diario Libération.
 

Intercambiar ideas con Michel Rocard sobre la vida, los hombres, las traiciones, la política o la economía supone un momento gozoso, un ejercicio de estimulación intelectual fuera de lo común. A sus 82 años, continúa paseando por el mundo, con la mirada chispeante y el cigarro negro sin filtro en sus labios, y sobre todo estudiando todas las salidas posibles de la actual crisis. «Soy un hombre libre, dice y se considera en forma por la felicidad y el trabajo». Esa libertad se le siente en su propósito franco, desnudo de cualquier lenguaje políticamente correcto. Para él «si no se cambia de rumbo nos arriesgamos a una regresión terrorífica ».

Libération¿Y qué pasa con Europa? 

Estamos quizás en ciernes de evitar la crisis del euro. Se ha hecho un buen trabajo. Y esta es la única nueva noticia por el momento: vamos a llegar quizá a ese instante. Cuando en torno al año 2000 tuvimos la impresión de haber terminado con la crisis de la economía, todo el mundo recobró el apetito por aquel rebrote del crecimiento en Alemania, fortalecida por su reunificación, y decidió jugárselo todo a las exportaciones. Schröder hizo bajar el poder de compra de los asalariados para favorecer la competitividad y eso funcionó de forma soberbia (¡salvo que el poder de compra no ha dejado de bajar en Alemania!). En nombre de todo eso, Alemania se convirtió en la portavoz de ese gran discurso: ¡todo descansa en la confianza, por tanto, vayamos con entusiasmo, endeudémonos! Europa ha descubierto muy pronto que en el fondo dejarse llevar por la situación griega a una crisis donde el euro podría explotar es formidablemente peligroso porque, hasta aquí, habíamos olvidado el resto: el gran enredo de la liquidez internacional. Hemos amañado medidas parciales demasiado tarde, demasiado lentamente y hemos luchado contra el tiempo. Nadie puede salir del euro. Si se sale, la moneda nacional se devaluaría un 30% o un 40%, ni siquiera se podría comprar petróleo. Toda negociación interna sobre el euro haría derrumbarse el sistema mundial, los alemanes han terminado finalmente por comprenderlo. En este asunto, quizás vamos a ser salvados por algunos genios. El primero, Jean-Claude Trichet que a hurtadillas ha hecho mucho por allanar el camino de su sucesor, Mario Draghi, mucho más resplandeciente. Este dice que, para continuar pagando la deuda, hace falta crecimiento. Es un pianista virtuoso, ha hecho que se acepte lo esencial. Los comportamientos de Trichet y Draghi están dirigidos a salir del modelo milton-friedmaniano. Porque es este un combate más intelectual que político. Hay que ser capaz de romper los tabús, es un combate de doctrinas. El primer órgano intelectual que lo ha entendido es el jurado del premio Nobel de economía. Había coronado a Hayek en 1974 y a Friedman en 1976 y después a doce monetaristas, una escuela de pensamiento que ha metido al mundo en una crisis. Hasta 1998 en que el jurado ha comprendido que el mundo está contra la pared y corona a Amarty Sen, uno de los mejores analistas de los desequilibrios del sistema. Después, ya no ha premiado a ningún monetarista. Nos ayudaría el hecho de que Mélenchon comprendiera algo de esto que yo le estoy contando.

LIB.: ¿De qué tiene necesidad hoy Europa?

De relanzar el combate geopolítico a fin de estar en condiciones de competir con China. Hay que aprovechar la ocasión que nos presenta esta crisis del euro para instaurar una verdadera solidaridad y una verdadera Federación. Nuestro país de incapaces e impotentes llora viendo que Gran Bretaña amenaza con abandonar la negociación. Al contrario, hay que decir ¡bravo! Nos quedan de siete a ocho años de estancamiento con riesgos de patinar hacia la recesión. Además, ya no podemos volver al crecimiento derrochador. Estamos a nivel europeo en la verdadera vía de salida que consiste en crear los empleos necesarios para una economía sostenible. Hay que, por ejemplo, preparar en Francia diez u once millones de pisos para el aislamiento medioambiental, doblar nuestros cristales, pasar rápidamente a un parque de vehículos eléctricos.  Esto es el cambio de rumbo que me gustaría ver. Lo digo con la facilidad que da ser un hombre libre, no estoy pidiendo la investidura de nadie.

LIB.: ¿Y cuál es su opinión sobre este gobierno?

La cantidad de limitaciones que pesa sobre él es terrorífica. Yo pediría un proceso, un ritmo. Hasta ahora el gobierno nos ha mostrado sobre todo aquello que era restrictivo y prohibitivo. Nuestros grandes partidos tratan de transformar nuestras tradiciones, entre ellas su indiferencia hacia la economía, lo cual es un hecho cultural. François Hollande es un dirigente socialdemócrata honesto, de buena fe. Pero Francia no es un país de comerciantes, es un país de campesinos, es decir, de notarios. Y de latinos, es decir, de parlanchines.

LIB.: ¿Está en crisis la socialdemocracia?

En España está claro que sí. Pero eso no se puede decir del bloque escandinavo. La socialdemocracia es el arte de hacer avanzar una democracia por su lado social y por el diálogo contractual, y eso todavía es moderno. La socialdemocracia ha engendrado 5 premios Nobel de la paz. Su principio de base es que hay que buscar la negociación antes que la pelea. El siglo XX, que con el Holocausto ha sido seguramente el peor siglo de la historia, ha generado cuatro corrientes políticas: la comunista, la fascista, el gran capital y la socialdemocracia. La única de esas grandes corrientes que permanece es la socialdemocracia y todavía tiene algo que decir.

—————-

Entrevista original en Libération, 2 diciembre.

Traducción de J. Aristu y Pedro Jiménez Manzorro

Anuncios