¿Podemos confiar en eso que se llama la izquierda para hacer una política de izquierda? (2)

La rendición de cuentas y el robustecimiento de la sociedad

Por Lorenzo CABRERA

Asamblea de Alcorcón. Foto Luis Fernández, en Flickr.com

¿Tiene la izquierda que rendir cuentas a su electorado de una manera especial? ¿Ha de establecer, no sólo con el mismo sino con la sociedad en su conjunto, una comunicación fluida y someter su política, más allá de las distintas convocatorias electorales,  a un refrendo popular, riguroso y constante? Es evidente que sí. La llamada izquierda ha de dar a conocer sus posiciones políticas, sociales, económicas, etc., ante hechos que se suceden a diario y publicitar las  propuestas que esté defendiendo en el Parlamento de España, en la Comunidad Autónoma o en cualquiera de los Ayuntamientos en que participa. No basta sólo con la mediación de la prensa u otros medios de comunicación social. Echamos de menos una voz informativa abierta, que recoja discrepancias y propuestas, que tome el pulso y les dé eco a las organizaciones de participación ciudadana. La izquierda habría de ser el alma de esa información sin búsqueda de rédito alguno, pues no se trata de rescatar los viejos y aburridos periódicos de partido, tan sesgados y partidistas, tan poco formativos. Valen blogs, páginas web y otros formatos informáticos, boletines o circulares de rápida propagación pero, sobre todo, el contacto directo. Hay que visitar asociaciones, clubes, entidades, asambleas, etc. Y explicar y explicar. Y recoger por escrito proposiciones y discrepancias, recabando el parecer y la crítica de quienes son convocados. No se acude a ellos para pontificar y adoctrinarlos. Claro que éste no es, no nos equivoquemos, un formato exclusivo de la izquierda. Está al alcance de cualquiera que desee ponerlo en práctica con fines electorales. De hecho, algunos candidatos de la derecha a Alcaldías lo han utilizado con éxito. Produce sonrojo que en tales casos los conservadores aparezcan como si fueran ellos quienes “han inventado” el puerta a puerta que la izquierda comunista empleó también en circunstancias muy complicadas y difíciles.

No es, pues, en este punto donde la izquierda puede establecer diferencias fundamentales con la derecha. Que ha de hacerlo y hacerlo bien es una condición imprescindible para formaciones que aspiran a representar a mayorías sociales como sujetos de transformación. Como lo es que fije entre sus prácticas políticas la de la rendición de cuentas ante el electorado, al que previamente ha debido hacer partícipe en la elaboración de sus programas. Pero, insistimos, esas prácticas no las posee la izquierda en exclusiva y de hecho se oyen, cada vez más, voces que hablan de aprobar protocolos de actuación de los partidos políticos en general para controlar la aplicación de los programas con los que concurren a las elecciones. La izquierda, sí, debiera ser la más firme defensora de la aplicación de esos protocolos pero lo que establece, sin duda, la singularidad capital de la izquierda (o de las fuerzas de progreso, de transformación) es su papel en la dinamización de la sociedad civil, en la profundización de la democracia. Se trata de un papel complejo y delicado, porque ha de colaborar con todas su fuerzas en el desarrollo y fortalecimiento de las asociaciones sociales más variadas, ayudándoles a constituirse en estructuras organizativas de participación y acción política e impulsando la regulación de referendos, plebiscitos, presupuestos participativos, consultas periódicas, etc., que complementen y enriquezcan los mecanismos ya existentes y necesarios de la democracia representativa. Sin obstruir ni menoscabar sus iniciativas, alentando pero no arrogándose sus planteamientos, respetando sus dinámicas de funcionamiento y sus propuestas.

 Hemos leído (Franci Xavier Muñoz, “La izquierda en reconstrucción”) que “las grandes organizaciones políticas y sindicales de la izquierda se han incorporado tarde a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación y, además, sólo las utilizan para estar presente en Internet y en las redes sociales, intentando evitar el olvido o la irrelevancia entre esa ciudadanía indignada que reclama otras vías y maneras de influir en política”. La observación es pertinente y tenemos claro que se avanza cada vez más en el uso de esas tecnologías, así pues la izquierda tiene que emplear y ayudar a poner en práctica con las asociaciones sociales antes mencionadas los mecanismos de información, consulta y participación por Internet. Se requieren dosis de imaginación, ganas de inventar y, sobre todo, receptividad ante quienes ya lo están intentando y conocen el medio. Pero no podemos olvidar tampoco que son muchos (y bastantes de entre quienes forman la base social de la izquierda) los que aún no dominan el uso de las nuevas tecnologías o carecen de los aparatos para poder usarlas. Y, sobre todo, que nada hace prescindible el contacto con la gente. Hablar y escuchar, explicar y recibir explicaciones (por Internet y cara a cara) tiene que estar entre las actividades permanentes de quienes se propongan un proyecto político para la transformación del sistema capitalista.

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