Reflexiones tras un huelga general

Por Eduardo SABORIDO

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Foto: Chema Hontoria

Escuchando las opiniones de los asistentes a ciertas tertulias de televisión analizando el resultado de la Huelga General del pasado 14 de noviembre, y leyendo algunos editoriales y artículos de conocidos periodistas sobre la misma, no lo entiendo.

 Que aún habiendo sido reconocido por la mayoría de los medios que los trabajadores habían parado el transporte público, la gran industria, las cadenas televisivas (que ha sido evidente), amplios porcentajes de los sectores de la construcción, la sanidad y la enseñanza, y más altos que nunca en la función pública, sigan diciendo dichos contertulios y periodistas que la Huelga General ha sido un fracaso y que los sindicatos están más desprestigiados que nunca y por tanto sus dirigentes debieran dimitir. No lo entiendo.

 Tampoco entiendo que alguno de ellos se haya atrevido a decir que el referéndum que los sindicatos piden que el gobierno convoque para refrendar su política económica, totalmente distinta a la presentada en su programa electoral, es ilegal; está claramente recogido en el artículo 92 de la Constitución Española, que dice literalmente en su apartado uno que “las decisiones políticas de especial transcendencia podrán ser sometidas a referéndum consultivo de todos los ciudadanos”.  En su apartado dos cita que “el referéndum será convocado por el Rey mediante propuesta del Presidente del Gobierno” (y aquí viene los más importante) “previamente autorizada por el Congreso de los Diputados”. Es decir, que a todas estas instituciones y principalmente al Presidente del Gobierno, está dirigida la petición de los sindicatos que ha sido refrendada masivamente y que es legal.

 Ésta actitud, tan evidente, de negar la realidad e insistir repetidamente en su negación, aparte de ser una práctica ajena a la democracia, conduce casi siempre a desagradables sorpresas y desprestigio de los medios y autores que la practican. Tendrían que reconocer que en unas condiciones tan difíciles de grave crisis económica y con más de cinco millones de parados, paralizar el país y llenar las calles de todas las capitales de España de masivas manifestaciones, demuestra que los sindicatos mayoritarios convocantes conservan una importante influencia en los trabajadores y en la ciudadanía, y que por el contrario es la política económica del gobierno actual, apoyada por los grandes empresarios, sólo en beneficio de una aprovechada minoría causante de la crisis, ha llegado a tener un alto grado de rechazo.

 Bien es verdad que a los sindicatos les han acompañado en esta ocasión decenas de organizaciones diversas que, todas juntas, configuran el llamado foro social que ha firmado el manifiesto de la convocatoria de Huelga General, pero ése factor de ayuda al éxito de la jornada, en vez de ser criticado, tendría que habérsele puesto en su haber a los sindicatos mayoritarios, pues aparte de conservar en gran medida su prestigio, han conseguido romper cualquier posible aislamiento, ampliando sus alianzas y demostrando que numerosos colectivos sociales también confían en ellos y asumen su tutelaje. No lo entiendo.

 Ésta situación de crítica permanente a Comisiones Obreras y UGT tras más de 30 años de democracia es cuando menos una falta de consideración,  parece que aún estamos en la transición. No hay que olvidar que su representatividad ha sido refrendada durante más de tres décadas por varias Huelgas Generales a gobiernos de distinto signo político e ideológico. Han formado parte de sucesivos acuerdos con la patronal y tripartitos incluyendo al gobierno, y han sido los protagonistas fundamentales de los miles de convenios en todo el país que han conformado la gran negociación colectiva. Por si fuera poco, los sindicatos, al igual que los partidos políticos en España, se someten elecciones sindicales periódicamente, en las que son elegidos muchos miles de delegados en todas las empresas del país, votados por millones de trabajadores, repitiendo desde sus inicios de la democracia su mayoritaria representatividad.

 Pero aún hay más. Como colofón, no se conoce o no se quiere admitir que los sindicatos forman parte, desde diciembre de 1978 en que se aprobó la Constitución, de su Título Preliminar, que en su artículo 7 así los reconoce. Este Título Preliminar, junto al Capítulo que contiene los Derechos y Libertades Fundamentales, forman parte de lo que es considerado como los elementos básicos de la Ley de Leyes de nuestro país y por ello tiene un tratamiento especial cualquier intento de su modificación o anulación. Aparte de necesitar la mayoría de dos tercios de ambas cámaras por dos veces, tendrían que convocarse elecciones generales y después convocar a un referéndum mayoritario del pueblo español. Este privilegio de los sindicatos no es tal, fue consignado así por los constituyentes al reconocer su aportación decisiva a la lucha contra la dictadura y a la conquista de la libertad. Es decir, los sindicatos forman parte del sistema, tanto cuando firman convenios y pactos como cuando se declaran en huelga o convocan protestas contra las políticas económicas o sociales que se practican. La democracia española es el sistema elegido por los sindicatos, y éstos forman parte de ella.

 Por todo ésto resulta aún más incomprensible la cerrazón del gobierno actual, pues ni siquiera, tras una demostración de protesta masiva y pacífica, se sienta, se reúne con los sindicatos más representativos para discutir la modificación o cambio de rumbo de la economía española, que está perjudicando gravemente a los trabajadores, a la juventud, y llevando al país a una profunda recesión. No lo entiendo.