¿Convicción, recomendación, obligación? Despotismo.

Por José GARCÍA GARCÍA

Cercano a los tres años de explosión de la crisis en Grecia, cuyas consecuencias se arrastran desde entonces, no viene mal recordar lo que ya muchos alertábamos sobre el suceso y la necesidad de tomarnos en serio aquella situación. Apuntábamos que con escepticismo podríamos mirar hacia otro lado, mientras los especuladores que convertían al mundo en un autentico casino, que no tenían ni tienen el más mínimo escrúpulo en apostar contra la solvencia o credibilidad de un país sin importarles que ello deje a millones de trabajadores sin su puesto de trabajo y que millones de familias pierdan sus hogares o que muchos ciudadanos y ciudadanas queden en el umbral de la pobreza, es decir, los tahúres de la miseria surgían poderosos y ganaban cifras millonarias.

Mientras tanto aquí  los partidos mayoritarios con “responsabilidad” de gobierno enfrascados (léase a cuento de corruptelas, insultos, descalificaciones o comentarios) en un rifirrafe de enojos forzados y sonrisas complacientes, se limitaban a repetir que “no somos Grecia” mostrando uno, Rodríguez Zapatero, su inutilidad como gobernante, y otro, Rajoy, su banal e irresponsable política de oposición, basada en hacer causa al gobierno socialista de cuantos males nos llegaban.

La crisis griega hizo saltar todas las alarmas. Por su difusión y su extrapolación a otros paísesdebería haber exigido una respuesta ejemplar por parte de la UE. Sin embargo, lo que se puso de manifiesto fue la falta de cohesión en el seno de la UE, dando paso  a la incertidumbre y a que los mercados continuaran manipulando con hostilidad la crisis griega y con ello el asedio especulativo al euro. Estábamos ante una prueba de fuego para el euro. El por aquel entonces recién elegido Presidente griego Papandreu aludió al daño que la inacción europea provocaría “…convirtiendo a Grecia en un laboratorio animal en medio de la batalla entre Europa y los mercados.”

Pues bien, aquellas tempestades dejaron éstos lodos, cayó el Gobierno de Rodríguez Zapatero tras la derrota electoral de noviembre de 2011, El PP con Rajoy al frente se alzó con la mayoría absoluta en ambas cámaras y a pesar de ello hoy sufrimos el mayor ataque especulativo sobre la deuda pública y nuestra economía está intervenida de hecho, por mucho que lo nieguen el conjunto del Gobierno y el PP al completo. Ahora, dicen, todo es culpa de la herencia socialista y del euro.

Ante estas circunstancias cabría preguntarse: ¿Cuál es el objeto que impulsa al Gobierno del PP a imponer sus políticas de reformas, ajustes o recortes? ¿Es convicción, recomendación u obligación? o ¿son las tres al mismo tiempo? El ministro De Guindos empezó diciendo que actuaban por convicción y en los últimos días Montoro, el de Hacienda, justificaba la subida del IVA dentro del conjunto de medidas de recortes decretadas por el Gobierno, con esta curiosa disyuntiva: porque nos obligan las recomendaciones de la UE.”

Eso sí, todas y cada una de las medidas adoptadas son “necesarias e imprescindibles” aunque, como no podría ser de otra forma, “lo hacen pensando en todos nosotros y en el futuro de nuestros hijos” –según Carlos Floriano- por lo “que no tienen que avergonzarse de nada que no defienden intereses particulares de nadie y que trabajan para todos”, “hacemos lo que tenemos que hacer” -dice Rajoy- aunque el argumento que define su actuación con claridad no dejándose llevar por lo “fácil” o moda alguna es del expresidente Aznar (desde su Oráculo FAES): “Nos ha guiado la verdad y el deseo de que a nuestro país le vaya bien.”

Y es que tal como desarrolla el profesor Kenneth Galbraith en su ensayo “La economía del fraude inocente” los grandes sistemas económicos y políticos cultivan su propia versión de la verdad de acuerdo con las presiones monetarias o económicas y las modas políticas de la época. No sabría si todos los involucrados en el actual sistema económico-financiero o que defienden sus postulados son plenamente conscientes de cómo han conformado sus opiniones, que no son consecuencia de alguien en particular ni de grupo alguno, sino que es algo sobrevenido de lo natural. “La vida es así”, nos repite Montoro en sus argumentos.

Esto es como la propia definición que nos dan del sistema de mercado, en el que no existen ni individuos ni grupos que ostenten el poder, no hay empresas dominantes ni existen concepciones de izquierdas o derechas, no han existido ni Marx ni Engels como pensamiento económico, todo es impersonal, lo que del sistema de mercado se derive es lo que es y no hay otra alternativa.

No queremos más políticas paternalistas. Si somos mayores e inteligentes cuando en unas elecciones concedemos mayoría a una opción política también lo somos para que se nos consulte cuando esta aplica políticas que no estaban en su programa electoral pues de lo contrario se estará cometiendo un fraude democrático. No nos consideren inferiores en el entendimiento, informen, cuenten la verdad.

Acabemos con la falacia de que no podemos gastar más de lo que ingresamos, porque el balance negativo que se presenta entre ingresos y gastos del Estado muestra la debilidad de la estructura fiscal en España, exijamos la generación de suficientes recursos públicos, concretando medidas efectivas contra el fraude fiscal y si fuera necesario impuestos extraordinarios que graven las grandes fortunas y los movimientos especulativos, acabando con los paraísos fiscales. No debemos renunciar a una mejor distribución de las riquezas y a una mayor igualdad.

Hoy saltaban dos noticias, que aunque sabidas no dejan de tener relevancia: el sindicato GEHSTA de los técnicos de Hacienda denunciaban que el 71% del fraude fiscal lo cometen las grandes fortunas, las grandes corporaciones y la banca. Acabar con este fraude supone recaudar 44.000 millones de euros. Por otro lado el diario alemán Süddeutsche Zeitung publicaba que en la UE con el 40% de las fortunas de los ciudadanos más adinerados se podría pagar pagar la totalidad de la deuda que acumulan los Estados que comparten el euro.

Así pues ¿cual es el objeto que guía al Gobierno en sus políticas? ¿convicción, recomendación, obligación? ¿o quizás sea despotismo? En cualquier caso creamos en lo que dice Martin Schultz Presidente del Parlamento Europeo, “Si luchas por tus derechos habrá esperanza”.

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