Crónicas grecianas (III)

Por Pedro Ángel JIMÉNEZ MANZORRO

Se vende [Foto del autor]

Las quimeras solo se hacen realidad cuando encuentran a alguien capaz de tomárselas en serio y eso precisamente aquí parece la mar de sencillo. (Te)Salónica cuenta con un importante puerto que ha visto cómo algunos hacían fortuna y a otros no les quedaba otra que partir a la aventura. Una de las ventajas de la globalización es que ahora no hay que viajar mucho para sentir las laceraciones de una larga travesía. No necesitas depositar tu confianza en un capitán sino  dejarte mecer suavemente por la marea del capital.

Nos cuentan que hace algunos años en (Te)Salónica la gente (impersonal) pedía al banco un crédito (personal) con el que compraba un apartamento distinto al que habitaba (una humilde garzoniera, justifica nuestro informante) con la idea de alquilarlo y usar la renta para pagar cada mes el crédito concedido; de esta forma sería el pobre inquilino quien le consiguiera poco a poco la propiedad del inmueble. ¡Estos griegos! ¿Cómo no se nos habrá ocurrido antes a nosotros? Al  parecer el problema radica en que hace algún tiempo a los supuestos inquilinos se los ha tragado el Leteo y la ciudad ha vomitado dos especies que ellos creen autóctonas: la de los apartamentos vacíos e impagados y la de los ciudadanos en apuros. No sabemos si será la única razón –nos tememos que no- pero esta capital muestra un monstruoso aspecto donde alternan edificios de distinta factura (seguro que alguna de ellas impagada) y solares abandonados, donde salta a la vista la ausencia de trazados urbanísticos y de servicios ciudadanos. Y trufándolo todo una miríada de comercios cerrados y abandonados entre los que destacan los de menor tamaño y aquellos que se nos antojan de carácter más tradicional. El rey Midas pasó por la ciudad pero en vez de ir tocando aquí y allá con su dedo de oro dejó escapar pesadamente algunas ventosidades.

Por otra parte, entre artículo y artículo para En Campo Abierto, que tan bien nos trata, entretenemos nuestra estancia asistiendo a clase de griego (moderno, of course) de donde proceden algunas de nuestras reflexiones. Usamos un libro de texto llamado Epikinoníste elliniká (que, como ya habrán adivinado significa ComuniCaos en griego) que por azar el que subscribe ya tenía y trajo consigo por aquello de aliviar la crisis. ¿Qué diferencias hay entre nuestra edición de 2009 y la de 2012, que usan nuestros compañeros? Los precios. Pero no los de los libros-en-sí, lo que no tendría enjundia, sino los de los diálogos, los de los ejemplos, los de las situaciones de comunicación (hoteles, tiendas y restaurantes). ¡Todo han subido, cuando menos, un 15%! Podemos suponer que cuando unos editores se preocupan de subir los precios de sus situaciones de comunicación, sin hacer ninguna otra revisión de importancia en su producto pedagógico, (sabiendo que todos los libros de texto del mundo, desde la Enciclopedia Álvarez hasta ahora, tiran a la baja), el asunto les resulta sintomático cuando no paradigmático. Los precios han subido más en la vida real que en la ficción pedagógica: la ropa y los zapatos se venden hasta en 24 cómodos plazos, el 23% grava cualquier consumo en bares o restaurantes, los comercios intentan atraer clientela con increíbles rebajas del 50% o 60%, y solo resisten el embate aquellos de marcas o cadenas reconocidas mientras que en las barriadas las pocas tiendas que han subsistido exponen un asco paciente de olor difunto en una ciudad bien conocida en las distintas épocas de su existencia por su carácter emprendedor.

Pero la ciudad vive. No podemos comparar su ambiente vital con el de épocas anteriores que no conocimos. Los recortes se suceden uno tras otro y cada relación nos lleva a las mismas conversaciones. La ciudadanía no se siente responsable de la situación y vive como Zeus le da a entender. Por aquí y por allá la gente pasea, discute y ríe. Fundan sus esperanzas en que el turismo eslavo, sobre todo el ruso, llene el vacío que dejan los visitantes europeos, temerosos de estallidos sociales, como los que conocimos recientemente en Atenas, y sobre todo, empobrecidos por la gran Madre Crisis que a todos afecta. Ni el sol ni las ruinas de la Historia son ya lo que eran. Otra diáspora va formándose con los más jóvenes, los más formados, los más aventureros. Ulises ya no va a saquear tierras lejanas sino, bien pertrechado de computers e idiomas, a rascar las migajas de la quimera europea. El resto se queda aquí paciente, con una sonrisa en la cara y un frappé en la mano, buscando culpables y la oportunidad de volver a cerrar los ojos para que les llegue de nuevo un sueño.

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