Acerca de la Democracia y el Caos en Grecia o por qué demonizar a Syriza no tiene sentido

Por Giorgios Papanagnou

Foto: mkhalili

Recientemente, en una entrevista con el diario financiero alemán Handelsblatt, el presidente del gobierno griego Antonis Samaras advirtió a los ciudadanos europeos que si su gobierno fracasa, Grecia caería en el caos[1]. Como potencial o actual fuente de peligro el primer ministro señaló el crecimiento de Amanecer Dorado, el partido neo-nazi. Evidentemente, el propósito del argumento de Samaras era exponer a los lectores alemanes y europeos la dramática realidad económica y social que atraviesa Grecia y hacer una apasionada defensa de una mayor solidaridad europea. Por un lado, nunca desde 1975 un primer ministro griego ha mostrado – en términos tan dramáticos  una mayor indiferencia pública para la oposición política oficial del país (en este caso, la parte de la Coalición de la Izquierda Radical, Syriza) y, por extensión, para las instituciones democráticas del país.

Por desgracia, la línea de pensamiento de Samaras no habrá sorprendido a muchos de sus homólogos de centro izquierda y de centro derecha (especialmente a estos). La hostilidad contra el partido de izquierda, que en las elecciones del pasado mes de junio alcanzó el 27% de los votos, es intensa.  Muchos políticos[2] y periodistas[3] europeos o han obviado al líder de Syriza, Alexis Tsipras, o han insistido en que la potencial llegada de éste al gobierno llevaría efectivamente al país al caos.

¿Está justificada esta actitud? Y, lo que es más importante, ¿es eficaz de cara a alejar a Grecia del presunto abismo? Para resolver estas cuestiones habría que hacer un esfuerzo de cara a  captar una imagen imparcial de Syriza.

Es innegable que hasta abril de 2012 Syriza era un pequeño partido de izquierda con un discurso fuertemente anti-neoliberal y casi anti-sistema, que captó la mayoría de sus votos de  la intelectualidad y profesionales socialistas y ex-eurocomunistas. También es correcto decir que muchos votantes eligieron Syriza por su ardiente discurso anti-Memorando. Es igualmente cierto que, desde las elecciones de mayo y junio, el partido y su líder han utilizado, a veces innecesariamente, una agresiva (y contraproducente) retórica en contra de algunos líderes europeos, especialmente Angela Merkel. Por último, también es un hecho que Syriza incluye a políticos populistas, cuyas declaraciones con frecuencia no tienen relación con la realidad (financiera), así como otros que se enmarcan desde luego entre los  socialistas de la línea dura.

Sin embargo, estos aspectos no justifican el desprecio mostrado hacia el partido y su representación como populista, ultra-radical y anti-europeo.

Es un hecho que Syriza es un partido pro-europeo. El partido votó a favor del Tratado de Maastricht en 1992 y desde que fue elegido en mayo su líder ha dejado claro en numerosas ocasiones que quiere mantener a Grecia en la zona euro. Si es herética en algo, no es en el rechazo a Europa, sino  en la defensa de una remodelación drástica de la UE hacia una mayor integración política y hacia el federalismo [4] . Teniendo en cuenta que la crisis del euro es el resultado de la falta de unión política frente a la unión monetaria, muy pocos europeos socialdemócratas estarían en desacuerdo con eso.

Por otra parte, desde las elecciones la dirección de Syriza ha reconocido que el renovado interés y la fuerza del partido están pidiendo una redefinición de su discurso y de sus compromisos programáticos. Sociológicamente el partido ya no es el mismo. Si se analizan sus votantes se verá que la gran mayoría proviene de las clases media y media-baja y  trabajadora. En otras palabras, de las personas que se han visto profundamente afectadas por las medidas de austeridad y por los cuatro años de recesión larga y profunda. Sin embargo, tradicionalmente, la clase media, los votantes de centro-izquierda en Grecia son los más pro-europeos – principalmente por razones de cultura. Simplemente no tiene sentido para Syriza ir en contra de estos deseos populares profundamente arraigados. Y no está en la dinámica de cambiarlos. La reciente referencia de su líder a la historia y las ideas de la socialdemocracia europea[5] y el control de la política económica del partido por sus políticos más moderados parecen apuntar hacia la continuación de esta línea más responsable.

