Debate en la izquierda francesa, 1

El sentido de la victoria del 6 de mayo

Foto: Grégoire Lannoy

El pasado 6 de mayo fue elegido Presidente de Francia François Hollande. Posteriormente, en junio, el Partido Socialista ha obtenido la mayoría absoluta de la Asamblea nacional. Tras estos dos hechos, presentamos al lector un debate en cuatro partes desarrollado en el periódico LE MONDE entre dos representantes de la izquierda francesa: Alain BERGOUNIOUX, del PSF, y Jacques GÉNÉREUX, representante del Partido de Izquierda (PG).

¿Cuál es el sentio de la victoria del 6 de mayo? ¿Una victoria del antisarkozismo o las premisas de una renovación del socialismo democrático y quizás de Europa?

Alain BERGOUNIOUX: La victoria del 6 de mayo debe situarse en una perspectiva  más amplia que la de Francia. Había a un adversario: las debilidades, las contradicciones y los excesos de la política de Nicolas Sarkozy y de la derecha que ha gobernado durante diez años. Pero eso no se reduce al antisarkozysmo. Había también una determinada coherencia en las propuestas de François Hollande: teniendo en cuenta la gravedad del momento, los desgarrones de la sociedad francesa, proponer una rectificación a la vez económica y política.

Dicho esto, no hay que deducir de manera ligera que todo eso vale para el conjunto de la sociedad europea. Estamos ante una paradoja. La izquierda (socialista, socialdemócrata o laborista) es minoritaria en Europa. Estamos todavía en una fase defensiva como se decía en la época de la II y la III Internacional. A pesar de la importante crisis del capitalismo financiero que conocemos ya desde 2008, no aparece todavía una alternativa clara en Europa. Se pueden ganar elecciones pero eso no quiere decir que estemos en el camino de la renovación. El gran reto es saber si podemos proyectar una alternativa que reequilibre a la vez las relaciones entre capital y trabajo, mercado y Estado, sindicatos y patronal. Si esta tarea es compleja lo es sobre todo porque necesitamos pensar a escala europea y a nivel internacional. No estamos ya en 1936 ó en 1981. Reencontrar hoy las capacidades de acción del poder público en sentido general pasa por los tres niveles (nacional, europeo, internacional). No se puede pensar en una verdadera alternativa sin un reequilibrio de las citadas relaciones. De ahí la paradoja: victoria importante que crea responsabilidades y, al mismo tiempo, tenemos que seguir trabajando puesto que una alternativa al neoliberalismo, que no está muerto, es el gran reto de hoy día.

Jacques GÉNÉREUX: La victoria del 6 de mayo es “normal”, de acuerdo con la imagen que quiere proyectar el presidente Hollande, y “paradójica”, como ha dicho Alain Bergounioux. “Normal”, puesto que en ningún momento aparecía como ganador en las encuestas el presidente saliente. Hemos tenido una derecha anormal si miramos la historia francesa. Hemos tenido una nueva derecha que ha roto con la derecha gaullista[1]. Es la derecha del dinero, del capital, de la ideología individualista e idiota. Una derecha que no se ha contentado con flirtear con las tesis de la extrema derecha sino que se ha convertido en su portavoz. En resumen, una derecha que se ha convertido en detestable para una buena parte de la población, incluso de aquellas personas que jamás habían votado a la izquierda. En ese contexto, cualquier candidato que hubiera ganado la primera vuelta de las presidenciales habría ganado a Sarkozy. El fenómeno del sarkozysmo rebasa a la propia persona del presidente saliente. Estamos en un momento político en el que el ascenso de esta derecha dura, reaccionaria, conservadora, resuelta a romper con todos los compromisos políticos anteriores, no ha finalmente triunfado en la sociedad.

“Paradójica”, ya que ¿por qué esta derecha que sabe que ha desarrollado una acción detestable, ante estas opiniones no cambia de política? La clave de esta paradoja se encuentra en la misma paradoja de la elección de François Hollande o de la victoria de los conservadores en Grecia. Puesto que en el momento en que se percibe que las estrategias desarrolladas en los países en crisis son ineficaces, que nos muestran el demonio del nacionalismo, no son los líderes que encarnan una ruptura con esas estrategias los que están en condiciones de ganar las elecciones. He aquí la paradoja. Los electores, en lugar de andar a la búsqueda reflexiva y consciente de una alternativa al sistema en el que están, y después de una presidencia alucinante de brutalidad y de violencia, han expresado su aspiración a volver a una base de seguridad, a contar con gente normal en sus comportamientos, que tengan posiciones equilibradas, que no van a poner todo patas arriba.

Excepto en el final de campaña, François Hollande no se ha confundido sobre al menos un asunto: para él, la posibilidad de gestionar una política radicalmente diferente a lo que se hace en Europa no vendrá sino después de haber comenzado a restablecer un  cierto equilibrio en las cuentas. No ha ocultado que una de las  claves de su política era que el esfuerzo de rigor que se le pide a los europeos es una etapa necesaria para ir hacia otras políticas. François Hollande no se sitúa en una lógica de ruptura real con la estrategia que están llevando a cabo los gobiernos europeos.

En su relación con Grecia, no ha manifestado en ningún momento su apoyo a las fuerzas de izquierda que rechazaban el memorándum (plan de austeridad) salvaje impuesto a los griegos. Ha recordado que había que ayudar a los griegos y favorecer la puesta en marcha de planes de relanzamiento en Grecia a condición de que los griegos respetasen sus compromisos. François Hollande no se ha situado en la lógica del Frente de la Izquierda para el que no hay que renegociar el famoso TSCG (Tratado sobre la Estabilidad, la Coordinación y la Gobernancia), que impone la regla de oro[2], ni nada parecido. Sin embargo, se ve el resultado electoral: Jean-Luc Mélenchon alcanza un poco menos del 12% en la primera vuelta, que cae al 6% en las legislativas.

Parece que para que las políticas que visualizan una voluntad de ruptura más radical con las estrategias del rigor en Europa produzcan efecto entre las cúspides de las fuerzas políticas de gobierno tendría el país que estar en una situación tan catastrófica como la de Grecia. En Atenas, Siriza se ha convertido en la segunda fuerza y ha estado a poco de formar un gobierno de izquierda. Además, más de la mitad de los electores están en contra del Memorándum. Francia y otros países son estados tan ricos y respetuosos con los lazos sociales y la solidaridad heredados de nuestro pasado que pueden, a pesar de las brutalidades de las políticas de rigor, endurecer más aún las medidas insoportables antes de que pueda configurarse un movimiento electoral fuerte a favor de una verdadera política de ruptura.

Ir al siguiente artículo de la serie.

  • [1] Se refiere al movimiento político impulsado y dirigido por Charles De Gaulle a lo largo de los años que van desde 1958 a 2002 con diferentes siglas.
  • [2] Se trata de incluir en las Constituciones de cada miembro de la UE una norma que limite el déficit estructural anual de las administraciones públicas. España lo aprobó en la famosa reforma constitucional express en el verano de 2011.

Siguiente artículo de la serie

———

Traducción de Javier Aristu

Puede leer el texto original en francés en: Le Monde

Ir al siguiente artículo de la serie