Globalización del poder y crisis de la política. Entrevista a Zygmunt Bauman

Hace unos meses publicamos en este blog la traducción de un artículo de Zygmunt Bauman sobre la globalización: El futuro entre mercado y naciones-estado. Haciendo zapping por la prensa europea nos topamos ahora con esta entrevista al sociólogo polaco realizada hace tres días. Aunque repite algunas de sus ideas ya formuladas en aquel artículo creemos interesante publicar la traducción de esta entrevista por algunas reflexiones paralelas que contiene.

J.A.

«La razón de esta crisis, que al menos desde hace cinco años afecta a todas las democracia y a sus instituciones y que no se sabe cuándo ni cómo acabará, es el divorcio entre la política y el poder ». Zygmunt Bauman no se anda con rodeos. No por casualidad posee el don de lo que Charles Wrigt Mills llamaba la imaginación sociológica, la capacidad de condensar en una frase, en una idea, la realidad de toda una época, y el gran estudioso polaco lo ha conseguido con su metáfora de la “Vida líquida” y de la “Modernidad líquida” (¿qué hay más inaprensible o evasivo que el agua y sus flujos?) para describir con genial claridad la precariedad y la inestabilidad de la sociedad contemporánea.

Él, líquido no lo es en absoluto; más bien es un hombre de hierro, un octogenario que da vueltas por el mundo sin descanso (¡viaja en torno a cien días al año entre conferencias y debates!). En esta ocasión lo tenemos en Mantua donde ha intervenido en el marco de Festivaletteratura en un debate sobre educación. No hay signos de cansancio en su austero físico o en el enjuto y marcado rostro reavivado por ojos centelleantes, mientras habla en una sala de la Logia del Grano unos días después de la publicación italiana de su nuevo libro Cose que abbiamo in comune (Cosas que tenemos en común), editado por Laterza.

Profesor Bauman, ¿Es acaso por esa razón por la que parece que los políticos están tirando al vacío en esta crisis?

Sí. El poder es la capacidad de ejercitar el mando. Y la política la de tomar decisiones, de orientarlas en un sentido o en otro. Los estados-naciones tenían el poder de decidir y una soberanía territorial. Pero este mecanismo ha saltado por los aires a causa de la globalización. La globalización ha globalizado el verdadero poder sobrepasando a la política. Los gobiernos no tienen ya poder o control de sus países porque el poder está más allá de sus territorios. Están atravesados por el poder global de la finanza, de los bancos, de los media, de la criminalidad, de la mafia, del terrorismo… Cualquiera de estos poderes se ríe fácilmente de las reglas y del derecho locales. Y también de los gobiernos. La especulación y los mercados no están bajo  ningún control, y mientras asistimos al desarrollo de la crisis de Grecia o de España o de Italia…

Es la época de la propiedad ociosa, como la llamaba Veblen, de las finanzas: ¿era mejor antes?

El actual capitalismo es un gran parásito. Trata todavía de apropiarse de la riqueza de los territorios vírgenes, interviniendo con su poder financiero allí donde es posible acumular mayores beneficios. Es el cierre de un círculo, de un poder autorreferencial, el de la banca y el gran capital. Naturalmente que estos intereses han tendido siempre, también con las tarjetas de crédito, a alimentar el consumismo y la deuda: gasta rápidamente, disfrútalo y paga mañana o después. Las finanzas han creado una economía imaginaria, virtual, desplazando capitales de un lugar a otro y ganando intereses. El capitalismo productivo era mejor porque funcionaba sobre la creación de bienes; ahora no se hacen negocios produciendo sino haciendo trabajar al dinero. La industria ha dejado el puesto a la especulación, a los banqueros, a la imagen.

No hay reglas, debemos crearlas. Quizás nos hace falta un nuevo Breton Woods…

La desgracia es que la política internacional no es global mientras que sí lo son las finanzas. Y por eso todo es más difícil en relación a algunos años atrás. Por esto los gobiernos y las instituciones no se arriesgan a imponer políticas eficaces. Pero es evidente que no lograremos resolver los problemas globales si no es con medios globales, restituyendo a las instituciones la posibilidad de interpretar la voluntad y los intereses de los ciudadanos. Sin embargo, no hemos creado todavía estos medios.

Respecto de la crisis europea, ¿no cree que los países de la Unión están todavía divididos por intereses nacionalistas y por los viejos resabios que impiden una verdadera integración política y cultural?

Es verdad, pero es también resultado de un círculo vicioso favorecido por la actual situación de incertidumbre. La ausencia de decisiones y la impotencia de los gobiernos activan comportamientos nacionalistas en aquellas poblaciones que se sentían más protegidas por el viejo sistema. Vivimos en una condición de vacío, parangonable a la idea de interregnum de la que hablaba Gramsci: es un viejo sistema que ya no funciona pero todavía no tenemos otro alternativo, que tome su puesto.

La globalización ha producido también aspectos positivos. Hace veinte años, no veíamos  en Europa  africanos, asiáticos, rusos…Éramos todos blancos, franceses, alemanes, italianos, ingleses… Ahora podremos por fin contrastarnos: ¿conseguiremos hacerlo sobre un terreno común?

Es una empresa difícil, muy difícil. El objetivo debe ser el de vivir juntos respetando las diferencias. Por un lado hay gobiernos que tratan de bloquear o de frenar la inmigración, por otro hay gobiernos que, sin ser más tolerantes, tratan por el contrario de asimilar a los inmigrados. En los dos casos se trata de actitudes negativas.

Las diásporas de estos años deben ser recibidas sin anular las tradiciones y la identidad de los inmigrados. Debemos crecer juntos, en paz y con un beneficio común, sin anular  la diversidad que supone por el contrario una gran riqueza.

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Entrevista publicada el 11 de septiembre en Il Messagero.

Traducida del italiano por Javier Aristu

Más información: Un pensador en la pequeña Jamaica El País, 19 agosto)

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