La izquierda puede ganar en Galicia

Por Bruno ESTRADA

La encuesta del CIS con la que se inauguró el  viernes la campaña electoral en Galicia esconde más de lo que muestra. El titular ofrecido por los medios de comunicación en base a los datos del CIS ha sido concluyente: “El Partido Popular  mantiene el gobieno en Galicia con 38 diputados”, sobre un total de 75. Esto, de ser cierto el día 21 de octubre, tendría indudables efectos en el conjunto de la actividad política en España. El PP interpretaría estos resultados como un aval a sus políticas de recortes, se paralizaría el creciente cuestionamiento interno a Mariano Rajoy, pero, lo que es más grave, dejaría a la ciudadanía en general, y en particular a las organizaciones sociales y sindicales que están liderando el rechazo a las suicidas políticas de recortes de derechos, a los pies de los caballos, que están demoliendo a coces el Estado del Bienestar y de paso arrasando con elementos básicos de la convivencia democrática. La izquierda política sumaría una derrota más, pero parece que eso no altera demasiado a sus actuales dirigentes, encantados de haberse conocido.

Pero un análisis más en detalle de los datos provinciales que ofrece el CIS, donde se asignan los escaños, permite tener una visión más optimista. La supuesta mayoría absoluta del PP gallego depende tan solo de un escaño. Las circunscripciones de Orense y Lugo no parece que vayan a modificar su distribución de escaños entre derecha e izquierda, dado el escaso número de diputados a repartir entre ellas, 14 y 15 respectivamente. Aunque como todo el mundo sabe están sobrerrepresentadas, un diputado autonómico en estas dos provincias se obtiene, aproximadamente, con un 40% de votos menos que los obtenidos en A Coruña y Pontevedra.

Los datos del CIS sobre A Coruña, que elige 24 diputados, no permiten muchas alegrías. Beiras saldrá elegido diputado por EU-Anova, pero la coalición de izquierdas necesitaría movilizar unos seis mil votos más para obtener un segundo diputado (el primero le cuesta más de 40.000 votos), pero lo más probable ese segundo diputado fuera a costa del PSdG, cuyo ratio votantes/escaños es el más bajo, 23.923, mientras el del PP es 24.703. Siempre según los datos de votantes de 2009.

Sin embargo, en Pontevedra, donde se eligen 22 escaños, la situación es muy diferente. Allí EU-Anova obtendría unos 20.000 votos que serían insuficientes parta obtener un diputado. Sin embargo, si lograra incrementar sus sufragios en algo más de 3.000 votos podría arrebatar el diputado número 12 al PP, cuyo ratio votantes/escaño en Pontevedra es el más bajo, está en 23.003 votos, muy inferior al del BNG, 24.418 y al del PSdG, 25.459.

Pero esto es pura aritmética-ficción, porque en realidad los votos a cada partido político dependen de su capacidad de ilusionar a los votantes. En este sentido llaman la atención dos cuestiones de la encuesta del CIS.

En primer lugar la ausencia del partido de Mario Conde. Puede haber una evidente justificación técnica en el hecho de que el partido político de Mario Conde es extraparlamentario, acaba de constituirse y, en el momento de diseño de la encuesta, todavía no existía confirmación de su participación en las eleciones. Pero es indudable que la encuesta no muestra la totalidad de la realidad electoral gallega.

En segundo lugar, y esto tiene también que ver con la anterior consideración, el porcentaje de votantes que han manifestado su opción de votar a otro partido, o en blanco, es muy alto, prácticamente el 10% en todas las provincias con la excepción de Pontevedra.  En la medida en que UpyD es marginal en Galicia no hay que descartar que una elevada proporción de esos votantes estuviera pensando en la opción del ex banquero condenado en 2001 por la Audiencia Nacional por estafa y apropiación indebida, que deba ser algo parecido a robar pero con  más glamour.  Hay que recordar que el periodo de entrevistas fue entre el 8 y el 25 de septiembre, y el 15 de ese mes ya era público que Mario Conde iba a presentar su candidatura a la Xunta.

Como conclusión, obtenemos que en las elecciones gallegas, que pueden decidirse por un solo escaño, hay cerca de unos 140.000 votos sin padre ni madre conocidos, de ciudadanos que han dicho que iban a depositar su papeleta en las urnas. Unos 60.000 en A Coruña, unos 40.000 en Pontevedra, y casi unos 20.000 en las otras dos provincias.  Estimar los efectos de la irrupción del candidato fantasma para el CIS, en términos de dsistribución de escaños, no es el objeto de este artículo.  Sería una imprudencia, ya que la información es absolutamente insuficiente y el panorama político gallego muy dinámico. En el hipotético caso de que obtuviera representación parlamentaria, con  los datos proporcionados por el CIS, lo más probable es que en Pontevedra y Lugo perjudicaría al PP, mientras que en A Cotuña, y tal vez en Orense, podría poner en problemas al PSdG. No obstante, esta hipótesis no contempla el trasvase adicional de votantes que pudiera darse entr el PP y el partido de Mario Conde. Algo que recientemente el programa “El Intermedio” puso en evidencia en un magnífico reportaje. Esto indudablemente avalaría las posibilidades de una mayoría de izquierdas, frente a un escenario aterrador en el cual el gobierno de la Xunta se mantuviera en manos del PP con una mayoría que dependiera del nuevo actor político ex estafador.

No puedo sustraerme a un último ejercicio de aritmética de ficción en estas elecciones, pero este está basado en una realidad que pone de manifiesto el CIS, aunque lo hayan silenciado en la mayor parte de los medios de comunicación: la izquierda en Galicia es mayoritaria en todas las provincias. En Pontevedra la izquierda suma 7,5 puntos más que el PP, en Orense 3,7 puntos, en A Coruña 2,5 y en Lugo 1,4. Si hubiera una candidatura única de izquierdas en Galicia obtendría 39 escaños frente a 36 del PP. En Pontevedra se desharía el actual empate a escaños, de forma que la izquierda sumaría dos diputados más que el PP, y en Lugo obtendría uno más, reflejando en la distribución de escaños la intención de voto expresada en la encuesta del CIS. Esto es, la existencia una mayoría de votantes progresistas pero que debido a la actual dispersión del voto da la mayoría de diputados por esta provincia al PP.

Pero, para que esto pudiera producirse, los líderes políticos de la izquierda deberían haber tomado nota de las demandas de participación de la ciudadanía progresista, que se han expresado en el imaginario colectivo representado por el 15M, y que exige mecanismos de relación más abiertos entre los políticos y los votantes. Incluida la posibilidad de unas primarias ciudadanas abiertas para elegir a candidatos únicos de izquierda que sean capaces de frenar el deterioro democrático, el empobrecimiento social y el recorte de derechos a los que nos someten las políticas del PP. Capaces, en suma, de representar, en términos parlamentarios y de gobierno, a la mayoría social que se ha manifestado pacífica y reiteradamente tanto el pasado domingo como el 25S. Lo dicho, política-ficción, de momento.

Bruno Estrada es economista, Director de Estudios de la Fundación 1º de Mayo.

Publicado en Nueva Tribuna, 9 de octubre