Paralelismos y ausencias inquietantes

Por Pedro E. GARCÍA BALLESTEROS

Foto: FAPAR

Es evidente la existencia de los mismos planes de ajustes y recortes sea cual sea el signo político del gobierno de turno: aumento de impuestos e inmediatos y grandes recortes de la masa salarial de los funcionarios, los cuales en su mayoría pertenecen a la educación o la sanidad. Pero lo que me gustaría comentar no es tanto esos hechos evidentes y palpables sino los discursos usados para su justificación, la retórica política. Hasta ahora, los hechos se iban identificando cada vez más, eran similares pero al menos los discursos pretendían diferenciarse. Creo que es inquietante que hasta los discursos comiencen a parecerse, a tener paralelismos evidentes. Esperanza Aguirre (o la cólera de Dios del Tea Party hispano) anunciaba sus recortes como solidarios, es decir, los funcionarios madrileños debían aceptar sus recortes de sueldos porque de esta forma se evitaba el despido de miles de interinos. Nuestra Consejera de Economía andaluza, antes y después de no negociar absolutamente nada con los sindicatos, los presentaba como injustos pero también apelaba a la solidaridad para no despedir a trabajadores de la función pública. Exactamente, el mismo discurso retórico desde supuestos polos ideológicos opuestos. Por otro lado, todos dicen que hacen lo que no quieren hacer, lo que por supuesto ni estaba en sus programas de hace pocos meses ni les gusta hacer. Lo hacen OBLIGADOS. Rajoy por Bruselas y Griñán por Rajoy. Se les podría responder a los dos las recientes palabras de Cándido Méndez (aunque éste sólo las dirige a uno de los dos): Esto es un fraude democrático de primera magnitud y el incumplimiento absoluto de los programas obligaría a hacer consultas democráticas a las ciudadanía (en España y Andalucía, digo yo). Además, nadie debe estar obligado en política, se presentan voluntariamente y permanecen voluntariamente. Si tanto le “repugna” a la Sra. Aguayo las medidas que adopta (en un principio dijo que los 777 millones de euros de reducción a los funcionarios andaluces “iban a misa”), tiene una solución fácil y limpia para su conciencia y para mandar sus medidas a otro sitio que no sea la misa. Lo mismo podemos decir para Griñán y Rajoy. Lo que ocurre es que al mismo discurso, suele acompañar, tarde o temprano, los mismos comportamientos. Paralelismos inquietantes.

Abrió esperanzas la incorporación de Izquierda Unida al Gobierno andaluz. Se ofrecía un modo distinto de afrontar la crisis, con sensibilidad social y de izquierdas. La educación es un magnífico termómetro de esos supuestos cambios. Las políticas educativas son políticas sociales de largo alcance y, si no lo son, se quedan en meras políticas de propaganda y control burocrático del sistema. Pues bien, transcurridos tres meses desde las elecciones, desde el campo de la educación lo único que podemos constatar es LA AUSENCIA ABSOLUTA DEL MENOR CAMBIO DE POLÍTICA EDUCATIVA. La continuidad del discurso: mezcla de gestión empresarial de la escuela, control burocrático y desconfianza del profesorado y doble lenguaje acorde con la doble o triple red de escolarización que padecemos. Ahí está, para confirmarlo, el mantenimiento del programa de Calidad y Mejora, reconocido como inútil para mejorar los resultados escolares por todo el profesorado, o la Agencia de Evaluación, desactivada en muchas CCAA, frente a la asunción casi alborozada del aumento de ratio u horas lectivas del profesorado. Al mismo discurso, casi las mismas personas: Mar Moreno repite en educación y parece que repite en la bicefalia de alguien que le lleve la Consejería hacia dentro como siempre (la permanencia de un Viceconsejero que lleva varios consejeros a sus espaldas es la garantía de un continuismo absoluto en los fondos y las formas) y la dedicación de ella a la política de partido. En suma, el menor signo de cambio en educación.

¿Por qué ha renunciado Izquierda Unida a cambios en la política educativa cuando hay razones sobradas para cambiarla? Debemos encontrar respuestas a esta pregunta porque, en caso contrario, nos llevaría a pensar que el resto de izquierda política que nos queda asume como propia la gestión política de la educación andaluza que se ha hecho hasta ahora. Lo que hasta ahora es una ausencia inquietante se convertiría en una certeza descorazonadora y de consecuencias de largo alcance.

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