Además, en lo que se refiere a las propuestas de Syriza para el futuro de Grecia, éstas se  corresponden a lo que la mayoría de los socialdemócratas europeos encontraría razonable. El partido ha argumentado que su prioridad es mantener a Grecia en la eurozona, pero no a cualquier precio. En vista de la magnitud de la crisis – en términos económicos, sociales y políticos – y del hecho de que el programa impuesto por la troika no conducirá al crecimiento[6] decir esto no parece irresponsable.

Syriza también reclama que se ponga fin a las políticas de devaluación interna y está por un plan pan-europeo de estímulo fiscal frente a la camisa de fuerza presupuestaria a escala europea promovida por los conservadores. A falta de este plan, argumenta que el gobierno griego podría tener que abandonar el euro. Esto no es radical. De hecho, se trata de un escenario que Paul Krugman [7] considera que en realidad aumentaría las posibilidades de recuperación de Grecia. En cuanto a la obsesión de Europa con la austeridad, es algo que viene siendo condenado por casi todos los socialdemócratas[8].

Por último, en relación con las voces populistas dentro del partido, no se puede tomar en serio ese argumento. De lo contrario, probablemente se tendría que dejar de hablar con partidos como la CSU bávara, los conservadores británicos o la UMP francesa[9] . La verdad es que las partidarias  son organizaciones que permiten divergencias de opinión – por supuesto dentro de un límite. Esto es bueno para la democracia, la interna y la externa.

En última instancia, sin embargo, la estrategia de demonización empleada por los conservadores europeos es profundamente contraproducente. La democracia griega en este momento, y a pesar de ciertos reportajes pobremente fundamentados en la prensa griega de  las últimas semanas, no está en peligro. No obstante, sí que pasa por un período difícil. Las medidas de austeridad producen miseria social y política, mientras que los escándalos políticos de los grandes partidos de la Metapolitefsi erosionan aún más la confianza en las instituciones democráticas. El auge de “Aurora Dorada” es sin lugar a dudas síntoma de un sentimiento de indignación frente a frente al sistema democrático.

Por lo tanto, vilipendiar a un partido que no es una amenaza populista y que muy probablemente será llamado a formar el próximo gobierno griego – o en todo caso a ser un socio gubernamental importante – carece de sentido. Por otro lado, insistir en una agenda económica manifiestamente contraproducente y de poco éxito como la única opción viable, prepara efectivamente el terreno para el caos. Si se presenta la situación como una elección entre un programa manifiestamente fracasado y el caos, entonces como consecuencia uno está por lo segundo – a veces de manera inconsciente.

El filósofo político Chantal Mouffe[10] ha argumentado que si eliminamos el antagonismo (en nombre del consenso) de la esfera política, entonces estamos abriendo el camino al extremismo -, ya que parece ser la única visión política que ofrece puntos convincentes de identificación y un escenario alternativo para el futuro. Por lo tanto, si los líderes griegos y europeos tienen realmente la intención de salvar a Grecia del abismo, entonces tendrán  que aceptar que es viable una vía diferente, de centro-izquierda, para Grecia y Europa (algo en lo que en cualquier caso creen la mayoría de los socialdemócratas europeos). Y Syriza podría desde luego contribuir a este cambio. Huelga decir que el propio partido tendrá que tomar medidas más sistemáticas hacia una mayor madurez y para lograr el estatus, en un proceso que no será fácil, de socio creíble. Lo que se necesita en esta actual y difícil coyuntura es un espíritu constructivo (dejando de lado la línea dura, la ortodoxia conservadora), que permita un debate político y no precisamente alusiones sin fundamento al caos.

Publicado en Social European Journal, el 9 de octubre

Traducción de J. Aristu


[5] We speak the same language as Helmut Schmidt: Interview with Alexis Tsipras.http://www.tovima.gr/politics/article/?aid=478366

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