Debate en la izquierda francesa, 3

Cómo buscar alianzas

Foto: Grégoire Lannoy

¿Qué traduce sus divergencias en lo que se refiere a la búsqueda de alianzas?

Jacques GÉNEREUX: Hay una diferencia de diagnóstico sobre la relación entre democracia y mercado. No puede haber un equilibrio entre una finalidad y un instrumento. Una parte de la izquierda europea ha sido víctima de una hábil y exitosa operación de propaganda y manipulación de las conciencias tendente a convencer acerca de la idea del mercado como una virtud en sí misma. El mercado no es sino un instrumento que funciona con la única condición de no ser libre. Es el resultado del análisis económico y de los hechos económicos. Vivimos en uno de los efectos de la perversión de los mercados libres. Cuanto más se han liberado los mercados en los últimos 30 años más ha caído el capitalismo dentro de una evolución funesta para el propio capitalismo. Necesitamos un mercado extremadamente regulado. Para que los empresarios puedan disponer de estrategias de inversión a largo plazo, de reflexiones estratégicas, es absolutamente necesario que estén a salvo de una excesiva competencia inmediata a corto plazo.

Dicho de otro modo, cuando hablamos de democracia y de mercado, distinguimos bien la jerarquía. Para que nuestras sociedades estén bien ordenadas necesitamos que estén bien controladas (reglas, leyes), que en la medida de lo posible sean concebidas para funcionar de acuerdo con el interés general. Por eso la democracia es un bien en sí mismo: tener sociedades en las que al final la soberanía del pueblo permite definir las leyes que se hacen en interés general, incluidas las leyes que organizan la economía y que no dan sino los grados de libertad útiles a la iniciativa humana y a la iniciativa económica eficaz manteniendo el conjunto de normas, convenciones y reglas que van a permitir sacar beneficio del mercado. Es un punto esencial. El mercado en sí no tiene ningún interés.

Confundir las inversiones de cartera, las inversiones financieras y las inversiones productivas es un error fatal. Si tomamos la iniciativa de gravar las inversiones de productos financieros, eso no entraña ninguna especie de impedimento a las inversiones directas de las empresas que desearían instalarse en Francia. Si para las políticas nacionales tomamos medidas dirigidas a gravar en realidad sólo el conjunto de las inversiones financieras, podemos deshacernos de la finanza depredadora de personas que nos dicen que vienen a salvar los empleos pero que de hecho vienen justamente para extraer el poco jugo que queda de subvenciones públicas en los territorios para luego abandonar el país. De golpe, se convertiría nuestro territorio aún más atractivo para los verdaderos empresarios. Estos sabrán que compiten en nuestro territorio con verdaderos empresarios, no con delincuentes. Es una diferencia analítica.

Lo que veo como diferencia de diagnóstico, a través del ejemplo griego, es que quizás no tenemos la misma percepción acerca de la amplitud y de la gravedad del combate entablado en Europa entre las fuerzas de la derecha y las de la izquierda. El ejemplo griego es evidentemente un laboratorio fundamental. Cuando se dice que si Siriza llega al poder ¿qué pasará? Sirirza, como los griegos, quieren permanecer en el euro. Pero no quieren el memorándum. Ellos ya no lo aplican. La respuesta de los europeos es: “si ustedes rechazan aplicar este memorándum ya no hay más ayuda europea”. Ahora bien, los griegos ya no pueden pedir prestado en los mercados. Los griegos sólo pueden financiar sus necesidades públicas, como ha dicho Alain Bergounioux, por el rearme fiscal del estado, lo cual es una necesidad pero que no se consigue en un día. Por eso se apunta la salida del euro pero que aparece más como una imposición de sus socios.

Es posible técnicamente, sin salir del euro, financiar las deudas públicas griegas por el Banco central griego. Sólo hace falta hacer una reforma legal y constitucional griega que dé un estatuto especial a el Banco central griego, el cual tendría la autorización de financiar directamente los bonos del tesoro griego, salvo que en ese momento, el Banco central europeo pueda considerar que el Banco central griego, al no practicar las reglas de la política monetaria de la zona euro, se ha colocado fuera del sistema. Tendríamos un euro-griego, cuyo cambio habría que negociar con los otros euros. Es una salida del euro que sería impuesto por el Banco central mientras que nada hay en los tratados que permita organizar la salida del euro por parte de un estado.

La izquierda europea se va a confrontar con este dilema. Tenemos un país al que, por habérsele llevado a una situación insoportable, no se le puede hacer creer que su pueblo va a salir de la miseria recortando el salario de sus funcionarios a la mitad. Y que eso va a ser aceptado. Si la izquierda acepta esto es que está capitulando ante sus compromisos. ¿Por qué los gobiernos de Europa no han querido entender que se podía hacer otra cosa distinta a la de la austeridad? Si el conjunto de los países europeos no se hubieran comprometido en las políticas del rigor y de la austeridad y si en lugar de tener el 0% de crecimiento tuviéramos un crecimiento moderado del 2% en Europa, hoy tendríamos en Francia 80.000 millones de euros menos en nuestro déficit. Todo el problema ligado a los déficits viene de las estrategias del rigor.

