Crónicas grecianas (II)

Por Pedro Ángel JIMÉNEZ MANZORRO

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Tener el cerebro zocato tiene ataduras que son cadenas; una de ellas es no poder dejar de mirar a la izquierda con ilusión y con recelo a la derecha, lo que resulta relativamente útil para cruzar las calles con intenso tráfico rodado. Las tardes son peripatéticas en (Te)Salónica, seguramente desde que Aristóteles hollaba estos campos, a pesar de que el tiempo, el atmosférico, resulta extraño: sales a dar un paseo a la caída de la tarde con un calor que hace que defeques en tu propio ser y sin aviso alguno te sorprende una manta de agua, diríase enviada por el propio Zeus desde el vecino Monte Olimpo. Hemos indagado si los tesalonicenses tenían conocimiento de este fenómeno antes de la crisis; al parecer… sí, y desde siempre lo han llamado tormenta de verano.

Refugiados que estábamos de la que tocaba ayer, acertamos a ver un solitario cartel de KKE (Kommunistikó Kómma Elládas), el Partido Comunista Griego, de las últimas elecciones, en el que se advertía a la ciudadanía de que no se fiaran ni del PASOK ni de SÝRIZA. Se ve que los electores, si lo leyeron, lo entendieron solo a medias. En 2012 los griegos han celebrado (que ya es mucho celebrar) elecciones generales en dos meses seguidos (mayo y junio) cuya consecuencia última ha sido un gobierno de coalición del ganador de refilón (Nea Dimokratía, el partido conservador griego, 29.7%), del gran perdedor de las elecciones, (el PASOK, el partido socialista griego, 12.3%) y de un partido minoritario (DIMAR, Izquierda democrática, 6.3%). Su misión, aplicar la política de transformación económica, es decir, de restricciones sociales para permanecer en la Europa del euro. Nihil novum sub Sole. Pero de esto hablaremos otro día.

La sorpresa electoral que al mismo Zeus dejó con la boca abierta es la apoteosis de SÝRIZA (Synaspismós Ridsopastikís Aristerás, o lo que es lo mismo y ya habrán adivinado los lectores que hicieron griego en Bachillerato, Coalición de Izquierda Radical: 26.9%) que se ha situado a algo más de 150.000 votos del partido ganador, mientras que KKE se quedaba con el 4.5% tras perder la mitad del apoyo que consiguió un mes antes (8.5%). Bien, SÝRIZA… ¿Quiénes son? ¿De dónde vienen? ¿A dónde van? Se trata de un conglomerado que viene de diversas tradiciones de la izquierda nucleadas en torno a los restos de muchos naufragios que no fueron seducidos por otras sirenas distintas de las de un llamado espacio de diálogo: el antiguo partido eurocomunista, escisiones del KKE y del PASOK, ecologistas, maoístas, troskistas y personajes singulares de la izquierda como Manolis Glezos, el héroe de la resistencia griega que arrancó la esvástica de la Acrópolis en 1941.  En 2007 consiguieron el 5% de los votos y hoy son la primera fuerza de la oposición.

¿Cómo ha ocurrido? Su programa es un programa radical de izquierdas que pone sus principales objetivos en la regeneración de la vida pública, en la democratización del Estado -con la consiguiente revisión de la ley electoral- y en un programa tradicional de izquierdas: cargar la fiscalidad de los que más tienen y de las empresas, nacionalizar la banca y las empresas públicas, reducir el gasto militar, salida de la OTAN y cierre de las bases militares de EE.UU., desarrollo de las energías renovables, eliminación del copago sanitario… Un programa no muy diferente al que podía presentar la izquierda tradicional KKE, que además podría aportar un plus de compromiso tradicional con los trabajadores de empresas en crisis, por ejemplo… ¿Cuáles han sido entonces las diferencias?

Al menos, dos y muy importantes.

En primer lugar, estas han sido las elecciones de la redefinición de las relaciones de Grecia con la Unión Europea. Los griegos pagan el castigo de Sísifo, haciendo rodar una gran moneda de euro hasta la cima de Europa y cuando no han hecho más que acercarse a sus faldas (las de Europa, no las de Merkel, ¡pudendo rubor!) el monedón resbala rotundo y rueda hasta la base misma de la llanura para volver a empezar su ascenso al monte Calvario. SÝRIZA se mantuvo en una posición crítica (reformar el papel del BCE en la resolución de la crisis monetaria, renegociar el pago de la deuda e incluso suspender pagos hasta tiempos mejores) pero declaró que no abandonaría el euro. KKE, en cambio, hacía de la salida de la zona euro su principal apuesta económica. Y, a lo que se ve, a los griegos les gusta el euro; no en balde, perteneciendo a ese selecto club Grecia ha disfrutado de un miniestado de bienestar que ahora se está desmantelando con la velocidad de Aquiles, el de los pies ligeros. Es lo que tienen los mitos, que siempre te suenan a conocidos.

Por otro lado, en SYRIZA han logrado conectar con un sentimiento de regeneración de la vida pública por el carácter joven y dinámico de algunos de sus líderes (Aléxis Tsípras es su principal valedor) o el compromiso ético de otros como Manólis Glézos; han convencido a una parte importante del electorado de que podían acabar con los excesos de la Administración y con la corrupción política generada por  los partidos tradicionales que venían turnándose en el poder… desde siempre. KKE, por el contrario, soporta la leyenda negra de su pasado, aparece como una fuerza maximalista y sin cintura y, para más inri, en el imaginario común forma parte del mismo sistema político con el que quiere acabar, aunque sea como elemento aislado, crítico y contestatario. Es una criada respondona pero habita la misma casa.

En definitiva, SÝRIZA cuenta con un apoyo electoral que equilibra renovación y mantenimiento de un status quo europeo. Nos quedamos sin saber qué hubiera pasado si con un 2% más de los votos hubiera adelantado al partido conservador, hubiera recibido los 50 diputados extra (de un total de 300) que la ley electoral griega regala al ganador de las elecciones y hubiera decidido formar gobierno. Quizás Aléxis Tsípras dirige su mirada agradecida al cercano monte Olimpo para no cometer hybris. Y quizás mañana haya otra tormenta de verano. Ojalá no sea así.

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