Tres reflexiones para antes del verano

Por Javier ARISTU

    1. Europa. ¿Una cumbre europea más o asistimos a un cambio en el poder de esas cumbres? El viernes 29 de junio se anuncia que ha habido acuerdos en la cumbre europea tras “el bloqueo o veto” de Italia y España al plan de crecimiento propuesto inicialmente por Francia. Parte de la prensa habla de derrota de Merkel y de sus tesis. Otras lecturas [ver Il Manifesto] nos dicen lo contrario con las propias palabras de la canciller alemana: “Hemos realizado algo importante pero permanecemos fieles a nuestra filosofía: ninguna prestación sin contrapartida. Seguimos en el anterior esquema: prestación, contrapartida, condicionalidad y control”.  Mario Draghi, presidente del BCE se muestra “muy satisfecho” del acuerdo. Algunos hablan del “adiós a Merkozy”. Otros comentan que el anunciado Pacto por el crecimiento es en realidad una ilusión: Una gota en el océano, una intervención cercana al 1% del PIB europeo que no cambiará la situación mientras la recesión amenaza a toda la eurozona. Mientras, en los últimos meses la banca ha recibido unos 450.000 millones de euros, cifra cercana al 34% del PIB europeo. La banca sigue siendo el monotema de las cumbres y de los Ecofin mientras el principal problema social de Europa es su desempleo creciente y constante. Y nada cambia respecto de Grecia: continúan los brutales planes de empobrecimiento de ese país. En conclusión: algo se han modificado las correlaciones de fuerza europeas pero siguen firmes los vectores profundos de la intervención europea ante la crisis, esto es, más dinero para ayudar a que la banca no se hunda en su mar de deudas –dinero que tendrá que ser controlado estrictamente por el BCE y por Alemania-  pero poca acción ante el paro de millones de europeos.

  1. España. El PSOE apoya la posición del gobierno español en Europa. Rubalcaba lo explicita en el pleno del Congreso y sale a la opinión pública a defender el acuerdo de Bruselas del pasado viernes 28. Las dudas sobre esta política nos impulsan a expresar cierta inquietud sobre el papel de la oposición socialista en la política española. ¿Vale cualquier apoyo porque se trata de salvar el llamado sistema financiero español, es decir, las hundidas cajas de ahorro, Bankia, Banco de Valencia y otros? ¿Es posible en esta situación de profundas divergencias de estrategias en Europa alcanzar un consenso con el PP acerca del llamado “rescate” o “línea de crédito”? ¿No es precisamente en la política europea –la gran estrategia europea- donde deberían mostrarse las líneas de desacuerdo entre la izquierda y la derecha? Seguramente será ya necesario desenmascarar la metáfora de una “construcción europea” aséptica y técnica y empezar a hablar de una diversidad de estrategias de base para construir precisamente la Europa del mañana: o una Europa basada en unos mercados financieros irracionales y caóticos –además de consecuencias sociales devastadoras- o una Europa basada en la cohesión social y el reparto de cargas de forma equitativa. Y en ese debate a lo mejor no valen tanto las disposiciones nacionales sino las correlaciones sociales. Por eso es fundamental seguir insistiendo en reforzar las agregaciones transversales entre sindicatos y partidos de izquierda de todo el ámbito europeo.
  2. Andalucía. Los médicos, los científicos, los profesores de la pública, las pequeñas y medianas empresas… estos son los sectores y grupos sociales que en este momento reciben mejor opinión por parte de los españoles (El País 1 de julio). Una auténtica paradoja que los sectores que están siendo más castigados por los presupuestos públicos –cuestión aparte es el desempleo que afecta a toda la sociedad- sean aquellos que reciben el aprecio del conjunto de la sociedad. Esto se llama cargarse poco a poco el estado de bienestar y las bases de una sociedad futura justa y equitativa –además de sana y bien formada. Y esos presupuestos se confeccionan no sólo en Madrid sino también en Sevilla. El presupuesto de la Junta de Andalucía aprobado por las dos fuerzas de izquierda coaligadas implican en algunos casos recortes y mutilaciones muy importantes en las llamadas “políticas sociales”. El presidente Griñán nos habla de que “tiene que tomar decisiones por imperativo legal” aludiendo de esa forma a los recortes que ha debido hacer en políticas de personal, educación y salud. Gobernar es actuar con realismo y también proponer con audacia y valentía medidas que supongan a veces cambiar el ritmo y la marcha de las cosas rutinarias. No le pedimos, por tanto, que nos justifique sus medidas en clave de “la culpa es de Madrid que me impone estas medidas”; al contrario, creemos que debería por un lado establecer una activa pedagogía social capaz de explicar a la gente que es preciso acometer nuevas acciones en esta situación de crisis económica y fiscal global –la crisis es para todos los ciudadanos-  y que eso supone seguramente esfuerzos y sacrificios pero a cambio se les debe dejar perfectamente claro que esas líneas rojas del estado de bienestar de las que se hablan no podrán ser traspasadas. Y tiene una ocasión de oro en la política educativa: un amplio capítulo del presupuesto andaluz se va en conciertos educativos con empresas privadas, fundamentalmente de la iglesia. Tal modelo educativo ha ido profundizando en los últimos años la brecha y separación social entre andaluces. Es un dinero mal repartido porque se les da igual a quienes no son iguales. ¿Por qué no pensar un poco en cómo hacer partícipe a los padres de los alumnos escolarizados en centros privados concertados  en el costo de la educación? Si se trata de que todos por igual paguemos las medicinas ¿por qué no aplicamos el copago a la enseñanza concertada y repartimos de esa manera mejor las cargas sociales? Seguro que si la consejera de Educación piensa en ello alguna idea solidaria saldrá de ese proceso de pensamiento que puede hacer que el estado de bienestar sea en Andalucía más justo.