Los gobiernos se obstinan en esta política ya que existe una derecha conservadora, liberal, sostenida desgraciadamente por una parte de la socialdemocracia lobotomizada, que ha perdido toda referencia ideológica (el blairismo o la tercera vía) y que ya no está en una lógica de confrontación con esa derecha. Su proyecto consiste en instrumentalizar la crisis y la amenaza de catástrofes financieras para hacer creer al pueblo que vivimos por encima de nuestras posibilidades, que hay excesivos gastos públicos y que no se pueden hacer las cosas de otra manera que no sea sino practicando la gran purga. Lo que quieren es pasar de una Europa que al día de hoy tiene un estado con un peso de entre el 40% y el 55% del PIB, según los estados, a una situación americana donde no pase del 35% del PIB. O sea, un estado mínimo que se contente con sostener a la policía y la red de seguridad social mínima. Este es su modelo. No quieren que el estado invierta en educación y salud. De ahí la lógica: el Tratado de estabilidad (TSCG), el pacto presupuestario debe mantener un equilibrio estructural de los déficits, de los presupuestos en Europa. Quieren que todos los ámbitos que pertenecen a la competencia del estado (protección social) pasen al sector privado. He aquí la batalla que nos jugamos…

Si somos capaces de entender que estamos confrontados a una guerra, frente contra frente, entre gente que quiere destruir lo que es nuestra idea de Europa y una izquierda que no ha resistido suficientemente hasta aquí y que ahora debe resistir, entonces yo le garantizo que se pueden relativizar estas cuestiones: si no hay otros medios que esas rupturas unilaterales, aun de algunos pocos países,  ¿tenemos el derecho de no hacerlo? ¿Cuánto tiempo vamos a esperar? Es verdad que en lugar de uno, dos o tres, harían falta al menos 15 estados europeos listos a comprometerse por las tasas de las transacciones financieras. Y si no los tenemos ¿qué hacemos? Grecia no tiene 15 años por delante para decidir su futuro. Nosotros no tenemos ya tiempo para crear todos los compromisos. Si tenemos un solo aliado hay que hacerlo. Si no lo tenemos habrá que avanzar solos. Es el único medio de crear la correlación de fuerzas capaz de obligar a los otros a negociar.

Alain BERGOUNIOUX: Discrepo con Jacques Génereux acerca de la relación mercado-democracia. Hay dos legitimidades. No creo que la economía de mercado sea simplemente una pura técnica administrada. Por un lado está la legitimidad de la democracia donde los ciudadanos actúan juntos para influir en las economías y en las sociedades y en sus evoluciones negativas. La economía de mercado se basa en otra legitimidad: es un factor de innovaciones, de experimentaciones. No tengo ningún complejo en decir que participo de una parte del pensamiento liberal. La socialdemocracia ha hecho históricamente y mucho antes de la tercera vía la síntesis sobre este punto. A partir del momento en que no nos damos cuenta de la doble legitimidad podemos volver a entrar en una lógica que tiene sus límites en la realidad.

Y la realidad ha mostrado que fuera de algunos periodos de industrialización o de liberación de un país, como en 1945, las cosas se encasquillan y los estados no pueden administrar de forma duradera una economía moderna y competitiva puesto que existen intereses sociales. Las necesidades de la población al final de un cierto tiempo corren el riesgo de ser ignoradas. Fijémonos en lo que pasa en China: los comunistas chinos, “los camaradas chinos” que algunos aprecian mucho, han comprendido que, a su manera dictatorial y dura para la población, hacía falta una economía de mercado para que China pudiera desarrollarse. Esto les ha creado problemas ya que el mercado crea desigualdades y crisis. Es un punto importante ya que de ahí se sacan las consecuencias para la relación privado-público, el tipo de organización y la manera de hacer funcionar un mercado, para evitar los monopolios. Estamos pues ante aspecto doctrinal que tiene muchas consecuencias. Si se piensa de forma diferente no se tiene el mismo diagnóstico. Estamos en la raíz de las divergencias.

Si volvemos al ejemplo griego, hay efectivamente una urgencia. Pero si seguimos con la hipótesis de que Siriza hubiera ganado, hay que hacer entender a los otros europeos que ¡no estamos ante un asunto de tres meses sino que hay cosas que se deben hacer inmediatamente! Siriza no puede anunciar el fin de la política de austeridad social sin plantearse la cuestión de los recursos. ¿Dónde están los recursos? No sólo la fiscalidad, puesto que Siriza no puede basarse únicamente sobre el estado-patrón. No se puede continuar sosteniendo un estado impotente que vive del crédito. Los líderes de Siriza deberían decir a los europeos: éstos son los recursos que disponemos para los próximos 5-10 años y esto es lo que vamos a hacer para la economía de empresas productivas, para la inversión productiva y la economía de mercado así como para terminar con la economía corroída por los corporativismos y los clientelismos. Es una opción política.

Hay una verdadera batalla en Europa. La batalla política a la que estamos acostumbrados en Europa es la ideológica entre la derecha y la izquierda, con una forma de ideología tocada pero que permanece neo-liberal, apoyada en determinados intereses y por eso, aun con límites, como decía Jacques Génereux, el Partido socialista francés había rechazado la tercera vía. La proposición que ha tenido más influencia en Europa (Escandinavia, Alemania, Italia y una franja del PSF) reposa sobre la idea de que ya no hay equilibrio entre democracia y mercado. Hay que partir del mercado, de la globalización liberal, y lo que debería hacer el socialismo es ir al fondo, dotar a los individuos para ser competitivos en el mercado. No se puede decir que la tercera vía no ha tenido un balance social pero es verdad que olvidó un punto fundamental: si se pierde de vista lo colectivo ¡no es ya socialismo, es otra cosa! Sería un partido demócrata fuerte y respetable. Se ve bien por tanto dónde están nuestras divergencias.

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Traducido por Javier Aristu

Lea el documento original en Le Monde.

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