Los ricos y los impuestos

Por Javier ARISTU

Bernard Arnault, francés, es el propietario de LVMH (Louis Vuiton, Moët, Hennessy) el mayor grupo mundial en productos de lujo, el mayor rico de Francia y de la Unión Europea, 4º en el ranking de Forbes, detrás de Warren Buffet y delante de Amancio Ortega. Hace unos días anunció que iba a pedir la nacionalidad belga como forma de evitar el pago de impuestos en Francia. François Hollande había anunciado antes del verano su decisión de someter a las fortunas de su país a un impuesto del 75%, iniciativa que se debatirá próximamente en la Asamblea. Al parecer, el reino de Bélgica debe tener una legislación más suave con los ricos. De esta forma, el rico se retrataba ante sus propios compatriotas.

Además de lo dicho hay que informar a nuestros lectores que Bernard Arnault ha sido considerado como uno de los amigos del círculo del anterior presidente francés, Nicolas Sarkozy; o, al revés, Sarkozy formaba parte del círculo de amigos y protegidos de Arnault.

¡Lárgate, rico capullo!

El diario Libération publicó hace dos días esta portada. Su traducción: “Lárgate, rico capullo” n(podríamos decir otros sinónimos como gilipollas,tonto, lelo, estúpido, etc. .

Expliquemos la frase. Hace unos años, Sarkozy presidente visitó una ciudad francesa y en su paseo triunfal, dando la mano a algunos ciudadanos, uno de ellos se negó a dársela y le increpó por su política. Nicolas, ni corto ni perezoso le soltó la frase: “Casse-toi, pauvre con”, lárgate, pobre capullo.

Como consecuencia de la portada de Libération, Arnault ha demandado por vía judicial al periódico, dice que le ha insultado al llamarle “capullo” y, finalmente, nos dice que le habíamos entendido mal, que nunca había pensado hacerse belga y que seguirá siendo ciudadano francés.

A partir de este asunto, ha salido publicado en el periódico francés este breve artículo de Nicolas Demorand que merece la pena ser traducido. En España tenemos casos similares aunque el gobierno de Rajoy no está precisamente por la labor de una legislación fiscal progresiva, que penalice a  las fortunas.

Zigurat

“Putsch salarial” (golpe de estado salarial). Éstas son  las palabras empleadas por el economista Daniel Cohen en su último libro, ´Homo economicus´ (Albin Michel), para describir un fenómeno reciente, históricamente ligado a la financiación de la economía mundial: el enriquecimiento exponencial de los ricos, convertidos en una “superclase”. Y, paralelamente, el empobrecimiento de los ya pobres y el agarrotamiento de los mecanismos virtuosos que permitían la movilidad y el progreso social de las clases medias. Un informe del INSEE (Instituto Nacional de Estadística y de Estudios Económicos francés) recordaba una vez más la pasada semana que este fenómeno, nacido en Estados Unidos, es desde hace al menos diez años, también francés. De ahí, más allá de las portadas de periódicos y de la polémica que le rodea, más allá del ataque jurídico contra Libération, que sea necesario plantearse esta primera pregunta: ¿Qué mundo común estamos formando a partir de una sociedad en forma de zigurat, con niveles intermedios cada vez más elevados y una cima inaccesible? Se trata de una urgencia política, para una democracia, sobre todo cuando ésta se halla en la trampa de una crisis económica que ve, en las curvas del desempleo y en los balances, las imágenes concretas de su debilidad. O incluso de su fragilidad. Hasta ahora, la “superrclase” no parece haber tomado conciencia de su papel ni de su responsabilidad. Sobrevuela el volcán. Corresponde a los políticos tomar las riendas de este asunto, sin melindres, con descaro, sin caer en la tentación de andar con rodeos; movilizando los instrumentos de los que todavía disponen para reducir esas ilegalidades. Para “ayudar” también a la solidaridad fiscal a aquellos que no encuentran por sí mismos el camino. Raros son los momentos en los que crisis económica y moral se entrelazan profundamente. Estamos en uno de ellos.

 Nicolas DEMORAND,  Libération, 10 septiembre

(Traducción de J. Aristu)

Anuncios